Era una calurosa mañana de verano, mis vacaciones estaban próximas,pero aún me quedaba una semana más de trabajo. Me levanté y me fuidirecta a la ducha, sentía como el agua helada recorría mi piel, bajabapor mis pechos, humedecía mi vello. Ese frescor me aliviaba, cómo eraposible que hiciera tanto calor!!
No apetecía vestirse demasiado, si hubiera sido por mi, habría salidodesnuda a la calle. Me puse una camiseta de tirantes finos y una faldacorta, me calcé mis sandalias y salí a la calle sin ropa interior, seiba más a gusto. Tenía que coger el bus y llegaba tarde, lo iba aperder si no me daba prisa, así que tuve que dar una pequeña carrerahasta la parada. Mis pechos se movían al compás de mis pasos, la faldadejaba entrever mis piernas. Algunos hombres se quedaron mirando mistetas mientras se movían, eso me gustaba, y porque no decirlo, tambiénme excitaba.
Subí al bus totalmente acalorada, me sentía deseada por algunos de lospasajeros y me empecé a mojar, esta el bus hasta los topes, no cabía unalfiler. Me puse donde pude, estaba de pié, entre un montón de gente,tenía una de mis caderas apoyada en un asiento, para no perder elequilibrio. El autobús inició su viaje, estaba rodeada de hombres, meexcitaba.
De pronto empecé a sentir una mano en una de mis nalgas, me quedéparada, inmóvil, sorprendida. No sabía que hacer, si irme a otro sito(practicamente imposible) o si llamarle la atención, opté por quedarmecallada, pero empecé a sentir como la mano iba bajando, poco a poco ytocaba la parte interior de mis muslos. Apreté con fuerza la barra delbus, mi respiración se aceleraba, mi corazón palpitaba con fuerza.
El desconocido empezó a subir su mano lentamente y empezó a tocarme el culo por debajo de la falda y yo sin ropa interior!!
Estaba indefensa. Sentí como su mano bajaba despacito, con cuidado yquería tocar los labios de mi chochito, puse un poco el culo en pompa,me estaba volviendo loca, separé despacito mis piernas y sentí como sumano me sobaba entera, le estaba poniendo la mano perdida con misfluidos!! El no hacía más que sobarme de adelante a atrás.
Hasta que sus dedos se pararon en mi clítoris, mi respiración estabasuper acelerada, mi corazón bombeaba con fuerza. Sentía que me iba adesmayar del placer!!! Jadeaba despacito, no quería que medescubrieran.
Sentí como un dedo se introducía en mi, apreté con fuerza la barra,cogí aire y empecé a sentir un placer como el que no había sentidonunca. El desconocido era muy hábil con los dedos, con la misma mano metocaba el clítoris e introducía un dedo. La cadencia de los movimientosse aceleraba, yo me estremecía, el temor a ser descubierta era aún másexcitante.
Hasta que un escalofrío recorrió mi cuerpo, se me puso la piel degallina, cerré los ojos, me mordí el labio y sentía como un orgasmo mellegaba, no pude evitar mover mi pelvis al compás de sus movimientos.
El desconocido cesó en sus movimientos, el bus se paró, era mi parada,baje como pude aún aturdida. Mientras recorría los pocos metros hastallegar a la oficina, pensaba en lo sucedido y no me lo podía creer.
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Desperté yo primero. Estaba en la habitación de mi novia, sábado por lamañana, ella dormía a mi lado. Mucha luz se filtraba por los resquiciosde la persiana rota, que no bajaba del todo, y ambos habíamos dormidoen dos camas de 1 plaza, que juntamos para poder dormir untos. Meacerqué a ella y la desperté entre mimos. Debido al trabajo y alestudio, no nos habíamos visto en toda la semana, y aunque la nocheanterior ya habíamos follado, yo estaba realmente muy caliente.Mientras se despertaba yo le hablaba, y le contaba algunas cosas que mehabían pasado, y que por teléfono no había tenido tiempo de contarle.
Al rato estaba yo desnudo encima de ella, que tenía un hermosocomisoncito azul, pero ella me dijo que no podía follar. Le dolía elcoño, pues la tenía sensible por ciertos óvulos que le había dado laginecóloga, agravada la situación por el polvo de la noche anterior;pero me dijo que igualmente podíamos hacer algo alternativo. Yaestabamos habituados, varios años de noviazgo hacen que, ante la faltade preservativos, por ejemplo, recurriéramos al sexo oral. Pero en estaocasión los óvulos que ella se ponía hacían de su coño un terreno algofangoso, por lo que la idea de chupársela no me sedujo. Le bajé losbreteles, descubriendo sus tetas muy hinchadas por una próximaindisposición, grandes y hermosas, y se la comencé a chupar. Le pedíque se saque la tanga, y dejó al descubierto su coñito depilada, contan sólo un mechón de pelitos castaños en su pubis. Puse un dedo sobresu coño, masajeando con suavidad el clítoris, sin dejar de chupar lospezones que ya estaban duros, durísimos. Al cabo de unos minutos, entregemidos entrecortados —para evitar que su familia nos escuchara— llegóel orgasmo, que se sintió llegar a medida que yo iba presionando cadavez mas firmemente el botón mágico de su coñito.
Después de dejarla descansar unos minutos, me puse sobre ella, poniendomi polla sobre sus tetas, pajeándome con una mano y tocándoselas con laotra. Ella ponía sus brazos bien pegados al cuerpo, apretando sus tetascomo si fueran globos. Luego la hice darse vuelta, y sin dejar depajearme le metí un dedo en el culo, apenas la primer falange de midedo meñique, pero me exitaba muchísimo. esto duró poco , la hiceponerse nuevamente boca arriba, y le acerqué mi polla a los labios paraque me la chupara un poquito. Cuando sentí que estaba por acabar, mecorrí derramando mi semen sobre sus tetas. A ella le gusta sentir mileche caliente sobre sus pechos, y a mí me gusta darle el gusto. Lalimpié con un pañuelo de papel, y me acosté a su lado para descansar unpoco y conversar. Un rato después nos fuimos a bañar —por separado,claro, estábamos en casa de su familia— y ya limpitos y frescos bajamosa desayunar en companía de su madre.
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Hacían muchos días que mi marido me andaba amenazando con una agradable sorpresa para mi cumpleaños. Yo andaba intrigadísima, y la verdad es que no sospechaba lo que me esperaba. Finalmente llegó el ansiado día, mi marido me dijo que tendríamos que mandar a los chicos donde mi hermana pues quería que en la casa quedáramos solo los dos. Hicimos todos los arreglos de manera que permaneciéramos los dos en nuestra intimidad, yo avizoraba una noche llena de pasión y sexo. Y eso era lo que más deseaba.
Mi marido había preparado la sala de la casa muy bien, había una cubeta de hielo con champaña y cuatro copas. Cuando le pregunté por que tantas copas, me dijo que tuviera paciencia. Empecé a sospechar algo raro, pero no dije nada. Empezamos a beber y a bailar con una música muy romántica que él había elegido. Nos empezamos a excitar, pero él se mantenía calmado. Al poco tiempo, sonó el timbre, mi marido fue a abrir la puerta y entraron a la casa dos jóvenes que llevaban unos maletines consigo.
Mi marido me los presentó y me dijo que eran strippers y que habían venido para que yo disfrutara de un espectáculo sensual. Me fijé en ellos, eran muy simpáticos, especialmente uno que dijo llamarse Jorge, alto, morocho y de buena complexión; el otro, Gabriel, también era lindo, mas clarito y más bajito que su compañero, pero también tenía un lindo cuerpo como el que los muchachos jóvenes deberían tener. Sus edades oscilarían entre los 25 y 28 años. Se sentaron a platicar y compartir el champaña con nosotros, notaba que ambos me miraban pero se portaban muy educados conmigo. Yo estaba un poco incómoda pero emocionada por lo que sabía se venía. Pronto estaría viendo a estos muchachos bailar y desnudarse para mí. Me intrigaba saber como serían sus vergas.
Llegado un momento, cuando mi marido ya había abierto la segunda botella de champaña, que los muchachos pidieron dirigirse al baño para asearse y cambiarse. Al poco rato, salieron de allí, vestidos ambos de vaqueros. Camisas de franela a cuadros, jeans, botas y el típico sombrero. Pusieron su propio cassete en el equipo de música y empezaron a bailar al ritmo de una música muy movida. Mi marido y yo, nos sentamos juntos a observarlos. Yo llevaba una falda larga y una blusa que hacia juego. A medida que el baile avanzaba, mi marido empezaba a manosearme. Yo le retiraba la mano, al principio, pero poco a poco le dejé hacer lo que quería, a medida que veía como los muchachos se sacaban la ropa y me sentía mas excitada.
Después de unos diez o quince minutos de baile, los muchachos quedaron sin ropa, excepto por las botas y una minúscula tanga que cubría sus intimidades. Entonces Gabriel empezó a bailar él solo mientras Jorge lo observaba y se servía más champaña. Mientras se contoneaba Gabriel se acercaba hacia mí y de repente, de espaldas a nosotros, se quitó la tanguita. Lentamente fue girando para que pudiera observar su semiflácida verga. Yo estaba mojada y mi marido me estaba pasando la mano por mis piernas, por debajo la falda, y pese a la semi penumbra de la habitación, ellos podían observar lo que pasaba. Mientras Gabriel seguía bailando, Jorge empezó con lo suyo, después de variados minutos de contoneo se acercó a mí y me pidió que la bajara la tanga. Yo le dije que no, pero mi marido me animó y finalmente lo hice. Su pene saltó como un resorte, pero no estaba parado.
Durante varios minutos estuvieron deleitándome con su baile desnudos. Veía sus vergas oscilar como péndulos, y observaba sus hermosos cuerpos bronceados. Por momentos se acercaban a nosotros, y yo podía sentir sus vergas casi en mi cara. Así estuvieron durante varios minutos…eso parecía no tener fin y yo no quería que termine. Le comenté a mi marido que había tenido una excelente idea y que ese era el mejor regalo de cumpleaños que hubiera deseado. Lo que me apena, le dije, es que sus vergas no estuvieran paradas. Entonces el acercó su boca a mi oído y me susurró... tócaselas, mastúrbaselas y te darás el gusto de verlas como quieres. Ese comentario me encendió, pero no me atreví a hacerlo. Entonces él les hizo una seña a los muchachos y ambos se acercaron a mí, levantando sus miembros hacia mí para que se los tocara. Ante la insistencia de mi marido que ya tenía sus dedos en mi cuca, y la calentura que llevaba, se las agarré y empecé a manosearlas lentamente, una con cada mano. Ese momento, el baile había terminado.
El resultado no se hizo esperar, al poco tiempo ambos estaban con sus herramientas al máximo. Las veía hermosas, grandes, gruesas, llenas de venas, y estaba excitadísima pues mi marido me estaba masturbando a mí, y él también se había sacado su verga. Era un espectáculo impresionante. Fue entonces cuando mi marido me volvió a susurrar al oído diciéndome, “cómetelas”. Yo reaccioné, quité su mano de mi concha y le dije que no haría eso. Ellos volvieron a bailar para mí, esta vez con sus vergas tiesas y las acercaban a mi cara de tiempo en tiempo. Yo estaba calentísima y solo quería que todo terminara para poder follar con mi marido toda la noche. Pero él volvió a insistir. “Quiero verte chupando esas vergas” me dijo en un tono que si bien no era autoritario era muy estimulante. Yo pensé que si no lo hacía, tal vez se me jodería la noche y bueno pensé, si él insiste y ahí están listas para mí, ¿por qué no probar el sabor de otras vergas?.
Entonces agarré la verga de Jorge, le di unos besitos en la punta, la lamí un poco y después de titubear un poco y volver a ver a mi marido, me la metí en la boca, mientras con la otra mano agarraba la de Gabriel o la de mi marido alternativamente. Mientras esto sucedía sentía cuatro o más manos recorriéndome el cuerpo. Yo seguía vestida, la falda levantada y la tanga mojada, los pezones erectos y de repente me sentí con las tetas al aire, pues alguien me había abierto la blusa y sacado el brasiere. Después le tocó el turno a Gabriel, su verga era un poco más gruesa, pero menos larga que la de Jorge, y se acomodó en mi boca a la perfección. No recuerdo cuanto tiempo estuve mamando las vergas, alternando una y después la otra, pero estaba cachondísima y solo quería que eso termine para poder follar.
En un momento me encontré tirada sobre la alfombra boca arriba, con la verga de Jorge en la boca, la falda levantaba hasta mi cintura, sin nada arriba, la lengua de mi marido recorriendo mi concha, mientras Gabriel me besaba las tetas. Una auténtica puta. En ese momento tuve un orgasmo espectacular. Me dio tanta vergüenza que me levanté y corrí al baño y no quise salir más de él hasta que los muchachos se hubieran ido, lo que efectivamente sucedió.
Cuando fui a la recamara, mi marido ya estaba allí, esperándome con su mástil parado, pero yo estaba avergonzada. Él me tranquilizó y me dijo que no echara a perder el festejo, que todo había estado bien, que mi comportamiento había sido lo que él siempre había deseado ver, por lo que jamás tendría nada que reprocharme.
Demás está decir que esa noche follamos como desposeídos hasta ver las luces del amanecer. No se ha repetido la pequeña orgía, pero mi marido me anda diciendo que tiene otra sorpresa para mí, en mi próximo cumpleaños.
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Pocas cosas me gustan tanto como escuchar a las chicas que he tenido (y a las que no he tenido), relatarme sus historias sexuales (por eso soy lector de esta página, donde busco a las autoras). Aquí intentaré reproducir las historias de Alicia, una chica con quien lo hice en unas vacaciones orgiásticas en Acapulquito, y que unos tres meses después se hizo amante mía. Es una chica deliciosa, y contaré su historia. En otro lado he contado aquellas vacaciones, en las que dije algunas cosas de Alicia, y ahora reproduzco un par de párrafos de aquel relato:
Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad con un primo suyo, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9. Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo picaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y... “el otro es un secreto”. Ya siendo amantes, empezó a contarme su historia, y esta es la primera:
Miguel, como llamaremos al primo que gozó mi virginidad, era cuatro años mayor que yo, pero antes de contarte de él tengo que contarte de Juan, su hermano, que era un año mayor que yo, porque aunque no cogí con él, no todo en el sexo consiste en meterlo, y añoro aquellos años en que un roce, cualquier cosa, bastaba para enloquecerme. De niños, Juan y yo jugábamos y peleábamos como suele ocurrir entre primos que se frecuentan mucho, y desde por ahí de los 10 años empezamos a curiosear con nuestros cuerpos. Solíamos subirnos a la azotea del edificio donde él vivía, y yo le tocaba su pequeño pene, que se ponía duro, como debe ser, y el observaba y tocaba lo mío. Aquello duró un par de meses, hasta que mi madre se enteró de alguna manera, y me dijo que eso no estaba nada bien, y tal, y lo dejé de hacer.
Pero los toqueteos de Juan y los míos habían despertado mi gusto por aquellas partes “prohibidas” de mi cuerpo, y poco a poco fui descubriendo la masturbación. No extrañé a Juan ni tuve deseos de varón, porque mis dedos me daban más placer del que había tenido en aquellos escarceos infantiles con Juanito, pero pasaron algunos años, y la teoría, las lecturas, los cursos de educación sexual, la calentura de las amigas, fueron despertando mi curiosidad. Como es natural, Juan y yo nos separamos un poco al inicio de nuestra adolescencia (de la suya), pero seguíamos teniendo contacto. El creció y se puso más o menos guapo, y llegó un momento en que no pude menos que preguntarme qué pasaría si aquellos antiguos juegos se reanudaban, y pronto empecé a fantasear con Miguel, mucho más guapo y desarrollado que su hermanito, pero eran, o así lo pensaba yo, meras fantasías que poblaban mi mente cuando me masajeaba el clítoris.
La fantasía dejó de serlo en una tardeada-baile (como se llamaban) de la secundaria. Yo no quería ir sola, pero siendo chaparrita y sintiéndome un poco gordita, y con algunos barros en la cara, parecía que no tendría remedio. Entonces le pedí a Juan que me acompañara, como un gran favor, y que no dijera que era mi primo, y él, que me quería bien, accedió. Como yo había pensado, Juan fue la sensación y la envidia de mis amigas. Le pedí que me besara y solo de sentir su lengua, y sus manos en mi cuerpo, y de saberme observada, me ponía cachondísima, como pocas veces antes. Mis padres pasaron por nosotros al cole, y ese día ahí terminó todo, pero yo me quedé con ganas de más, y al día siguiente, un sábado, recuerdo, fui a casa de mis primos, con el pretexto de pedirle a Juan ayuda para no se qué tarea, y luego de fingir un poco ante mis tíos, le pedí que subiéramos a la azotea de su edificio, como hacíamos mucho, para ver la ciudad, y así empezamos, como de niños, a tocarnos cada vez que nos veíamos.
Jugábamos a ser novios, a ser adultos, arriba de los cuartos de azotea, según nosotros, fuera de la mirada de las sirvientas que lo poblaban (dos o tres). Miguel, mi otro primo, dormía en el cuarto de azotea que correspondía a su departamento y era generalmente arriba de él donde nos tocábamos, a horas en que Miguel estaba en la escuela. Aquellas sesiones consistían en darnos besos y tocarnos, casi siempre el en trusa y yo con la pura falda y las tetas al aire, y las últimas veces, yo le hacía la paja. Lo malo fue que no supe enseñarle a masturbarme o, mejor, me dio miedo llevarle sus manos a mi clítoris (que yo sabía bien cómo debía tocarse), así que llegaba a casa a encerrarme en mi habitación y masturbarme como loca.
Así pasaron como dos meses, hasta que un viernes saliendo de la escuela fui a casa de Juan sin haberle avisado. Al acercarme, vi en la puerta del edificio a Miguel, que besaba a su novia, Lilí, una morena de la Uni que me parecía de lo más guapa. Alcancé a Miguel subiendo las escaleras, ya cerca de su departamento, y le pregunté por Juan. Miguel, tan guapo, que estudiaba arquitectura, no me hacía ningún caso, según creía yo, pero me equivocaba. Miguel me dijo que Juan había salido y no tardaría en llegar, que lo esperara, y entramos al departamento. Ahí estuve diez minutitos hasta que Miguel me preguntó “¿no quieres un refresco, de mi reserva?” Yo, sorprendida –primera vez que me ofrecía algo-, subí con él a su cuarto, y ahí, admiré el decorado del tugurio, y el frigobar del que extrajo una cerveza para él y una cocacola para mí. me senté en la orillita de la cama, viéndolo, admirándolo, cuando él soltó: “¿no jugarías conmigo a lo que juegas con Juan?” De entrada me asusté y le pregunté, tartamudeando, si nos había visto, y dijo que solía pajearse viendo nuestros fajes y juegos, “porque estás muy buena, primita, y eres muy cachonda”. Yo creí que se burlaba, ¿cómo él, tan guapo y tan alto y con una novia tan linda, me decía eso? Viendo que titubeaba, me ordenó (sí, me ordenó) que me parara y pidió “date una vuelta... así”, y acercó su banco hasta tenerme al alcance de su mano.
Los viernes tenía deportes, así que llevaba el uniforme de voleybol, que era lo que jugaba, debajo de la falda a cuadros de la escuela, y estaba sudada y olorosa, y apenas me había dado la media vuelta cuando él me acercó hacia sí, y hundiendo su nariz entre mis pechos, cubiertos por el jersey de deporte, aspiró profundamente y dijo: “hueles a mujer, a sexo, a ganas”. Yo no sabía si tocarlo también, o quedarme parada, pero sí supe que quería “jugar” con él, y terminar lo que Juan había empezado meses antes.
Tras olerme, se separó de mí y me pidió que me descalzara y me quitara la blusa... y el chort que llevaba bajo la falda. Yo con una voz ronca que no reconocí como mía, le dije: “sólo si me dejas verte desnudo”. Cuando él se desnudó por completo, yo obedecí sus indicaciones, quedando sólo con mi falda y mi ropa interior. Mientras me sacaba la blusa y el chort, él se había sentado otra vez y con la mano izquierda empezó a acariciarse muy despacito el pito, una tranca cuyo tamaño empezaba a asustarme. Cuando me hube quitado esas prendas, el me jaló con la derecha y me desabotonó la falda, dejándome parada frente a él, cuya cabeza estaba a la altura de la mía (él mide algo más de 1.80 y aunque yo tenía la misma estatura que ahora, me sacaba cabeza y media), y luego, su mano volvió a subir, desde mi cintura hasta mi nuca, y jalándome, me dio el primer beso de la tarde, rozando apenas sus labios con los míos, y luego introduciendo despacio su lengua entre mis dientes, tocando la mía, todo sin prisas, muy distinto de los torpes besos de Juan.
Hasta entonces moví mis manos, tocando sus hombros, su cuello, sus bien marcados pectorales. Eso no duró mucho, porque me separó de sí y me ordenó que estuviera quieta, y luego de observarme unos segundos, me ordenó que me quitará el bra, y luego me tomó la mano y empezó a besarme los dedos índice y medio. Me los besaba despacito, luego de haberme ordenado (más órdenes, carajo) que no me moviera, y luego se los metió en la boca, recorriéndolos y succionándolos muy despacio, de abajo hacia arriba, y entonces me preguntó: “¿aprendiste? Ahora haz así con mi pito”, y me llevó la cabeza hasta su miembro.
De entrada me dio asco, pero ya estaba bajo su control, y cerrando los ojos, traté de reproducir las maniobras que él había hecho con mis dedos. Con su mano, me obligó a ir despacio, muy despacio, y pronto empezó a gustarme, no el sabor (sabía a algo que luego identifiqué: a flujos de mujer y a semen: el cabrito se había cogido, un rato antes a Lilí. Por eso, también, tardaba tanto, así que más bien, debo agradecerle a Lilí lo que pasó) ni la sensación de la tranca en la boca, sino saber que ahora yo lo tenía a mi merced, que podía morir ahí mismo, y que lo estaba haciendo gozar, como mostraba la tensa rigidez que iban adquiriendo sus muslos y sus nalgas, y los gemidos que dejaba escapar. Eso y las expectativas, sentirlo, pensar lo que me esperaba, me tenían a mí también, muy caliente, y mi panochita empezaba a segregar sus jugos.
No se cuanto llevaba así cuando él me levantó, metió su mano debajo del calzón y, al sentir mi humedad, dijo: “Magnífico, estás lista”, y me bajó la última prenda que cubría mi desnudez. Me acostó, y supe que ya era hora, que dos minutos después perdería aquello que toda mujer bien nacida sueña perder pronto, pero bien. Me hincó en la entrada de mi panochita la dura punta de su verga, y empezó a presionar. Yo sentía cómo se abría paso con una mezcla de emoción intensa, miedo, dolor y placer. Lo tercero fue lo que dominó cuando, luego de varios movimientos de entrada y salida de su punta, sin decir nada, ni advertirlo de manera alguna, me la metió hasta el fondo de un solo golpe.
No pude ahogar un grito, y él me mordió el lóbulo de la oreja y susurró: “aguanta, aguanta”, y se movió suave, muy suavemente, hasta que el dolor fue disminuyendo y el placer regresó. De pronto se quedó quieto, sin haber aumentado el ritmo, y supe que se había venido. Cuando leí, dos meses después, “Arráncame la vida”, supe lo que debí haber dicho: “Estuvo muy bien, pero el final no lo entendí”. No importa que no lo dijera, porque luego me ayudó el mismo Miguel a entenderlo.
Por lo pronto, él se retiró, y me estuvo acariciando los pechos, el estómago, los hombros, hasta que me fui relajando, y entonces me masturbó. Me estaba quedando dormida cuando dijo: “Se va a hacer tarde y tus papás van a preguntar por ti”. Me ayudó a vestirme y antes de dejarme ir me jaló del brazo, me dio un largo beso y me ordenó “ven mañana, antes de comer. Sube sin pasar a ver a Juan”. Me fui a mi casa, adolorida y contenta, ruborosa y llena de preguntas, y claramente dispuesta a obedecerle.
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Resulta que hace como un año yo llegue de Europa y un día con una tía decidí ir a un restaurante-bar con ella, yo no lo conocía pero me parecía un sitio súper agradable por que siempre que pasaba por allá se veía como bueno. El caso es que cuando llegamos estaba un tipo de 1.75 cm. de estatura mas o menos, unos 70 Kg. Era muy guapo, tenia puesto un jean y una chaqueta de jean y debajo una camiseta blanca que resaltaba ya que su piel era bronceada. Ese día quede enamorada de ese tipo, pero no sabia quien era, yo me imaginaba que era algún cliente de allá.
Pasaron los días y yo volví antes de irme otra vez para Europa, y allá lo volví a ver.
Después de un año, yo volví y quería ir a ese sitio, sentía como las ganas de ir, entonces le dije a una prima que si íbamos y ella ahí mismo acepto encantada. Cuando estuvimos allá ahí mismo uno de los camareros me saludó como si me conociera, yo le pregunte que si era que me conocía y me dijo que se acordaba de mí, en fin… todo salió súper bien hasta que llego él. El se llama Julián y tiene 46 años, era un tipo que me agradaba muchísimo solo su físico porque no conocía nada más de él, ni siquiera su voz, hasta que le dijo al camarero que si no presentaba a las amiguitas, en ese momento le escuche hablar y fue como si lo conociera hace mucho, las cosas quedaron así y yo volvía cada vez mas seguido.
Un día el camarero me llamo y me pidió el teléfono para dárselo a Julián y yo ahí mismo se lo di.
Al día siguiente me llamó Julián y me dijo que si quería salir a comer algo por ahí. Yo encantada acepte, no lo dude.
Ese mismo día fuimos a comer a uno de los mejores restaurantes de la cuidad, todo muy bonito, tomamos cóctel y me pregunto que si quería ir a otro sitio o me llevaba a mi casa, yo le dije que todavía no quería irme a mi casa, que nos quedaba mucho por hacer, él me dijo que si íbamos donde el quisiera y yo le dije que si, que no me importaba. Del restaurante salimos derecho a una autopista y no tardamos en llegar al sitio donde el tenia planeado llevarme, llegamos a un motel con nombre chino, era precioso, todo muy bonito. Entramos y nos sentamos en un sofá muy cómodo y empezamos a charlar hasta que terminamos en la cama, él me preguntaba que si estaba segura de lo que iba a hacer, yo le respondí con un si, que no fuera a parar.
Empezó por quitarme la blusa y quedé en brasier y en pantalón, ya los zapatos me los había quitado en el sofá, yo estaba debajo de él… él se sentó encima de mí y empezó a besarme por todas partes, yo cada vez me sentía más caliente, no sabia que hacer, hasta que le quite la camisa y quedamos a pares, de un momento a otro el me sentó y me desabrochó el brasier y me volvió a acostar, cuando de repente empezó a besarme por todo el cuello hasta ir bajando, cuando llego al ombligo me bajo el pantalón y vio que tenia una tanguita, me quede así y tomé el control lo acosté y me subí encima de él, y le empecé a bajar el pantalón, quedo en bóxer, ahí ya volvió el a tomar el mando y yo quede otra vez debajo, estaba nerviosa pero con ganas de que me hiciera algo.
Ahí me quito la tanguita y empezó a acariciarme y a besar mi sexo, me sentía genial, era algo inexplicable, yo sentía que no podía estar mucho tiempo así, entonces el se quito el bóxer y empezó a coger su miembro y rozarlo por toda mi piel, quería sentirlo adentro yaaaa!!! El me lamía todo mi sexo y yo el suyo, no me cabía en la boca, entonces después de un rato me dijo: “Creo que es hora de que llegue lo mejor”. Yo le respondí con un si, cuando lo iba a meter le dije que tenia un secreto… me pregunto que cual era y yo le dije que era virgen y el se alegro mucho, entonces empezó por introducir su miembro suavemente pero eso duele mucho! Grité!!!.
Poco a poco el dolor pasaba y cada vez quería que me lo metiera mas adentro, sentía como si lo hubiera hecho muchas veces. Empezó a metérmelo cada vez más fuerte. Me sentía realizada, después de terminar nos quedamos dormidos y nos fuimos.
Yo me fui para la casa de mi tía porque supuestamente estaba allá, me acosté y dormí un poco pero no dejaba de pensar en lo que había sucedido, al día siguiente la escena se repitió, no aguantaba más!. Pero me dijo que él quería que estuviéramos con alguien mas y yo acepte sin problema alguno, él llevo a una mujer, era excitante ver como se la metía a ella y como ella me lamía a mí y viceversa, eso es lo bueno de una mujer que sabe que es lo que uno quiere, me hacia sentir que iba a reventar. Paso un rato y la mujer esa se fue, pero yo seguí haciéndolo con Julián en el baño, estar mojados es muy rico, nos acariciábamos y terminamos rápido, en fin.
Así pasaron las cosas durante 4 meses, después decidí terminar con esa relación que no me conducía a nada, solo al placer y yo no buscaba solo eso.
Pasaron 2 meses y lo volví a ver, al vernos sentimos la necesidad de estar juntos otra vez, sin casi hablar nos fuimos de aquel lugar para el mismo lugar en el que me hizo mujer.
Este es el momento que yo no me he olvidado de el, pero por lo menos sé que con él en cuestión de sexo estoy completamente satisfecha.
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Es un martes cualquiera del mes…transcurre sin mayores incidencias un día normal más de trabajo en mi clínica dental ubicada en una colonia popular de Tegucigalpa, Honduras. Por un instante me cruza la mente un pensamiento involuntario: que últimamente mi vida no ha tenido mucha excitación, mucha aventura, nada digno de ser recordado como sensual o erótico, o al menos como más o menos interesante. Sólo rutina...
En fin, ya son casi las seis de la tarde y las primeras sombras del anochecer cálido caen sobre la ciudad mientras empiezan a apagarse los ruidos de la calle y se dispersan los gritos de los alumnos del colegio frente a mi casa. Por suerte para mi economía personal, durante el día tuve muchos pacientes, algunos de ellos nuevos que vinieron por un presupuesto. Me resta atender sólo a uno más que ya vino anteriormente una sola vez para una corta consulta diagnóstica y del cual no recuerdo demasiado.
El paciente que esperaba, finalmente llega y llama al portón enrejado de mi casa, salgo a recibirlo, veo que no ha venido solo, lo acompaña un amigo al que no conozco. No es una situación anormal; muchas veces mis pacientes vienen acompañados, y algunas veces el acompañante también termina convirtiéndose en mi paciente con el correr del tiempo. Ambos me saludan sobria y educadamente, y mi paciente se disculpa en forma cortés por un ligero retraso en el cumplimiento del horario. Como siempre, la culpa es del tráfico. Entran al parqueo de mi casa, esquivan dificultosamente el carro aparcado, ingresan por la puerta de mi pequeña clínica, invito a mi paciente a sentarse en el sillón dental y él, tras quitarse la chaqueta, se sienta.
Su amigo, en cambio, se acomoda en una silla de mi recepción, con la puerta abierta de mi clínica permitiéndole observar todo lo que ocurrirá allí dentro. también esto es más o menos usual.
Mi paciente está más silencioso que lo poco que recuerdo de él la primera vez que vino. Su amigo tampoco habla. A pesar de las muchas revistas en la mesita de la recepción, sólo mira atentamente hacia la clínica, hacia su amigo y hacia mí. Intercambio entonces con ambos unas pocas palabras formales para "romper el hielo" de la consulta. No me responde ninguno de ellos muy animadamente, siguen amparados en su mutismo y en su seriedad. Empiezo a pensar que son tímidos o introvertidos, que son la clase de personas que consideran desagradable cualquier visita a un dentista y que solamente desean que la revisión o el tratamiento finalicen en forma rápida para marcharse sin tener que “parecer agradables” por medio de alguna buena plática.
Empiezo entonces con el repetido ritual de revisar la boca de mi paciente. Para ello, como es habitual, me siento en una silla giratoria al costado del sillón dental, inclino mi cuerpo sobre él, e inevitablemente -ésto siempre ocurre- mis senos, hoy más evidentes que otras veces debido a que llevo desabrochada la gabacha dejando exhibir mi ajustadísima camisetita blanca sin brassiere, se acercan de manera peligrosa demasiado cerca del apoyabrazos del sillón donde descansa la mano inmóvil del paciente, que no la retira, dejándola allí como esperando algún contacto fortuito con mi seno.
Sé que en algún momento de éste repetido ritual clínico, todos mis pacientes pueden llegar a oler inconfundiblemente mi perfume, a sentir mi respiración silenciosa y hasta a escuchar débilmente el pulso nervioso de mi corazón por estar muy cerca de ellos, casi encima de ellos, al revisarlos. También sé que cuando -como hoy- llevo puesta una camisetita muy escotada, también inevitablemente mis pacientes recorren con su mirada el surco sensual y provocativo de mis senos a la altura de sus ojos. Y también sospecho que, casi siempre, todos ellos deben sentir el involuntario surgimiento de alguna nerviosa excitación erótica debido a mi inevitable cercanía en la intimidad y el silencio de ésta clínica.
En el caso de éste paciente, de repente advierto con algo de sorpresa que él me está mirando sin expresión muy insistente y atentamente. Pero también me sorprende descubrir que no me mira las manos, o mi ropa, o el instrumental. Tampoco me mira a los ojos. Mira sin ningún disimulo ni recato todo mi cuerpo, subiendo y bajando su vista y recorriéndome descaradamente. Me observa fijamente todo el contorno de mí muy bronceada piel expuesta, mira frontalmente mis senos que empujan claramente la fina tela de mi ajustada camisetita que asoma por entre los botones abiertos de mi gabacha de algodón, me observa las notorias turgencias de mis pezones apenas disimulados en la estrechez de la camiseta sin brassiere, me mira también sin disimulo la sombra de mí apenas separada entrepierna suave y bronceada asomando de mi corta y ajustada faldita, mira mis caderas aprisionadas demarcando la tela blanca y semitransparente de la falda... y sigue mirándome.
Me pongo de pie abruptamente algo nerviosa y con la extraña sensación de estar totalmente desnuda por su mirada inquisitiva, insistente e inexpresiva, y lo hago para buscar otros instrumentos lejos del sillón. Le doy la espalda durante unos pocos segundos mientras intento recuperar la calma ante lo manifiestamente sorprendente de la situación. Doy vuelta mi cabeza y miro fugazmente al amigo de mi paciente con la esperanza de que él estuviera leyendo alguna revista y que yo pudiera volver a iniciar con él alguna conversación intrascendente que aflojara la tensión emocional de ese momento. Pero advierto que también él me está observando con detenimiento en silencio desde la muy cercana recepción. También él me recorre impúdicamente con su mirada mi cuerpo de pié a escasos metros de él. Y tampoco deja de mirarme a pesar de que le sostengo la mirada durante unos segundos como para que se dé cuenta de mi molestia. Pero sigue viéndome descaradamente...
Vuelvo entonces, más inquieta y turbada aún que antes, a concentrarme nerviosamente en mi instrumental dándole por un corto instante la espalda a ambos hasta lograr recuperar la calma. Es entonces cuando el paciente, que hasta ese instante se había comportado en forma más o menos normal más allá de su mirada penetrante, se incorpora rápida y violentamente de un salto del sillón dental, se abalanza súbitamente sobre mí -que estaba de espaldas a él- sin decir palabra, me rodea fuertemente con ambos brazos inmovilizándome desde atrás, me cubre la boca y me sujeta fuertemente contra él con una de sus manos para evitar que yo grite y comienza con la otra mano libre desvergonzadamente a toquetear, a sobar y a manosear todo mi cuerpo comprimido contra el suyo, invadiéndome eróticamente con su mano sudorosa la tersa piel de mi cuello, mis hombros desnudos, mi pecho, mis senos demasiado palpables, libres y evidentes bajo la camiseta sin sujetador, mis caderas, mis nalgas, mis muslos demasiado visibles para ésta faldita hoy lamentablemente tan corta..... mientras yo siento de repente que no puedo moverme, que me abandonan las fuerzas y se congela toda voluntad y toda resistencia paralizada por la sorpresa y el miedo.
Logro ver esforzadamente la imagen del amigo de mi paciente, que prosigue sentado mirándome pero ahora se le asoma una sonrisa cruel y despiadada en el rostro. Saca de su mochila una cámara fotográfica y comienza a prepararla sin dejar de mirarme ahora en clara actitud morbosa y de oscura complicidad con lo que me está haciendo mi paciente. Mientras mi paciente me retiene con fuerza salvaje, el amigo deja la cámara sobre la silla de la recepción de mi clínica y se incorpora sin apuro, camina lentamente hacia nosotros, y también él frente a mí extiende ambas manos y me toquetea invasivamente todo el cuerpo con fruición y deleite, exhibiendo su torva mirada, primero muy lentamente y luego con desesperada dedicación. Me recorre y aprieta con total impunidad y libertad mis senos y mis caderas, mete sus dos manos violentamente bajo mi falda e invade inescrupulosamente mis muslos y mi intimidad más oculta con sus toqueteos mientras sigo inmovilizada.
Simultáneamente, casi al mismo tiempo de que el intenso manoseo a que tanto mi paciente como su amigo frente a mí sometieron todo mi cuerpo, mi paciente completa su propia excitación perceptible como un bulto duro, casi una inmensa piedra genital a la altura de mis nalgas, y sin dejar pasar ni diez segundos de tiempo, comienza a desgarrarme brutalmente la ajustada camisetita blanca -ayudado por la urgencia salvaje que muestra su amigo- dejando totalmente expuestos mis firmes senos desnudos a los que ambos aprietan y retuercen sin misericordia provocándome un intenso dolor; casi inmediatamente, mientras su amigo me retiene mis brazos, mi paciente mete torpemente desde atrás mío su mano libre entre mis piernas apretadas por debajo de mi minifalda, llega esforzadamente con sus dedos hasta mi entrepierna y entre ambos me arrancan hacia abajo la minúscula tanguita deslizándola brutalmente por mis piernas para luego explorar y hundir sus dedos por la delicada piel de los pliegues suavemente perfumados de mi vulva apenas rodeada de vello sedoso, hasta hacerme emitir un casi mudo grito de dolor mezclado con sorpresa y algo de placer que me sorprende a mí misma.
A partir de éste momento de total invasión de mi desnudez forzada, los dejo hacer sin oponer ya mayor resistencia.
El paciente, enardecido, casi fuera de sí, con su respiración jadeante y entrecortada, y sumamente excitado, me arroja sobre el sillón dental sin preocuparse más por cubrirme la boca durante un breve lapso porque su amigo se abalanza sobre mí desde la cabecera del sillón para volver a cubrirme la boca con una de sus manos, mientras con la otra me toma muy fuertemente de mis brazos y me los levanta hacia atrás y hacia arriba como si me colgara, y mientras mi paciente levanta bruscamente y sin cortesía mi corta faldita desgarrada exhibiendo ante él mi sexo desprotegido, me abre mis piernas ya flexionadas mientras se baja su pantalón y se acuesta pesadamente sobre mí; mientras sin descanso toca, manosea y aprieta torpemente mis senos que ya exhiben una notoria y vergonzante erección de los endurecidos pezones…Ya no me rebelo, no puedo, creo que no quiero, me siento flotando en una nube espesa y placentera, totalmente mareada, lo dejo hacer mientras un manto de extraño e inesperado disfrute sensual mezclado con miedo y erotismo me invade toda la piel del cuerpo.
Logro ver como en un territorio neblinoso y sordo la figura cercana del amigo de mi paciente que, sin dejar de cubrir mi boca con una de sus manos, se acerca por el costado del sillón dental donde yo permanezco inmóvil y en casi total desnudez ante ellos. También él pasa su otra mano por mis senos, los toca, los soba, los aprieta, los retuerce con fuerza, inclina su cabeza sobre mi pecho y me mordisquea salvajemente los pezones, se incorpora, recoge la cámara y comienza a tomar fotos de la escena.
El paciente entonces, acostado sobre mi cuerpo inmovilizado me besa torpemente los labios, me los muerde, pasa su lengua por mis senos y muerde también mis pezones sin ninguna suavidad, toca repetidamente y manosea en un ir y venir de su mano mis muslos y mi entrepierna desnuda ya casi irritada, luego toma con una mano su propio miembro ya totalmente rígido, y sin más preámbulos ni preparativos empuja violentamente con sus caderas sobre mí, y me lo introduce brutalmente en mi vagina apenas humedecida resoplando audiblemente con su boca entreabierta sobre mi cuello y mis oídos mientras escucho como en un sueño lejano las risotadas de su amigo y creo percibir los destellos fugaces del flash de la cámara fotográfica apuntándome
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Hola amigos de sexy cuentos. Les cuento que soy de b*hia bl*nca. argentina. Soy profesor de Educación Física y tengo 25 años. Mido 1.84 peso 74kg. Soy de tez blanca y tengo desarrollados los muesculos de mi cuerpo ya que desde los 14 años voy al gimnasio. En estas vacaciones de verano, a mediados de febrero me llaman de una pileta para que reeemplace a un bañero ya que se iba a Madrid. Como necesitaba dinero aceptè. En la oficina del complejo donde estaba la pileta de natacion me entreviste con mi jefe y presidente del complejo. Allí me dio todas las indicaciones sobre la pileta. Le pregu´nte si cuando cerraba como a las 10 de la noche me podia quedar para practicar natacion. El acepto de buen modo y cuando me iba, entro su hijo, Adam de 12 años. Un chico de carita de nena, con voz de mujer. Era de esatuta pequeña para su edad y era muy delgado. Nos saludamos y me fui.
Como saben los que habrán leido mis relatos, me gusta vestir jean desteñidos y superapretados para resaltar mis musculos de mis peirnas y ademas el bulto ya que tengo una pija de 23cm por 6cm. Adam me enseño la pileta y de a ratos me miraba el bulto del pantalon. Cuando salimos de la oficina me puse la camisa adentro ya que siempre me la pongo afuera para tapar un poco el paquete. Pensé que solo estaba impresionado pr m is atribultos y me dedique a mirar las instalaciones.
Por la mañana, arranco con mi trabajo y Adam no se separaba de mi ni por un momento. Era un chico que no tenia amigos (fue lo que me dijo su padre cuando nos veiamos y que se habia encariñado conmigo).
Como la pileta estaba siempre con gente me ponía una maya holgada para que no se me viera tanto mi bulto pero cada vez que me daba un chapuzón Adam me miraba de reojo el bulto.
a la semana de trabajar en la pileta , El padre de Adam me dijo que si yo queria me podia quedar en un cuartito para que me queda a dormir ya que las distancias eran grandes desde mi casa a la pileta y asi pdia levantarme un poco mas tarde.
Cuando sali del trabajo, me fui al cuartitopara cambiarme. Como Adam estaba de vacaciones, el padre lo dejaba quedarse hasta mas tarde en la pileta para tenerla para el solo. Me pregunto si me podia a compañar al cuarto y le dije que si. Alli me ayudo a sacr mis copsas del bolsa para ordena rlas en una cómoda. Me iba pasando mis camisas y mis slip y cada tanto las miraba con lujuria. Le digo que me iba a poner una maya para nadar y me preguntó que tenia la uqe llevaba puesta.
le respondo que para nadar tranquilo usaba un short ajustado para que la maya no hiciera resistencia en le agua, como usaban los bañistas profesionales. Le digo que me alcance una y me trae un short blanco, parecido a un boxer pero superapretado. Me saco la remera y atino a sacrme la maya y le digo que se de vuelta. Me la pongo y nos vamos caminando a la pileta y de reojo cada vez mas evidente me miraba el paquete. Para un choco de 12 años era una fantasia hecha realida ver semejante bulto y solo para el solo. Me meto en la pileta y nado varias veces de punta a punta hasta que me canso y salgo. Adam me estaba esperando con una toalla y me la da.
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Hola amigos:
Espero que disfrutéis con este relato, al menos tanto como disfruto yo desde que sucedió.
Os daré algunos detalles referentes a nosotros, somos una pareja de unos 40 años, con dos hijos y vida sexual prácticamente inexistente desde hace cuatro años y hasta hace un par de meses.
Soy bastante resultona y según dice mi marido (y algún que otro comentario que he escuchado) parece que tengo unas magníficas tetas, aunque algo caídas para mi gusto, y siempre he sabido sacar partido de ellas, con buenos escotes y sobre todo en la playa, donde procuro llevar pequeños bikinis que dejan a la vista casi todo el pecho, para el deleite de mi marido (y los demás a juzgar por las miradas) lo cual no parece importarle en absoluto, al contrario es él quién me anima a comprarme algún que otro bikini que sería incapaz de ponerme si fuera sola. Por otra parte, desde jovencita he sido una enamorada de “las cubanas” con las que disfruto y me pongo cachondísima, simplemente viendo la cara de vicio de quien la recibe. Digamos que mi punto débil sería el culo, con el que no estoy nada contenta, y quizá por ello me haya negado sistemática! mente al sexo anal y aunque mi marido me lo haya solicitado desde que me acuerdo, lo más que ha conseguido es hacerme unas formidables pajas mientras me comía el coño con un dedo dentro del culo. Además no me hace falta, ya que con mi coño disfruto de lo lindo y nunca he dejado a ningún hombre con ganas de seguir follando.
Mi marido, que os puedo decir de él? Era el niño guapo de la pandilla, con un culo increíble. Cuando conseguí enrollarme con él todas mis amigas me odiaron porque era de los más solicitados. Por eso mismo me dediqué a que no tuviera que buscar nada fuera desde el primer momento hasta que quedamos firmemente comprometidos. La verdad es que fueron unos años maravillosos, follábamos en cualquier sitio y allí dónde no era posible siempre estaba dispuesto a hacerme una paja que posteriormente se vería recompensada por mi parte, me ha llegado a reconocer que nunca le habían hecho una paja como yo se las hago, así que debe ser que las hago bastante bien. Tiene una polla normalita, nada del otro mundo, pero tarda una barbaridad en correrse y me ha dado gusto a base de bien. Recuerdo especialmente la noche de mi 24 cumpleaños, que la pasamos solos! en casa de mis padres, metidos en la cama y como regalo tuve ¡24 orgasmos! durante la mayor y mejor sesión de sexo que he tenido hasta hace unos días.
Cuando nos casamos, llegó la monotonía y poco a poco la frecuencia de las relaciones pasó a ser de una vez por semana, dos a lo sumo. Sin embargo él sigue pidiéndome prácticamente a diario que necesita sexo aunque muchas veces no me encuentra dispuesta a ello. Sigo ofreciéndole de vez en cuando una de mis maravillosas pajas, o una buena cubana cuando tengo más ganas de guerra. Cuando llegamos a follar, hay días que me cansa, cada vez le cuesta más correrse y yo ya no aguanto las sesiones de antes, que podían durar 2 o más horas. Hace poco empezó a decirme lo cachondo que se pone cuando piensa que en mi trabajo estoy follando con otros y que nada le gustaría más que verme follar con otro, de hecho cuando me está follando me pide que le cuente como lo hago con otros, aunque sea mentira y confieso que muchas veces lo he hecho pues se corre e! nseguida y puedo descansar. Yo no le hago caso, pero reconozco que alguna que otra vez he fantaseado con que al final de una reunión me quedo discutiendo con algún compañero y acabo follándomelo salvajemente, a veces pienso que tendré que acabar haciéndolo para poder seguir contándole historias a él, porque ya no sé qué contarle. Desde entonces sé que se masturba casi a diario (aunque él no sabe que lo sé) imagino que pensando en mis inexistentes sesiones de sexo fuera de casa.
Bueno vayamos al grano. Hace poco fui a una peluquería nueva que han abierto cerca de casa. Había una oferta especial por apertura en la que te hacían el corte de pelo y además te daban un bono para unos masajes capilares, me corte el pelo y quedé para los masajes durante cuatro sábados consecutivos, ya que no podía hacerlo a diario. El primer día llegué y pase a una especie de trastienda donde se encontraban las cabinas en las que aplicaban los masajes. En ese momento estaban todas ocupadas y tuve que esperar unos minutos a que una quedara libre. Mientras pude leer un cartel que colgaba de la pared con los diferentes servicios que proporcionaban, además del masaje capilar, hacían depilación integral y peluquería íntima, entre otros. Cuando me tocó el turno pasé a la cabina y me recibió una señorita, Gema, que amablemente me acomodó en un! a camilla muy especial. Parecía el sillón de un dentista con múltiples ajustes de altura e inclinación pero a partir de la cintura se dividía al medio. Comenzó a activar pedales y botones hasta dejarme en la postura que necesitaba para hacer su trabajo, colocó una música relajante y comenzó la sesión. Durante la misma, me pareció escuchar gemidos y gritos provenientes de las cabinas contiguas, pero estaba tan relajada que no sabía si era un sueño o realidad. Al final de la sesión le pregunté por los servicios de depilación integral y peluquería intima, me los explicó y me presentó a los encargados de ello, Carlos, Nacho y Ana, todos ellos con un aspecto excelente.
Cuando llegué a casa mi marido me preguntó que tal me había ido y yo le dije que fenomenal, que debería probarlo y le di uno de los vales que tenía para mí, le dije llama y concerta una cita, merece la pena, te dejan como nuevo.
La siguiente sesión, antes de entrar le dije a Gema que estaba interesada en el servicio de depilación pero que no deseaba una depilación integral, sino una depilación normal, axilas piernas e ingles. Me dijo que no había ningún problema y que si me parecía pasarían mientras ella me estaba dando el masaje para realizar su trabajo, yo le dije que me parecía bien y al pasar a la cabina me dijo que me desnudara y me pusiera una bata. Así lo hice, me coloqué en la camilla y comenzó el trabajo. Al poco tiempo me encontraba en la misma gloria cuando noté que abrían la puerta y entraba uno de los chicos que había conocido con una serie de botes y aparatos que no acertaría a describir, me invito a quitarme la bata y yo inmediatamente miré a Gema como asustada, ella me dijo,
-no te preocupes y tapate con esta toalla
Me quite la ropa y me puse la toalla que a duras penas tapaba mis enormes tetas y por abajo me llegaba justo hasta el inicio del coño. Comenzó a hacer su trabajo, y antes de empezar con una axila entró otro compañero, Nacho, que me dijo:
-Mientras Carlos te hace las axilas, si te parece yo empezaré con las piernas.
Asentí con la cabeza y a los pocos instantes mi situación era la siguiente, Gema me estaba aplicando un maravilloso masaje capilar (os lo recomiendo) Carlos me embadurnaba las axilas con una suave crema que me hacía unas cosquillas muy agradables y Nacho hacía lo propio con mis piernas. Gema acabó su trabajo y abandonó la cabina, en ese momento estaba completamente relajada y cualquier cosa que prolongara esa situación la habría aceptado, ellos parecían saberlo y me propusieron gratuitamente un corte de pelo íntimo, inmediatamente les dije, hacer conmigo lo que queráis. Ana entró en escena manipulando la camilla de manera que mis piernas comenzaron a abrirse a la vez que se flexionaban, dejando mi coño perfectamente ofrecido para que pudiera hacer su trabajo. Me retiraron la toalla y Ana se sentó en un taburete entre mis piernas a escasos centímetros de mi coño, completamente abierto y ya empapado a esas alturas.
Comenzó la preparación de la zona, aplicándome una loción tipo gel, para ablandar los pelos, mientras Carlos me aplicaba una crema calmante en las axilas para después de la depilación, y descuidadamente sus manos se aventuraban sobre mis grandes tetas cuyos pezones comenzaban a ponerse duros, le miré a los ojos como dándole consentimiento, cogió más crema con sus manos y comenzó a sobarme descaradamente las tetas, a esas alturas mi respiración entrecortada y mis gemidos, hacían evidente mi estado de excitación, Nacho acabó su trabajo en las piernas y al ver a Carlos se acercó a mis tetas para seguir dándome placer. Instintivamente mis manos buscaron sus pollas que bajo el pantalón parecía que iban a estallar, en menos de cinco segundos se quedaron completamente desnudos y sus dos enormes pollas, se balanceaban a escasos centímetros de mi ! boca invitándome a que las chupara. No había tiempo que perder, estaba tan caliente que le dije a Ana:
- Ana cariño, si no quieres que me corra en tu cara termina ya, que estoy chorreando! Me habéis puesto tan cachonda entre todos que necesito meterme algo por el coño para calmarme.
Acabó su trabajo, me secó y me aplicó una crema refrescante con un pequeño masaje, que terminó de ponerme como loca. Recogió sus trastos y se acercó a mi oído diciéndome:
-¡No me importaría nada estar en tu lugar. Que disfrutes!
Y salió de la cabina. En ese momento la estampa era la siguiente: yo estaba en una cabina cerrada, tumbada en una camilla, en pelotas, completamente abierta, con el coño rasurado (por cierto el trabajo de Ana fue sensacional), todo el cuerpo embadurnado con cremas, cachonda perdida y con dos rabos para mí solita, así que puse cara de vicio y les dije:
-Quien de vosotros va a ser el primero en meterme el rabo hasta las bolas? No os preocupéis que tendré para los dos. Os prometo que me follaréis hasta quedar secos!
Automáticamente, Nacho se colocó entre mis piernas, subió un poco la altura de la camilla y empezó a meterme su rabo, era mucho más grande que el de mi marido, empujaba lentamente, se veía claramente que no era la primera vez que lo hacía, entendí los gemidos que me pareció escuchar el primer día, estaba tan caliente que antes de que llegara hasta el fondo de mi coño, ya me había corrido, a partir de ese momento todo fue maravilloso. Nacho empezó a bombearme con su rabo, mientras yo le dije a Carlos que se sentara sobre mis tetas a horcajadas para hacerle una cubana. Una vez estuvo en el lugar correcto, coloqué su nabo entre mis grandes tetas y comencé a moverlas arriba y abajo, este otro rabo no era tan gordo pero si tan largo que en sus envites llegaba hasta mi boca, momento que yo aprovechab! a para escupirlo y chuparlo poniéndolo a cien.
En esta situación no tardaron en llegar los orgasmos, perdí al cuenta, cuatro, cinco, Nacho adoptó un ritmo lento pero constante, haciéndome disfrutar con cada centímetro de polla que entraba por mi coño, cuando ya no podía más le pedí que acelerara su ritmo (parecía que el coño se me iba a derretir) y me llenó con su leche caliente, casi a la vez Carlos agarró mis dos tetas con ambas manos y dando fuertes envites descargó abundantemente sobre ellas. En ese momento me quedé en tal estado de relajación que no me di cuenta que alguien más entro a la cabina. Comencé a notar una lengua caliente que lamía mi coño, limpiando toda la leche que Nacho me habían dejado dentro. Cuando miré me llevé una grata sorpresa, era mi marido. Estaba lamiendo como loco la leche que minutos antes había salido del rabo de Nacho, en mi estado de excitación le solté:
-Esto es lo que querías verdad cabronazo? Cuando acabes de limpiarme el coño, sube a mis tetas y termina tu trabajo. Quiero que me dejes limpia para que puedan volver a follarme como a una perra. Como a tu perra, cornudo de mierda! Verdad que te gusta?
Debo decir que la situación me ponía muy caliente, mi propio marido estaba limpiando los restos de semen que dos pollas acababan de desparramar en mi coño y mis tetas, y empezaba a disfrutar de todo esto. Muy obediente, el cornudo me dejó el coño y las tetas perfectamente limpias, pero sin quererlo me había vuelto a poner a cien, y esta vez éramos una más a disfrutar. Una vez terminó le dije:
-Siéntate ahí y mira como disfruto con dos rabos de verdad. Vas a ver como soy capaz de tener dos pollas dentro y tú no te preocupes, puedes sentarte y masturbarte como haces en el baño de casa, pero esta vez no te hará falta imaginarte nada, esta vez lo vas a poder vivir de cerca.
En seguida se abalanzaron sobre mí y en poco tiempo volví a tener dos grandes rabos dispuestos a darme placer a mi y al cornudo de mi marido. Uno de ellos cogió un bote de crema y empezó a untarme el culo, metiéndome primero un dedo, luego dos hasta que mi culo se dilató lo suficiente para lo que me aguardaba. Mientras el otro me tapaba la boca con su polla que enterró hasta mi garganta y yo chupaba como podía. Me bajaron de la camilla y se sentó en ella Carlos, con el rabo apuntando al cielo, y me dijo:
- Ahora vas a gozar de verdad, te vamos a follar como nunca te lo habrá hecho el cornudo de tu marido, nos pedirás mas y lo tendrás. Tendrás todo el rabo que seas capaz de soportar. Ven aquí zorra, que te va a gustar.
Confieso que me asusté un poco, pero tener a mi marido allí al lado me tranquilizó. Me agarró por la cintura y me sentó sobre su vientre, dándole la espalda, me abrió las piernas y comenzó a sobarme las tetas, pellizcándome los pezones, que volvían a estar duros nuevamente. Intentó meterme la polla por el culo, pero entre la postura y la crema no atinaba muy bien, mirando a mi marido, completamente empalmado viéndolo todo le ordené:
- Tu no has querido siempre darme por culo? Pues he decidido que en este momento te voy a conceder ese deseo, pero tendrá que ser con la polla de Carlos así que cógela y métemela por el culo, cabrón, quiero que presencies en primer plano como me desvirgan el culo.
No había terminado de decirlo cuando el cornudo ya estaba agarrando la polla de Carlos e intentaba torpemente introducirla por mi culito virgen. Esta vez fue diferente, ahora sí. Colocó el capullo en el sitio correcto y presionó ligeramente hasta que consiguió que el capullo entrara. Una vez entró la cabeza grité, pero inmediatamente me dejé caer y me ensartó toda la verga hasta que los cojones llegaron a mi culo. Me quedé inmóvil, sin respiración, parecía que algo se me iba a romper por dentro, pero al cabo de unos segundos, el dolor se transformó en calor y empecé a subir y bajar por aquel pedazo de carne que me llegaba hasta las entrañas. Mis tetas comenzaron a moverse arriba y abajo siguiendo los envites del nabo de Carlos, un placer nuevo para mí comenzó a surgir y comencé a gritar como una perra
-Así cabrón. Ahhhhhhhhhh Que rico. Mmmmmmmmmmmm Fóllame el culo. Me gusta perro, no pares de meterme el nabo, sigue así. Ves cabronazo lo bien que me están follandoooooooooo, asi, más, más no pares, llena mi culo de perra con tu leche, Que rico, ahhhhhh.
A la vista de todo esto, Nacho estaba nuevamente empalmado y colocándose frente a mi coño, apunto con su rabo y empezó un nuevo mete-saca que me llevó al delirio. Cuando me entraba el rabo de Carlos por el culo, salía el de Nacho de mi coño y viceversa, estaban perfectamente sincronizados, (luego supe que era un numerito que hacían con bastante asiduidad entre las clientas) de manera que los orgasmos se sucedían indistintamente provenientes de mi culo y de mi coño, hasta que no pude distinguir el origen y empecé a gritar, arañarles, morderles, como loca y los dos se corrieron dentro de mi inundando mis dos agujeros. Fue una sensación muy placentera sentir todo ese liquido caliente entrando por mis dos agujeros. Al sacarme sus pollas, la leche goteaba de mis orificios, pero mi marido se apresuró a lamer ambos y dejarlos perfectamente limpi! os, aunque un poco enrojecidos. Al terminar se dio la vuelta y comenzó a limpiarles la polla a Nacho y a Carlos hasta dejársela igualmente limpia, mientras le cogí la polla y le hice una mamada hasta que me llenó la boca de su propia leche, que tragué con gran placer. Era lo menos que se merecía después de todo.
Nos vestimos y nos despedimos. Una vez en casa mi marido me confesó lo mucho que había disfrutado y me echó otro polvo con más ganas que nunca. Desde entonces, mi vida a dado un giro considerable, visto siempre más provocativa, me retoco el pelo (el del coño) una vez al mes, y aunque le prometí a mi marido que si el no estaba presente no lo haría con nadie más, reconozco que cada vez que lo recuerdo mojo mis bragas y si no tengo a mi marido cerca tengo que hacerme una paja. A mi cornudo le encanta todo esto y me echa unos polvos de campeonato. Se me ocurrió sugerirle el ir a un club de intercambio donde pueda tener una buena sesión con varios hombres y desde entonces no para de follarme y pajearse pensando en ello. Estoy pensando en darle ese gusto y de paso correrme una buena. Os prometo que sabréis como acaba…
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No sé por donde empezar, solo sé que ha sido la mejor experiencia de mi corta vida, les diré que tengo 18 años y estudio en un centro preuniversitario ya casi un año, todo iba tranquilo no había nada especial hasta unas semanas cuando llego a mi centro de estudios una linda chica que digo linda ¡hermosa chica! llamada Viviana, la mujer como todo varón soñaría tener: de tez blanca, alta, quebradita, de buena delantera y un trasero de diosa bien paradito con una carita fina que llena de dulzura a todo aquel que la ve, en pocas palabras una modelo o mejor dicho una anfitriona que con 18 años igual que yo, pone caliente a cualquier hombre (al menos a mi si).
Cuando llego fue la atención de muchos (eso me puso celoso) pero yo tratando de sacar ventajas busque la forma de hablarle hasta que después de unos días de tanto contemplarle aproveche la oportunidad para conocerla, de verdad hay que tener mucha suerte para que sucedan cosas que solo podrían estar como un sueño o fantasía, como vivo un poco cerca de mi centro de estudios al salir de ahí me voy caminando con unos amigos para distraerme por el paso pero una sorpresa me di aquel día al ver que ella toma el mismo camino por donde yo me voy caminando solo que ella lo hace para tomar un bus que le lleva a su casa que queda en una zona de gente fashion (con razón que se diferencia bastante de las demás con ese fino y hermoso rostro), y es así que les deje a mis amigos y me acerque a ella, y al saludarla se me subió la temperatura ya que de un momento a otro sentía calor pues ella volteo y me sonrió; en ese momento eramos ella y yo, entonces me saludo y le pregunte su nombre a la vez que me presentaba, así escuche de sus labios decir Viviana y que tenia 18 años, me emocione al escuchar eso pero trate de disimularlo, y le converse mientras caminábamos sobre su llegada a la pre y me dijo que llego becada todo por que pertenece a la selección de Voley, en ese momento encontré un motivo mas por que como ella son pocas (por todas las características ya dadas) era por que practicaba voley, ya sin pensarlo dos veces no la perdería fácilmente ese día.
Mientras seguíamos caminando le dije si su casa quedaba cerca (por lo que veía que caminaba) y me dijo que no, lo hacia por que solo hay un bus que le deja por su casa, así me entere que vive por una zona fashion (mas me hizo comprender por que tiene una belleza inigualable) entonces solo le acompañe hasta el paradero donde tomaría el bus pero ya sabiendo esto, sabia que a partir del día siguiente saldríamos juntos y le acompañaría ya no al paradero sino hasta su casa, así sucedió. Desde entonces le acompañe a su casa hasta la puerta así durante un tiempo de tanto juntos se atrevió de contarme de que tenia su enamorado pero que hace unos días acabaron (de lo que no me sorprendí pues de echo tenia que tener pues no hay ciegos en el mundo) para lo que me lleno de felicidad por que se presento el momento aunque tuviera o no me daba casi igual, por que tenias unos deseos con ella tanto así que más creció eso por ella cuando todos los días cuando le acompañaba muchos le silbaban y me envidiaban por llevar a mi lado a una despampanante mujer.
Así que cuando menos lo imagine cierto día, un jueves para ser mas especifico decidió dejarme entrar en su casa, solo por que no estaban sus padres, ella me tenia tanta confianza que veía en mi el mejor amigo que podría tener. Dentro, conocí su cuarto y me invito algo de tomar bien helado y nos pusimos a conversar mientras que le observaba esos jeans apretado a la cadera con un polito que dejaba ver algo bien formadito hasta que entre broma y broma nos comenzamos a acariciar y le bese, no pude aguantarme todo lo que sentía desde hace tiempo desde que la vi y en su cuarto le comencé a desnudar quitándole el polito y el pantalón, vi que tenia puesto un bikini negro, y le pregunte si era virgen y me contesto que si, lo que me aloco y me excito mucho mas, me quite el pantalón, el calzoncillo y listo estaba ya no quería esperar mas deseaba tenerla entre mi, encima cabalgando, así que al verle por fin con su sostén y en bikini esas piernas con una piel suave y sus nalgas bien formadas me tire encima y le quite el sostén y le comencé a chupar y acariciar esos hermosos senos, los tenia bien duritos y no pude contenerme más, quería de una vez penetrarla así que entre besos de frente me agache y le baje su bikini negro, y vi por primera vez un coño en toda mi vida y lo mejor de todo de la chica mas hermosa de mi centro de estudios aunque suene cursi para mi del planeta, no hay nadie como ella, la mas deseada por doquier y que el privilegiado de gozar con ella lo tenia yo.
Ella en la cama echada boca arriba para un lado se dejo que le metiera primero el dedo durante unos minutos, primera vez que hacia esto, estaba dispuesto hacerla completamente mía, con mi pene le comencé a sobar en la entrada de su coño veía como ella suspiraba y ya comenzaba a vivir de placer entonces dije para que hacerla larga de una vez, entonces le introduje con todo en su coño y comencé a meter y sacar una y otra vez ella gemía de placer, al ver en su bello rostro el signo de felicidad mas ese cuerpo entero y perfecto me hizo que le cogiera con todas las ganas del mundo le hice de todo, cada vez que sentía que se me venia paraba un poco para disfrutar mas en cambio ella no hizo igual pues cuando estuvimos en la postura yo abajo ella arriba cabalgando mientras le chupaba sus tetas, sentí como sus jugos se derramaban dentro, de tanto penetrarla, entre gemidos y gritos decía: aahhh oohhh sigue... sigue... ya me vengo, atraviésame con todo no pares!!! Y yo ni corto ni perezoso le hice caso ya en su segundo orgasmo me vine en todo su coño, se lo llene con todo, era algo único que no se como expresarlo, mas que placer.
Nunca imagine que las mujeres más hermosas fueran también bien apetitosas, ella no era la que conocía en la pre, mi pene le volvía loca, no pensé que en su primera vez reaccionaria con tanto apetito sexual parecía que tanto tiempo se había aguantado que me demostró que en eso si es como toda mujer común y corriente, y que solo la belleza física la hace mas provocativa y por consiguiente diferente. Pero ahí no termino como estaba contando, ella siguió y quería sus 3 al hilo así que le cumplí y yo también con las ganas que tenia de romper su culito, ser el primero, le voltee boca abajo, la puse de rodillas y sobe con mis manos ese rico panteón (culo) y sin perder tiempo con todas mis fuerzas se lo introduje en su huequito, ella lanzo un grito de dolor que no me intereso ya que al ratito se convertiría en placer, así paso. Todo su gran trasero para mi pene que penetro hasta que se terminara de vaciar en su rico hueco de su culo que para el momento ya estaba casi lleno, así ella también llego al tercer orgasmo y juntos nos vaciamos, ella ya estaba exhausta así que me dijo que hasta aquí y se paro derramando bastante jugo a lo que respondí parándome y penetrándola una ultima vez, yo quería quedar totalmente exhausto pensaba que tal vez seria la primera y ultima vez que la tendría entre mis piernas así que por atrás le agarre con mis brazos en su cintura y solo yo sentía el placer pues ella tan solo acepto por terminar de complacerme así por atrás mientras ella caminaba dirigiéndose al baño para ducharse yo le abrazaba por detrás y caminando le penetraba con un mete y saca por el culo así cuando llego a la ducha me vacié en su hueco que para entonces quedo todo abierto la había roto completamente ella al sentir que me había vaciado dentro de ella y cumplido con mi cometido me dijo que me bañara con ella y que me cambiara rápido que sus padres estarían por llegar así que le hice caso.
Luego de bañarnos nos vestimos pero ya por separado ella en el baño mientras yo en su cuarto. Ya eran las casi 6 de la tarde, cuando luego al despedirme de ella le vi puesta una minifalda apretada con una blusa rosada y bien pintada se le veía otra vez como aquella chica deseada pero inalcanzable, tranquila que no es capaz de alocarse por placer, pero yo ahora se, como se comporta cuando está en la cama. No se lo diré a nadie pues esto queda entre los dos y ustedes. Ahora cuando escuche a algún chico silbarla, desearla o decir que rica es aquella chica solo atinare a sonreír pues ninguno la tendrá como yo la tuve ni sentirá lo que yo sentí con ella pues bien difícil que se presente otra oportunidad así. Actualmente sigue llendo toda atractiva a la pre, nos saludamos y le acompaño al paradero como siempre pero eso si, no me ha hablado nunca de lo sucedido. Tal vez algún día se pueda presentar otra ocasión así pero el tiempo lo dirá.
<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a>
Mi nombre es Daniel, voy a contarles mi primera experiencia sexual.
Mis padres decidieron llevarnos a pasar un fin de semana en casa de mitía Julia, dado que hacia un año que había muerto su esposo en unaccidente automovilístico. Ella es una mujer de unos 39 años, de cuerpoesbelto, tez blanca, ojos marrones, cabello largo ondulado color negro.
Llegamos un viernes por la noche, ella nos recibió en su casa, como erademasiado tarde directamente nos fuimos a dormir. Al otro día mispadres se levantaron muy temprano como es su costumbre y salieron acaminar por la ciudad, su recorrido aeróbico dura aproximadamente unahora y media.
Yo quede dormitando como es mi sana costumbre y mi tía me despertó paradesayunar, ella llevaba puesto una bata de baño color crema, de toalla.Me dijo:
- Hola dormilón levántate.
Lo hice, y me fui derecho a desayunar, ella seguía con su bata de bañosentada sobre una silla mostrando sus piernas; muy lindas por cierto.
Antes de terminar de desayunar ella se levanto y se fue al baño, yo porsupuesto la seguí y la espié mientras se quitaba su bata para ducharse.
Mientras la miraba por el agujero de la cerradura como se quitaba toda su ropa, me masturbe.
Esa mañana al regresar mis padres de su caminata, le dijeron a mi tíaque esa noche irían al teatro, ella accedió a cuidarme, y que nos osprocurara por la tardanza, que disfruten de salir solos.
Yo no lo sabía entonces, pero Julia se traía entre manos algo muy lindo para mi.
Esa noche mientras mis padres se cambiaban para salir al teatro, mi tíaestaba en su pieza recostada viendo televisión y yo en el livinghaciendo lo mismo, cuando mis padres se fueron.
Le dije a mi tía si podía ir a su computadora a jugar al solitario, ella me dijo que sé, que no había problema, entonces fui.
Estaba sentado jugando al solitario, cuando la vi pasar a mi tía enropa interior, llevando un vaso de leche en su mano. No le presteatención y seguí jugando, lo cual me llevo no mas de media hora y yaestaba aburrido, por lo cual, lo que hice fue hurguetear en susarchivos, en los cuales descubrí una carpeta que decía fotos y filmes,el cual abrí. En ella descubrí fotos pornográficas y videos que bajabade Internet. Mire atrás mío, y como no había nadie alrededor me lospuse a ver.
Mientras lo estaba mirando, por supuesto me estaba tocando, aparece mitía, no supe como apagar la pc., y realmente me puse colorado alescuchar a mi tía diciéndome:
- Te gusta lo que estas viendo?
Asenté con la cabeza
Ella se rió, y se me acerco, vestía un conjunto de ropa interior muysugestivo, de color rojo, su tanguita era muy pequeña, y la tenía muybien metida dentro de su cola.
Apago la maquina, y me dijo:
- Ahora lo veras en vivo y en directo amor.
Mientras jugaba con mi cabello y dirigía su vista a mi pene, que estabaa mil, porque me lo estaba tocando mientras miraba la película,mientras se quito el sostén dejando sus senos al descubierto.
Mi vista de inmediato se dirigió a ellos, son muy hermosos y voluptuosos. Ella se acerco a mis oídos y me susurro en los mismos.
- Hoy debutaras mi amor.
- Y quiero que me hagas el amor.
Yo, no sabia que hacer era mi primera experiencia sexual con una mujer real, que no fuera de fantasía.
Ella me beso, bajo sus manos suavemente por mi cuerpo, hasta detenerse en mis testículos, y pija que estaba completamente dura.
Se arrodillo, bajo su cabeza a mi pene y comenzó a lamerlo, sentía sulengua y su boca en mi sexo. Mientras no dejaba de tocarme y lamerme,me quito los pantalones.
Sentía su lengua sus dientes en mi glande y antes de poder correrme en su boca, ella se levanto, me miro y me dijo:
- Lame mis tetas amor, quiero sentir tu lengua en mis pezones.
Yo me abalance de inmediato a ellos, comencé a lamerlos, a jugar con sus pezones, a morderlos, mientras ella gemía.
De repente, ella me empuja y me lleva a su cuarto tomándome de la mano.
Al entrar en su habitación me empuja, y me tira en la cama, y me dice:
- Te gusta mi vagina amor
Mientras se tocaba sobre su tanguita color rojo,
- Amor, me decía, esta mojadita, la quieres?
No podía más, estaba a mil, intente pararme para tomarla, pera ella sesentó sobre mí, me beso nuevamente, y después se dio vuelta e hicimosun 69.
Puso sus nalgas sobre mi cara y me la apretó asfixiándome, mientras me decía:
- Lame amor, siente mis jugos, mis olores...
Lo hice de inmediato, sobre su tanguita roja, estaba muy mojada, como si haría mucho que no tenía sexo.
Parecía un experto lamiendo, mientras sentía sus gemidos.
Ella de pronto, grito:
- Quítala bebe, cojeme, cojeme!
Yo lo hice de inmediato, pero antes hundí mi lengua en su vagina, mientras ella pedía, mas y mas
Ella se paro se puso en cuatro patas, y me dijo,
- Ven ahora bebe cojeme, méteme tu cosita rica dentro mió
- Sí amor, le respondí
comencé a cabalgarla, y sin darme cuenta termine acabando dentro suyo, ella me miro a los ojos, y riéndose me dijo:
- Amor, debes decirme antes que termines, porque me gusta mucho beber la leche que sale de tu pija.
- Sí lo prometo, la próxima, te lo diré.
Ella me beso tiernamente y me acostó a su lado sobre sus senos, y acurrucándome me dijo:
- Ten buenos sueños y que duermas bien.
Desde ese día, cuando puedo visito a mi tía y tenemos relaciones sexuales; pero esa será en otra historia.
Bueno, aquí os mando mi segundo relato erótico, esta vez refleja mi heterosexualidad, por si alguien dudaba tras mi otro relato llamado "Mi amigo gay".
Tengo unos veinte años y desde hace más de dos, soy entrenador de un club deportivo de mi ciudad. La historia que voy a contaros ocurrió aproximadamente hace un año. El caso es que desde que comencé a entrenar al baloncesto, me dediqué al equipo que ya estaba formado, de niños entre ocho y diez años, otro chico llevaba uno de más mayores, de entre once y trece, y el director del centro llevaba a los que tenían entre catorce y dieciséis. Todos estos equipos eran masculinos, pues siempre había sido muy difícil enganchar a niñas para que jugasen. Yo, después de mi entrenamiento me quedaba a ver a los mayores, pues quería aprender del director sobre como se llevaba un equipo (yo era nuevo). Así pues, tras los meses de invierno, empezaron a ir amigos y amigas de los jugadores entre catorce y dieciséis a verles entrenar, y puesto que no había mucha más gente, empecé a hablar con ellos, y poco a poco fuimos cogiendo confianza. De esta manera, cuando comenzó un nuevo año, logré que esas chicas que iban a verles hicieran un equipo, y como no, yo fui su entrenador. Las chicas tenían entre doce y quince añitos, es decir, justo la edad en que su cuerpo empieza a madurar, ya me entendéis. Normalmente, en el vestuario, ellas se vestían primero y luego yo entraba a decir la alineación y demás consejos.
El caso es que llegó un día en que tras el partido yo me quedé, como de costumbre, un poco más tarde de lo normal en el vestuario para recoger los balones y toda la basura que pudiéramos haber dejado por ahí tirada. Iba con los pantalones de árbitro (pues también soy árbitro y me tocaba pitar un partido después) y para quien no lo sepa, resulta que son bastante ajustados y de una tela muy fina. Así, mientras guardaba todo, encontré un sostén tirado en el suelo y lo guardé para después preguntar de quien era, en ese momento, entró Laura, una chica de mi equipo, rubia y delgada de tan sólo trece años, y me dijo que si había visto su sostén. Le respondí que sí y se lo dí e inmediatamente empezó a ponerselo sin quitarse la camiseta, sin embargo, yo me fijé en sus pechos (lo cual nunca había hecho), y me sorprendió ver que ya estaban bastante desarrollados, así que mi verga se estiró un poco. Laura se dió cuenta de que la miraba pero disimuló. Así, a medias de ponerse el sugetador, se abrió la puerta del baño, era la señora de la limpieza, y ambos nos asustamos de lo que pudiera pensar al verla poniéndose el sostén conmigo, por lo que en lo que entró el cubo y la fregona nos metimos los dos en la ducha para escondernos. Como apenas cabíamos ahí, yo estaba pegado a la pared y Laura delante mía con su culo tocando mi picha, con lo que esta se estíró hasta que Laura pudo sentirla. Para que la señora de la limpieza se fuera, encendimos el grifo, con lo que supo que estaba ocupado el vestuario y se marchó.
Tras esto, comenzamos a jugar con el agua, mojándonos el uno al otro, hasta que ella se acerca a mi, con toda la camiseta empapada de forma que los pezones se la trasparentaban y me dice, "anda, échate un poco de agua fría ahí abajo... que la tienes ardiendo", esto me dejó quieto, pero acto seguido noté como dirigía su mano a mi polla y tras desabrochar el pantalón la introducía bajo mis calzones, en ese momento comencé a besarla y abrazarla. Continuamos así un tiempo, en el cuál yo empecé a dirigir mis manos hacia sus pechos, por debajo de la camiseta. Me desabrochó la camisa y la retiró, empezando a chupar y besar mi pecho, mis pezones, la barriga... siguió así un rato mientras yo la acariciaba el pelo, finalmente decidió sacar mi pene del calzoncillo y comenzo a acariciarlo con las dos manos mientras lo miraba, como dudando, tras unos segundos, comenzó a pasarle la lengua, despacio, como si estuviera degustando un plato nuevo que no sabe si le va a gustar, después se introdujo la polla en su boca, se la sacó, volvió a metersela, me estaba encantando, llegado un momento me miró como preguntando algo, "ya falta poco", la respondí, y siguió más rápido, sin parar, hasta que toda mi leche se introdujo en su boca, "está rica", me dijo.
Tras esto volvimos a besarnos y después la recosté sobre el banco que había y la bajé sus pantalones, el chochete era lindísimo, apenas tenía pelo, y el que había era rubio, empecé a lamerlo, oí sus gemidos, empecé a sobarla el clítorix, la chupaba el coño a la vez que la introducía el dedo, era magnífico, para ella también, sus gritos me lo decían, así subí mi cabeza poco a poco, lamiendo su ombligo, sus pechos, sus pezones, su cuello... en ese momento cogí mi pene y lo dirigía hacia su vagina, entró rápidamente, estaba muy lubricada, sin embargo la dolió, y sangró un poco, pero ninguno nos dimos cuenta, era un momento demasiado bueno como para reparar en ello. La metí repetidas veces el pene mientras nos besábamos, así hasta que los dos nos volvimos a correr. Después de esto, ambos nos metimos a la ducha, juntos, y seguimos acariciándonos y demás. Tras no demasiado tiempo, entró su padre al vestuario y la llamó, ella la dijo que ya salía. "Ya nos veremos otra vez" me guiñó un ojo y se fue.
Aquella fue su primera vez pero volvimos a repetirlo varias veces.
Relatos porno
Era una noche en la cual fuimos a una cena de Aniversario de la empresa donde trabaja mi marido, yo vestida de un vestido rojo ajustado a mi hermoso cuerpo a lo cual cabe rescatar que tengo unas buenas tetas y un deseado culo acompañada de una estatura de 1.70 cm y se notaban mis largas piernas, llevaba una sandalia de taco alto y mi cabello recogido rubio.
Llegamos al lugar donde estuvimos toda la noche sentados en la mesa sin que pasara nada particular. Ya muy entrada la noche noté que ya no había casi personas en la fiesta, solo algunos compañeros de mi marido que en ese momento me percaté se fijaban en mí, miré a mi marido y pude notar que por causa de las copas bebidas se había quedado dormido, entonces supe que eso seria mi gran oportunidad.
Se me acercó uno de sus compañeros que debo decir que estaba bastante fuerte y me sacó bailar, cuando llegamos a la pista la música que sonaba era bastante romántica, entonces el aprovechó para abrazarme y apretarme contra su cuerpo, bailamos unos minutos y sentí que el se apoyaba cada vez más contra mi cuerpo y pude sentir que apoyaba su bulto contra mi. Como yo estaba pasadita de copas lo miré y me lancé contra sus labios dándole así un gran beso con la lengua, mire hacia donde estaba mi marido para ver en que estado se encontraba y él seguía dormido. Entonces después del beso me agarró de la mano y me llevó hacia la cocina la cual ya se encontraba vacía.
Llegamos a la cocina y yo que ya no podía aguantar el deseo de tener su verga entre mis labios, me arrodille ante él y la bajé la bragueta y dejé así en libertad su abultado pene, la mire sorprendida por la grandeza de su pene y temí que no cupiera en mi boca medio por lo menos unos 25cm, la tomé entre mis manos y me dispuse a hacerle una buena paja mientras lo hacia el mi dijo que no aguantaba más y que por favor me tragará esa enorme verga que tenia en mis manos, yo accedí y me empecé a darle una buena mamada la cual con su mirada el me agradecía, en eso nos percatamos que otros dos compañeros de mi marido nos habían seguido a la cocina, se acercaron hacia mi y empezaron a manosearme, uno introducía su dedo en mi muy mojada raja mientras el otro me succionaba los pechos y yo seguía con la enorme verga en mi boca.
Uno de ellos me tomó del brazo pidiéndome que me ponga de pie, al ponerme en pie se lanzaron hacia mí despojándome del vestido de una forma desesperada besándome y lamiendo todo mi cuerpo, uno de ellos me obligó que me ponga de cuatro, uno de ellos se escurrió debajo de mí, introduciendo suavemente su glande dentro de mi vagina y otro me introducía un dedo en el culo sugiriéndome que seria penetrada por atrás el tercero me agarró del pelo y me levantó la cabeza dándome leves golpes por el cuello y la cara con su pija que estaba muy tiesa, yo me sentía realizada engañando a mi marido con tres hermosas vergas que se introducían en cada orificio que encontraban a su paso.
El que estaba bajo mío me penetraba con tanta fuerza que me hacia pensar que mi vagina se partiría en mil pedazos, mientras el otro ya había introducido la mitad de su verga en mi culo. Yo me encontraba en una posición que solo podía sucumbir ante un deseo tan fuerte. El que me introducía por el culo sintió que el dolor que yo sentía era demasiado grande y fijándose que había una frasco de mayonesa cerca de él y se percato que también había un pepino, lo unto en el pepino para introducirlo dentro de mi agujero lo cual me excitaba aún más, cuando mi culo ya se encontraba bien lubricado encostó su pija hacia mi agujerito lo introdujo de un solo golpe, estuvimos así por cinco minutos aproximadamente y luego cambiamos de posición. Después de esto me condujeron hasta la mesada de la cocina haciéndome acostar sobre ella, al que me penetraba por el culo pasé a chuparle la verga, al que yo le hacia una rica mamada a pasó a chuparme la concha y así quedando el tercero que pasó a acariciar, lamer y succionar mis senos.
El que me mamaba la concha se detuvo para así colocarme mermelada de fresas y continuo lamiéndomela, al que le estaba succionando la pija no aguantó haciendo que ese manjar de liquido corriera por mi boca llegando a mi garganta, yo me relamía saboreando su esperma, mientras que el que me chupaba las tetas se subió encima de mí para hacerse una paja rusa que al final también termino por correrse en mis bellos pechos y el otro pasó a metérmela con tanta fuerza que yo ya sentía que se venia entonces le pedí que se corriera en mi deseado culo, el me puso de cuatro y como ya estaba bien preparada lo introdujo con mucha fuerza y a la tercera embestida ya se corrió dentro de mi culo. Luego a todos pasé a darles una buena chupada para limpiarles la verga.
Después de tanto gozo nos vestimos, y prometimos que algún día volveríamos a repetir esta misma experiencia. Ya lista yo salí sola para que nadie sospechara y en ese mismo momento noté que mi marido ya se había despertado y me preguntó de donde venia lo cual respondí que estaba buscando el sanitario y el inocentemente me indicó donde quedaba en realidad. Tomé mi cartera, abracé a mi marido y le di un largo beso en la boca, salimos del lugar tomamos un taxi y volvimos a casa.
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Hermoso culo amateur. Esta jovencita esta para comerla!
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Con veinte años y debido a mi timidez, apenas tenia experiencia con chicas, pero no dejaba de estar obsesionado por el sexo.
Vivia a una hora en tren de barcelona y a la que podia, cogia el tren yme recorria las cabinas de los sexchops, los peetshow, comprabarevistas porno, videos,...
Tambien empecé a frecuentar los cines x, aunque cuando empece a irdesconocia la movida que hay habia, como lugar de contacto entre tios.
Cuando iba, me ponia en una fila del fondo, me sacaba el rabo yempezaba a pajearme mientras miraba la peli, a veces se acercaba alguntio con ganas de rollo o para mirar, pero pasaba de eso y me levantabay cambia de sitio o paraba de tocarme, hasta que se largaba el otro.
Aun asi , empezaba a darme morbo, todo el movimiento de tios,en lasala, gente que iba recorriendo la sala buscando pollas, cabezas quedesaparecian hacia la entrepierna del compañero de butaca,tios de pieen el fondo de la sala pajeandose mutuamente,....
Empece a mirar como se lo montaban otros, cuando coincidian en las filade atras o de adelante de donde estaba, aunque cuando intentabanenrrollarse conmigo me levantaba.
Una vez, miraba como un tio se la mamaba a otro en la fila de enfrente,cuando se acerco un tio de unos cuarenta años y se sento a una butacade donde yo estaba.
Se sacó la polla y empezó a pajearse mientras miraba como se lomontaban los otros dos.Tenia una polla grande y dura, y como no memiraba, yo segui con mi paja. El hombre para ver mejor se terminosentando a mi lado y me comentó "vaya mamada" y cada uno siguió a losuyo hasta que la pareja de enfrente marchó.
El hombre, cogio mi mano y la puso en su polla, y me dijo "nos hacemosuna paja a medias?" y empezo a pajearse agarrandome mi mano,yo me dejehacer,muy cortado, y el busco mi polla, mas pequeña y que se habiaarrugado de golpe por la impresion y me la fue tocando hasta que se fueponiendo morcillona.
Si con la derecha me pajeaba,puso la izquierda encima de mis hombros, yempezó a apretar para que bajara mi cabeza hacia su polla.
Yo intenté resistir, pero el tio me dijo, que estaba sano, y que luegome lo haria el, y me deje convencer aunque no queria, hasta que memetio su polla en mi boca.
Al principio solo tenia el capullo dentro, pero me apreto la cabeza, yempezo a moverse, para ir metiendo mas polla.Parecia que me ahogaba yel tio se la saco de la boca y me la paso por los labio y por la carahasta que volvio a metermela en la boca.
Me daba asco, aunque no era capaz de hacer nada para impedirlo.El tioempezo a gemir hasta que se corrio dentro, apretando la cabeza yobligandome a tragar parte de la leche, hasta que me soltó.Teniaarcadas y ganas de vomitar, escupi la leche que me quebaba en la boca yme fui al baño. Intente meterme en un baño, pero estaba cerrado y seoian gemidos , dos tios estaban tocandose las pollas de pie en losurinarios,y uno hizo un comentario, que me hizo dar cuenta de que teniala polla medio sacada, y restos de leche en la cara.
Me limpié la cara y sali corriendo del cine, traumatizado y avergonzado por lo que habia pasado.
Fui a un bar y en el baño intenté enjuagarme la bocay termine vomitando.Me tome dos o tres cervezas y sali.
Me asqueaba de mi mismo, pero tenia ganas de desquitarme, me sentiahumillado y con un gran cabreo.Aun faltava mas de una hora para cogerel tren, y entre la rabia, las cervezas y una sensacion extraña que mehabia quedado, cogi el periódico del bar y busque anuncios decontactos. Alguna chica que me hiciera lo mismo que me habian obligadoa hacer y que fuera barato, y cerca de donde estaba. Hice un par dellamadas hasta encontrar un piso cerca de alli.
En el piso con la dueña hablamos de los servicios y los precios,soloqueria un frances completo, corriendome en la boca de la chica, hi hizopasar a las chicas que lo hacian, solo una negrita gordita, que no megustaba mucho,luego entro la dueña y llamo a una chica, era un travestimulata,jovencita, sudamericana, por si me interesaba.Elegi eltravesti,me gusto que apenas hablara,me quite la ropa y me estire en lacama, pajeandome ella se quito la ropa y solo con bragas empezo abesarme el cuerpo, hasta bajar hasta mi polla, que empezo a chupar. Alrato le dije espera, me puse de pie en el suelo y ella sentada en lacama, le pase la polla por la cara, por los labios, y empece a follarlela boca a golpes,metiendola toda la polla a cada golpe.
Ella apenas se quejaba, la saque por que estaba a punto de correrme, ledije sacate las bragas, se levanto y vi que tenia un pene de unos 18cms, gorda. De pie los dos me refregue mi polla contra la suya,mientras le comia la boca. Estaba muy excitado, bastante loco. La hiceestirar en la cama y empece a comerle la polla, y el travesti empezo agemir y a pedirme mi polla, hasta terminar haciendo un 69. Yo me corrien su boca y se trago toda la leche y deje de chuparsela, agotado portodo. Ella termino de correrse pajeandose, y se lamio su leche de susdedos."Sabe mejor la tuya", me dijo.
Pague y me fui, ese dia havia sido el mas extraño de mi vida, y marco mis gustos sexuales para siempre.
Gracias Fotos Amateurs
Mi nombre es Alberto, tengo 42 años y quiero contarles un relato sucedido hace solo seis meses y que ha cambiado mi vida. Estaba pasando una mala racha económica, leyendo el periódico local en busca de esa oportunidad de trabajo inexistente, repare por azar en la sección de contactos en un anuncio que decía algo así como "Abuela, necesito una urgente relación, pago bien, tfno...". En un principio lo pase por alto, tenía necesidad de dinero, pero follar con una anciana no me seducía nada. Luego, pensé: "Que pierdo con llamar, siempre se puede salir corriendo".
Llamé, me atendió una voz cálida que dijo ser la interesada, no me dijo nada por teléfono, requería una entrevista, allí hablaríamos de dinero y de los detalles. Me citó en su domicilio, la casa estaba en el centro de la población, en la zona de los ricos, había pasado por allí muchas veces y me había fijado en el portero del inmueble. "Vivir aquí debe costar lo suyo" había pensado. El portero tenía encargo de dejarme pasar, el interior del portal era impresionante, me había vestido con mi mejor traje y gracias a eso pase desapercibido. La casa tenía pocos vecinos y los apartamentos eran al parecer duplex. Llame y me abrió una señora de edad indetectable y de una gran belleza, melena rubia bien cuidada, piel morena, no había arrugas a la vista, una blusa semitransparente, seguramente para la ocasión, dejaba ver un sujetador negro y rojo que apretaban unas poderosas tetas, la falda corta asomaba unas piernas de mujer madura que nada tenían que envidiar.
"¿Albero, verdad?, Soy Raquel, la abuela del anuncio, con quien habló por teléfono". "No entiendo", dije. "No parece Ud. muy mayor", sonrió "Tengo 72 años, aunque gracias al gimnasio y al bisturí, aparento muchos menos como Ud. ve y además dada mi posición no puedo andar por ahí buscando pollas que llevarme a la boca". Me dejó clavado. "Mire Alberto, se trata de lo siguiente, solo pido un buen polvo con una peculiaridad, ha de ser en presencia de mi marido, que tiene la edad que yo, pero está peor conservado, además una vez que me folle, doy por sentado que mi marido se excitará y estará en disposición de follarme, si no es así tendría que ayudarme a que pudiera hacérmelo".
No podía creer lo que estaba oyendo, "pero, que diablos" pensé. "Y el precio" pregunté. "La tarifa, por el primer polvo 600 euros, si mi marido me folla, 600 más". No lo pensé más, la mujer estaba apetecible y por mal que fueran las cosas..."¿Cuando quiere que...?" No me dejo continuar, "¿Le parece bien ahora?". Me llevó de la mano hacia el dormitorio en el piso superior, era más grande que mi casa, al fondo, junto a la cama un hombre mayor leía distraído, nos ignoró, vestía una bata y estaba inmerso en su lectura. Raquel se me acercó y comenzó a desnudarme, asintiendo a medida que descubría mi cuerpo, dejó caer mis pantalones y tiro de mis calzoncillos, "Vale, creo que servirá" dijo mirándome la polla que luchaba por levantarse en medio del pudor que me suponía el evento.
Se abrió la blusa, se soltó el sujetador, tenía dos tetas de impresión, la cicatriz de debajo que luego descubrí me hizo comprender que no eran naturales. Dejo caer la corta falda y dejo al aire un pubis totalmente depilado, no tenia barriga, las tetas no colgaban, no había arrugas, parecía una mujer de cuarenta años. Se acerco, pegó sus tetas a mi cuerpo y directamente me metió la lengua en la boca al tiempo que dirigía su mano a mis testículos y los levantaba como cociéndolos a peso. Se dejo caer en la cama y empujo mi cabeza hacia su inmaculado coño. Olía divinamente, Metí mi lengua entre sus labios vaginales y subí en busca del clítoris, era muy grande, el más grande que me había comido. Raquel estaba necesitada de hombre, comenzó a gemir casi de inmediato al tiempo que la piel de sus nalgas se volvía de gallina y todo su cuerpo se estremecía. "Alberto, amor, follame, por favor."
No esperé, me desplacé sobre su cuerpo y coloque mi polla en su vagina, nos dimos la vuelta, ella me cabalgaba, saltando sobre mi polla con la ligereza de una niña de veinte años, profiriendo todo un repertorio de obscenidades, al tiempo que se corría, joder con la abuela, la di la vuelta y tras media docena de mete sacas me corrí centro de ella.
Ladeo la cabeza "Antonio, ¿puedes venir?". El anciano se levantó dejó caer la bata y comprobé su pene flácido, No tenia buena pinta, yo me acababa de correr, la tenia dentro y aun la notaba dura, pero mi compañero de aventuras... Antonio subió a la cama, fui a sacarla y Raquel me dijo, "espera, déjala dentro y por favor masajea un poco a Antonio mientras yo se la chupo". ¡Caramba! era eso, "Bueno, Alberto a ganarte el pan". Haciendo equilibrio, comencé a realizar una paja a mi compañero de fatigas mientras su mujer le mamaba la punta. Fue un trabajo duro, a base de moverme, me volví a correr dentro de Raquel, pero con premio, Antonio se empalmó, con mucho cuidado le ayude a meterla en el coño encharcado de su mujer y a base de masajearles los testículos e introducirle un dedo en el ano, siguiendo las instrucciones de su espesa, conseguimos que se corriera.
Me estaba duchando cuando Raquel se coló en la ducha, te has ganado un regalo especial y dicho esto se sentó en un banquillo especial que había al fondo y me dio una entre mamada y cubana que me dejó para el desguace.
Cene con ellos, Antonio me pregunto a que me dedicaba, estoy en paro, soy ingeniero, pero ahora no tengo trabajo, se intereso por mi especialidad y me ofreció trabajo en una de sus empresas. No lo pensé, acepte de inmediato, el empleo incluía, lo supe después, el follarme a su mujer una vez a la semana, previa cita, que nos viniera bien a los dos y dejarle participar a él en alguna de ellas. La realidad es que Raquel ha salido una viciosa de espanto y me folla a veces cuatro veces a la semana, me deja seco, pero eso si me ha regalado un apartamento en su mismo edificio y ella no lo sabe aun, me va a regalar un BMW 530i que ya tengo reservado. Y es que no la cobro ya los servicios.
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