A ojos de todo el mundo que nos conoce somos simplemente unas buenas amigas, inseparables. Realmente, a parte de eso también somos amantes desde unos meses. Que vayamos siempre juntas no es nada extraño y eso es una gran ventaja a la hora de dormir juntas y en consecuencia, disfrutar del sexo entre nosotras. Estudiamos en la misma clase, y ahora estamos de exámenes por lo que quedamos mucho para estudiar juntas. Esto que voy a contar ocurrió hace tan solo una semana.
Era domingo y teníamos examen el lunes, por lo que me desplace hasta su casa para dar un repaso a los temas. En su casa no había nadie puesto que habían salido todos de fin de semana. Llegué un poco antes de la hora prevista (ya que habíamos quedado con más gente) solo para despertarla en persona. Así que le llame al timbre y subí hasta su casa. Tenia cara de dormida, pues era relativamente pronto. Por supuesto me recibió en pijama y cuando abrió la puerta se fue directa a tumbarse otra vez a la cama, pero eso si, con una amplia sonrisa en la boca al ver que era yo y que había ido a despertarla.
Al verla así, acostada sobre la cama y prácticamente indefensa debido al sueño, no pude resistirme y la empecé a besar. Llevaba un pijama que solamente constaba de unos pantalones muy cortos y una camiseta de tirantes que dejaba entrever todo, ya que no llevaba ropa interior. Con los besos ya no pude parar, necesitaba seguir puesto que tenia ganas de ella. Así que le subí la camiseta y admirar sus maravillosas tetas. Tenia una talla 100 de pecho, claramente eran grandes. Sus pezones son redondos, rosados y muy proporcionados. Chupar esas maravillas es algo que me tiene enganchada. Es verlos y no poder aguantar el cojerlas con las dos manos, manosearlas, lamerlas, besarlas, comérmelas enteras y pellizcar sus pezones.
El ambiente iba subiendo de temperatura y ya no había marcha atrás. Ella sabia que cuando yo empezaba así no tenia ninguna intención de parar para nada, simplemente se limitaba a estar tumbada en la cama disfrutando de la situación. Le quite la camiseta y seguí ocupándome de su boca y su pecho. Pero al momento le quite también los pantalones, quedado desnuda ante mí. Era una imagen espectacular. Cada vez que veía a mi amiga así es que me volvía loca. Solo con eso yo ya me llegaba a poner pero que muy cachonda.
Empecé a jugar con su clítoris con un dedo, a repasar los labios y a enredarme por su escaso bello púbico. Mi boca estaba con la suya pero rápidamente empecé a bajar de forma que le lamí y bese todo el cuerpo, empezando del cuello y acabando en los pies. Su cara ya era de desespero, estaba haciéndome de rogar demasiado y me amenazaba con su mirada para que me centrase ya en su humedad vaginal. Por ello no lo dudé y puse mi cara entre sus piernas. Primero empecé con la lengua a acariciar suavemente la zona y con los dedos a jugar un poco. Me encanta el sabor que tiene en esos momentos, dulzon, muy suyo; y también verlo, pues lo lleva depilado como a mí me gusta, solo un poquitín de pelo que hace que sea una vista muy erótica. A los pocos segundos yo tampoco podía aguantarme mas, así que metí toda mi lengua en su húmeda cuevecita y a lamer como una loca para quedarme con todos sus jugos. Con las manos le tocaba las tetas y los pezones totalmente duros por la situación. No pensaba despegar mi cara de ahí hasta que no se corriese. Se la lamí toda entera, jugué con mis dientes con su clítoris, me recorrí cada centímetro de su concha a lengüetazos.
Hubo momentos donde mi lengua se perdía dentro de ella y era justo entonces cuando no podía reprimir los gemidos ni los espasmos, pues no paraba de mover las caderas. Me gustaba oír cada sonido que hacia en nuestros encuentros sexuales. Durante unos minutos estuve comiéndome todos sus jugos y saboreándolos, mis manos no paraban y mi lengua cada vez se movía más rápidamente. Iba a acabar con ella sin usar ningún dedo, solo con mi boca y mi lengua. Y ese momento no tardó en llegar. Su respiración se acelero mucho, sus gritos aumentaron su frecuencia aunque tuvieron que disminuir su intensidad por los vecinos. Sus caderas subían y bajaban de manera frenética. Yo tenia que hacer verdaderos esfuerzos por que mi boca no se despegase de su coñito en ese momento que tanto me gusta y con tantas ansias esperaba, el momento de correrse. Fue como una explosión, sus jugos aumentaron considerablemente. Yo no daba para tragármelo todo. Duró unos segundos, puso los ojos en blanco y se quedo como exhausta en la cama. Yo seguía lamiendo para limpiarlo todo bien. Me encantaba que se corriese en mi boca pero me rogó como pudo que parara.
Me situé a su lado en la cama y empecé a besarla con la pasión propia del momento. La pobre no podía ni moverse, su respiración seguía agitada, ese tipo de orgasmos la dejaban sin fuerzas. Cuando pudo me sonrió y me recordó lo mala que era cuando tenia un momento con ella, pero era algo que le gustaba. Otra ventaja de mi amiga es que es multiorgásmica, por lo que mis “buenos días” no habían acabado ahí. Cuando se recuperó y se iba a levantar a la ducha, yo no la dejé y la volví a tumbar en la cama de un solo movimiento. Me miró con cara de ruego para que no siguiese por donde iba, pero pensaba seguir de igual forma. Seguía bastante mojadita así que empecé a jugar con un dedo, que pronto tuvieron que ser dos porque uno solo apenas notaba nada. Después pasaron a ser tres. Los metía y sacaba de forma regular. Iba cambiando de ritmo, primero lento, después más rápido y luego lento otra vez. Por supuesto volvió a lubricar. Me gustaba porque lo hacia tan en exceso que sus jugos chorreaban por sus muslos y su culo y yo disfrutaba mucho pasando mis manos y mi lengua por esas partes.
Con lo mojada que estaba aproveche para meter uno de mis dedos por su culo y así estimular también esa parte. Era algo que si se le hacia bien hecho, le encantaba y yo lo sabia. Su cara era un reflejo claro de su excitación, así que comencé a un ritmo mas o menos rápido a meter y sacar todos los dedos. Un movimiento intenso y seguido. Yo mientras la besaba pero cuando sabia que no le quedaba mucho para volver a acabar, dirigí mi boca a su clítoris con el que jugué y lamí hasta que volvió a tener otro orgasmo. Ahora si que la dejé descansar un poco. No quería ser más mala, por ahora.
Ahora si que quería ducharse antes de que llegase la gente. Yo me levanté de la cama para que ella pudiese hacerlo, pero me cogió de los brazos y me dijo que quería saber como estaba yo después de cómo me había comportado con ella. Me metió la mano por debajo de la falda y aparto mi tanga. No le hizo falta buscar mucho porque rápidamente notó con los dedos lo mojadita que estaba yo, tanto que me chorreaba por las piernas. Me dijo que no pensaba dejarme así, que sería muy mala amiga si lo hiciese. Me tiró sobre la cama y me subió la falda, me quito el tanga y hundió su boca en mi entrepierna. Jugó un poco con su lengua y empezó a meter dedos en mi raja completamente húmeda. Yo quería morir del gusto. Había aguantado de forma heroica mientras acaba con ella, pero era mi turno y agradecía la dedicación que mostraba conmigo.
No tarde mucho en alcanzar el orgasmo. Notar su lengua y sus dedos como recorrían mi coño era una experiencia inigualable. Yo no paraba de gemir y cuanto mas rápido lo hacia, mas aumentaba ella el ritmo del metesaca de sus dedos en mi interior (a estas alturas ya eran 4 los dedos que tenia en mi interior). Me corrí al momento, en su mano y su boca, de forma incontrolada. Pronuncié un grito ahogado de puro placer. Adoraba aquel momento. Le supliqué que parara y se sentó a mi lado al borde de la cama. Me dio un apasionado beso y se levantó camino a la ducha. Como pude me recuperé. Ahora mismo yo también necesitaba una ducha y me dirigí al cuarto de baño. La pillé regulando el agua para meterse dentro y por supuesto, yo pensaba meterme a ducharme también, así que...
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Todo sucedió cuando me despidieron de mi trabajo por mantener relaciones con la secretaria de mi jefe. Yo no le dije nada a mi esposa pues como trabajo de representante y cobro buenas comisiones y además debido a que otras empresas del sector estaban interesadas en contratarme llegué a un acuerdo para que en vez de subirme el sueldo en la hoja de salarios me lo subieran en los incentivos, con lo que siempre podía hacer algunos morillos a mi esposa. Con lo que tenía guardado de comisiones no dije nada en casa y me dedique a presentarme en las empresas que me habían querido contratar con anterioridad y cuando conseguí un trabajo, lo cual no me costo mas de una semana, dije en casa que me habían ofrecido el trabajo y que había aceptado, pero que tenía que empezar a trabajar a primeros del mes siguiente, con lo que dispondría de unos 15 dias libres.
Al cabo de unos días mi cuñada que tiene un negocio de venta de artículos de bazar, me pidió que si les podía hacer el favor de ayudar a mi sobrina de consolidar un recuento exhaustivo del material que tenía en la tienda pues ellos se iban a ir a Madrid a la feria para hacer una serie de compras para preparar la campaña de Navidad, yo accedí por supuesto y así empezó todo.
El primer día y mientras Yo me estaba mirando en el programa de ordenador como tenían clasificado el material y al encontrar cosas que no me cuadraban le pregunté a mi sobrina unas cosas y ella muy amablemente me las empezó a explicar pero con una proximidad extrema, tengo que decir que mi sobrina esta pero que muy buena, tiene 18 años recién cumplidos y tiene un par de tetas de impresión un culo espectacular y se le marca siempre el monte de venus, pues lleva unos pantalones muy ajustados, pero volviendo a lo de antes, me quede muy sorprendido pues me aplasto sus tetas contra mi espalda, cuando no era necesario, y yo me aparte un poco, pero ella insistió y yo se lo reproché, pero su contestación fue que si seguía con esa actitud ya me podía marchar, y que hablaría con la Tia para explicarle las autenticas causas de mi despido. Yo me que perplejo y le dije que por que me decía eso si no me había despedido de nadie, a lo que ella me contestó que la secretaria de mi jefe es muy amiga suya y ya hacia tiempo que sabía que nos lo montábamos juntos. Le pregunté que pretendía y me dijo que tranquilo que no me iba a pedir que la desvirgara, pues ya lo estaba pero que quería comprobar todo lo que su amiga le había contado y nada mas acabar de decir eso me puso la mano en mi entrepierna y masajeándome mi polla para que me empezara a crecer.
La verdad es que no le costo mucho pues con ese par de tetas enfrente mío y su mano en mi paquete en cuestión de segundos estábamos subiendo al almacén. Mi sobrina tomo toda la iniciativa y me dijo que me dejara hacer para que luego pudiera decir quien me ponía más, si ella o su amiga. En un momento me había bajado la cremallera y me sacó toda la polla la cual se metió en su boca y empezó a chupar con verdadero celo, entonces paro y me bajo por completo los pantalones y los calzoncillos, yo le intente bajar los pantalones tambien pero me dijo que esperara un poco y me la siguió chupando, yo le metía mano por toda su entrepierna y le apretaba el coño le mordía las tetas y le intentaba meter la mano por donde podía y ella solo decía tranquilo déjate hacer ya me disfrutarás mas tarde, y seguía chupando, se metía los huevos en la boca los sacaba se metía toda la polla y me acariciaba el ano con un dedo, la verdad es que me estaba poniendo a cien y yo ya estaba que no aguantaba más por lo que le dije que ahora me tocaba a mi. Entonces ella y con no muy buenas ganas se dejo bajar el pantalón y el tanga, le quite el top y la deje totalmente en pelotas, y joder que buena está. la puse de rudillas enfrente mío y le di un largo beso, que bien movía la lengua, me puso fuera de mi pero me aguante pues quería que sufriera y disfrutara como yo. Le puse la mano en su coño y se lo apreté un poquito y con el dedo índice le fui separando los labios y le rozaba el clítoris y le entraba por el agujero de la vajina sin dejar de besarnos luego le metí dos dedos y empecé a entrar y a salir con lo que ella se empezaba a mover de una forma sensual, luego la estire en el suelo y le abrí las piernas, lo que vi me dejo atónito pues nunca habia visto la raja del coño depilada y tan sonrosadita, me acerque y le chupe el clítoris le metí la lengua dentro de su vajina y con un dedo le masajeaba el clítoris y con la otra mano le acariciaba el ano, notaba como jadeaba de placer y me pidió que se la metiera pues se quería correr con mi polla dentro a lo que yo le dije que se corriera así pues yo me quería beber todos sus jugos y que ya me la follaría mas tarde seguí unos segundos mas y se corrió de una forma brutal pues le tenía la lengua dentro y el su culo tenía dos dedos lo cual le dio un placer tremendo.
Cuando acabo y después de estar un rato mas chupándole el clítoris me pidió que se metiera en la boca pues quería sentir también lo mismo conmigo a lo que yo accedí pues estaba que se me salía todo y así fue, en cuanto se la metió en la boca me corrí como un poseso sujetándole la cabeza contra mi polla por lo que por poco la ahogo. Quedamos rendidos pero al momento empezó a chuparme la polla otra vez, pero le costo que se pusiera en marcha, pero cuando lo consiguió estaba mas gorda y dura que antes y le dije, ves por lo que valía la pena esperar.
Entonces mi sobrina se estiró en el suelo con las piernas bien abiertas y le puse la punta en la entrada de su vajina y apreté, no me costo demasiado entrar por lo bien lubricada que estaba de la corrida anterior y empezamos a follar como locos cambiamos varias veces de posición y ella tuvo tres orgasmos seguidos, cuando ya no podía más pues le dolía todo el coño me pidió que se la metiera por el culo pues ya que le había dado un placer que no le habían dados sus dos novios era justo que yo le desvirgara el culo, tengo que confesar que eso me excito mucho y le dije que seguramente le haría daño, pero que si ella quería para mi sería un placer inmenso, como no teníamos ni vaselina ni aceite le iba metiendo alternativamente un dedo en el coño y luego con sus jugos se lo metía en el culo, pero no era suficiente pues el coño se le estaba secando, entonces le puse saliva y ella me chupo la polla para que estuviera bien húmeda y entonces le metí el capullo, le dolió un poco pero me dijo que empujara un poco mas a lo que yo accedí y le di un pequeño empujón y me dijo que parara que le hacía mucho daño me decía que le quemaba pare un poco pero la presión que ejercía su culo contra mi polla hizo que no pudiera aguantar más y le dí un brusco empujón que hizo que se le metiera toda mi polla dentro de su culo dando un grito desgarrador que hasta a mi me asustó, nos quedamos en esa posición un rato y cuando le propuse sacársela me dijo que ni se me ocurriera, que ahora ya había pasado lo peor y que empezara a fallármela pues quería disfrutar, yo empecé poco a poco a sacarla y a meterla y al poco rato ya tenía el culo lo suficientemente abierto para poder follar con toda tranquilidad, y al poco nos corrimos los dos teniendo un orgasmo como nunca habia tenido, se la saque y mi sobrina me la cogió con su mano izquierda y con la derecha la acarició y le dijo que a partir de ahora te tendré muchas veces en mis manos, la limpio con un pañuelo y se la metió en la boca haciéndome una mamada que aun hoy después de haber pasado mas de un año aun me acuerdo. Nos vestimos y bajamos a la tienda para seguir con el inventario. Cada día antes de empezar a trabajar nos íbamos al almacén y nos pegamos un par de polvos y a trabajar. Mi sorpresa fue cuando volvió mi cuñada de Madrid y le presentamos todo el inventario acabado y me dijo, ahora tendremos que compartir dos secretos y me guiñó un ojo. Desde entonces cada semana paso un día por la tienda de mi cuñada y hacemos un pequeño balance del almacén, a veces con ella sola y a veces con ella y mi sobrina.
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No es que yo tenga un cuerpo perfecto. Desde luego no soy un “chico 10”, pero lo cierto es que tengo bastante éxito con las mujeres; no sé, quizás se pueda decir que soy atractivo. De cualquier forma, si me propongo salir una noche por ahí y acostarme con una mujer conocida o desconocida, lo consigo sin gran esfuerzo. Ese día en concreto, un viernes por la noche, fui a mi garito habitual. Yo estaba poco animado ya que la jornada laboral había sido algo complicada y lo único que pretendía era tomar un par de copas. Me senté en la barra a beber y charlar con un amigo. Al rato entraron en el local tres chicas desconocidas que, por supuesto, no eran clientas habituales. Las tres eran muy atractivas, pero una de ellas destacaba enigmáticamente. Tenía un cuerpo exquisito; su vestido ajustado de minifalda permitía admirar sus perfectas curvas, especialmente sus jugosos pechos y su estrecha cintura. Pero tenía algo más, algo indefinido... quizás fuese su mirada profunda e hipnótica. Sea como fuere, lo cierto es que su visión me sacó del aletargamiento en el que me encontraba y decidí que esa noche intentaría algo más que tomar un par de copas. Comencé a posar mi mirada sobre ella sin ningún disimulo y al cabo de un rato, se percató de la situación. Sus ojos también se clavaron en mí; nos estábamos cruzando insinuaciones, observándonos y al final, deseándonos. Pasados unos minutos ella se separó inesperadamente de sus amigas y, sin quitarme la vista de encima, se dirigió a la puerta de salida. De inmediato salté como un resorte y la seguí. Estaba esperándome en la calle, en postura algo insinuante.
- Me llamo Sofía, ¿y tú?
- Rubén – contesté - No te conozco; no sueles venir por aquí
- Es la primera vez que vengo. Me gusta moverme mucho por la ciudad y probar diversos ambientes - dijo ella enigmáticamente.
- Ya. Bueno, ¿damos una vuelta?
- ¿A tu casa?
Me quedé un poco sorprendido por la rapidez de los acontecimientos.
- Sí, claro. Vivo cerca - acerté a decir.
Nos dirigimos a un barrio moderno donde se encontraba mi piso. La verdad es que yo marchaba bien económicamente. Soy soltero y mi sueldo es más que aceptable, así que mi piso está en una zona decente y es espacioso y bien amueblado. Abrí la puerta y entramos.
- ¿Quieres tomar algo?
- Sólo tu polla.
Volví a sorprenderme por lo realmente acelerado que iba todo, pero desde luego, no me resistí. Ella me agarró de la nuca y acercó mi boca a la suya. Literalmente enroscó su lengua con la mía, haciéndola reptar como una serpiente. Su saliva se mezclaba con la mía de forma salvaje. De vez en cuando separaba sus labios de los míos y un hilillo de saliva quedaba colgando entre ambos.
- Saca la puta lengua y ponla de punta - me ordenó.
Obedecí. La rodeó con sus labios y empezó a “mamar” mi lengua, acompasando los movimientos con los de su mano que me tenía agarrado el pelo de la nuca, moviendo mi cabeza de atrás hacia delante. De repente paró, separo su rostro del mío y me dijo:
- ¿Te gusta? Pues imagínate lo que puedo hacer con tu polla.
Sonrió maliciosamente y de nuevo me besó mientras me sobaba el culo, aunque mejor sería decir, mientras me amasaba el culo. Yo, por mi parte, ante tal intimidación intenté llevar la iniciativa y comencé a besar su cuello y a sobar sus tetas. Estaba disfrutando de un cuerpo perfecto. Ella me magreaba el pene con auténtica furia y mis pantalones no eran capaces de disimular mínimamente la más tremenda erección que había tenido en mi vida. La abracé con fuerza y me agaché ligeramente para cogerla del culo y a horcajadas llevarla a la cama... fue entonces cuando lo noté. En esa posición noté un enorme bulto que apretaba mi estómago. La bajé al suelo y me fijé en su entrepierna: una barra de carne se marcaba en su ceñido traje.
- ¡Joder! ¡Pero si eres un travesti! - dije entre sorprendido y asustado.
- ¡Cállate cabrón! - dijo.
Me agarró la cabeza he hizo que me agachara a la altura de su vientre. Sus brazos eran los de una mujer, pero tenían la fuerza de un hombre. En otras circunstancias (si enfrente hubiese tenido un hombre de verdad), me hubiese revelado, pero me encontraba en un estado de profundo asombro, curiosidad y, porque negarlo, de extraña excitación. Lo cierto es que consciente o inconscientemente, me dejé hacer. Sofía se remangó la minifalda de su ajustado vestido; su tranca saltó como un resorte. Era enorme: había escapado por uno de los lados de su minúsculo tanga negro. No tenía ni un pelo, estaba completamente rasurada, con unos huevos enormes y relucientes.
- Huélelo - ordenó apuntando la polla hacia mi cara.
Lo olí. Olía a hombre en cuerpo de mujer, olía a excitación, olía a deseo, olía a humedad ácida... olía a gloria.
- ¡Lámelo, cerdo!
Como hipnotizado, sin ser dueño de mis actos, lo hice. Le pegué un tímido lengüetazo, pero suficiente como para paladear su gusto. Entonces me di cuenta de lo que en realidad había en mi mente: el hipnotismo, la sumisión y la debilidad dieron paso al deseo en estado puro. Un solo lengüetazo sirvió para demostrarme que lo que yo deseaba era hacer correrse esa polla que tenía delante de mis morros. Sin dudar, metí en mi boca toda la longitud que pude de ese enorme falo. Jamás había chupado un pene, pero quizás algo instintivo me decía cómo hacerlo, así que comencé a lamer su miembro con auténtico deseo. Ello no debió ser suficiente para Sofía, ya que me cogió de la cabeza y empezó un rápido vaivén de sus caderas hundiéndome la polla hasta la garganta. Estaba medio asfixiado, pero por nada en el mundo quería yo rechazar esa descomunal tranca. Deseaba que se corriera en mi boca, así que intentaba sorber su glande como quien mama de una teta.
- Así, cabrón... así. ¡Chupa fuerte, cerdo! - me decía.
Yo obedecía. Su polla entraba y salía de mi boca a una velocidad increíble; en la comisura de mis labios se había formado una compacta espuma compuesta de mi saliva y sus fluidos. Su polla era la cosa más sabrosa que había probado en toda mi vida. De repente, paró sus caderas y me tiró hacía atrás del cabello, obligándome a mirarla.
- ¡Abre la boca, puerco! - ordenó.
La miré con curiosidad e incertidumbre, obedeciendo expectante. Se agachó ligeramente y escupió en mi boca.
- Vamos, sigue mamándola; ahora resbalará mejor. ¡Ja, ja, ja!
Así estuvimos un largo rato. La muy zorra no se corría a pesar de que yo ponía todo mi empeño en conseguir que soltase su leche. Al cabo de unos minutos volvió a tirar de mi cabello y separó mi cara de su miembro.
- Ahora me vas a lamer bien lamida.
Se acostó en la cama boca arriba y levantó sus piernas, ofreciéndome su polla, huevos y culo. Esa visión hizo que mi pene se pusiera aún más duro dentro de mis pantalones.
- Chupa mis testículos, hijo puta.
Me acerqué andando a cuatro patas hasta poner mi cara a la altura de sus huevos. Los lamí, los chupé; jugué con ellos, los sorbí, los embadurné con mi saliva y los lubrifiqué de tal manera que si me hubiese metido la polla en mi culo, habrían entrado también. Instintivamente, bajé mi lengua hacia su ano. Me detuve unos segundos a lamer la base de sus testículos y desde allí pude ver como su atractivo esfínter se contraía y se relajaba como intentando llamar mi atención. Aquello desprendía un olor dulzón e hipnótico. No lo dudé un instante y recorrí con intenso lametón el orificio de su culo. Ella gimió levemente.
- Uuufff... siii... uuummm...
Otro lametón tras otro y sus gemidos aumentaron en número y en intensidad. Entonces decidí meter mi lengua en aquel resbaladizo y cálido agujero. Evidentemente, a estas alturas ya me daba lo mismo si lo que tenía delante era una mujer o un travestí. Es más, creo que estaba encantado con el hecho de que fuera un travestí. Sofía comenzó a mover sus caderas de una forma salvaje e infatigable a la vez que yo introducía la lengua en su esfínter. Ella estaba como poseída. Yo agarraba sus muslos con las dos manos mientras todos los músculos de mi cuello y de mi boca trabajaban al máximo para dar impulso a mi lengua, que jugueteaba como una serpiente con los pliegues de su agujero.
- Asi... cabronazo... más adentro... dame gusto... más... - chillaba incontroladamente
Estaba claro que sólo con mi lengua no conseguiría que se corriera, así que rápidamente lamí mi dedo corazón y se lo introduje sin miramientos hasta el nudillo. Nada, no encontré ni la más mínima resistencia. Agitando mi mano, comencé un rápido metesaca, pero era obvio que su ano necesitaba mayor atención. Metí otro dedo y luego otro más, de tal manera que mis tres dedos centrales estaban entrando y saliendo en su culo. Pero aún así no era suficiente. Utilicé el que creí era el último recurso: mi dedo meñique. Ella se retorcía de placer mientras, a excepción del pulgar, metía y sacaba todos los dedos.
- Más... necesito mucho más... puerco.
Quedó claro lo que quería, así que sin miramientos le introduje toda mi mano. Cerré mis dedos y comencé un frenético vaivén con mi puño dentro de su culo. El chapoteo era increíble; puño y medio antebrazo entraban y salían de su intestino sin ningún tipo de dificultad. Los jugos, la lubricación de su ano, mi saliva, nuestro sudor, el intenso chapoteo... todo era sexo húmedo y resbaladizo en su máxima expresión. Los movimientos de su cadera eran endiablados e increíblemente rápidos. Podía notar como su esfínter se cerraba de manera salvaje cuando yo llegaba al tope de su culo con el puño. En la sábana ya había manchas de casi todos los fluidos imaginables. Ambos aceleramos al máximo nuestros movimientos de tal forma que no me daba tiempo a ver mi muñeca. Al cabo de unos minutos, sin previo aviso, la situación reventó por donde tenía que reventar: Sofía arqueó su espalda y de su tranca comenzaron a salir chorretones de espesa leche. Aquello era indescriptible; borbotones y borbotones de lefa que caían en su pecho, en su cara, en su pelo, en la almohada... Uno de esos goterones fue a caer en su boca de tal manera que se lo tragó, sacando luego su lengua y pasándola por la comisura de sus labios en busca de más esperma que saborear. Más de una docena de chorretones salieron de su descomunal polla; hasta sus cojones parecían haberse deshinchado.
- Uuufff... que cerdo y que cabrón que eres... Has hecho que me corra...
Aquel espectáculo hizo que yo perdiese la noción de todo lo que me rodeaba y llenó mi mente de auténtica lujuria. Mi polla estaba a reventar. Allí estaba yo, tumbado boca arriba, arqueando mi espalda, moviendo mis caderas y convulsionando mi bajo vientre... corriéndome en los calzoncillos y pantalones que aún no me había quitado. Fueron momentos de placer infinito. La foto era elocuente: encima de la cama el travestí más bello del universo desnudo, con su descomunal y ya flácida polla descansando sobre su vientre; el cabello lleno de gotas de semen; la almohada manchada y el cuerpo embadurnado de lefa, resbalando por su cuerpo sudado, entre sus pechos, su estómago y sus labios, exhausta. En el suelo, mi cuerpo desfallecido por el placer, jadeando del cansancio y del éxtasis, con una enorme mancha en la entrepierna de mi pantalón. Así permanecimos unos minutos que a mí me parecieron una eternidad. De repente, Sofía saltó de la cama y, con una soltura tremenda, me desnudó. Ella era infatigable. Me colocó a cuatro patas y empujó. Pude sentir como aquella inconmensurable vara me rompía el culo sin piedad. No me resistí. Noté como los jugos que acumulaba en sus tetas y estómago resbalaban por mi espalda. Entonces, en medio del placer indescriptible que sentía, tuve dos pensamientos fugaces: uno; todo aquello era el máximo nivel de lujuria y desenfreno que yo podía alcanzar. Dos; me sentía afortunado porque el ser más bello que puede existir sobre la faz de la tierra (es decir, un perfecto rostro y cuerpo de mujer pegado a un excepcional pene) me estaba empalando sin miramientos. Y aquello, no lo voy a negar, me gustaba.
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Ya era casi por la tarde. No había tenido la oportunidad de acercarme a él y decirle lo bello que estaba. Su pelo negro, su piel clara y sus ojos azules. Después de haberle hecho el amor por primera vez el día anterior, no habíamos podido decirnos nada. Nos besamos, nos abrazamos, nos quisimos... y después me fui corriendo hacia mi casa y él para la suya. Llegué esta mañana con nerviosismo, pero él ni siquiera reparó en mí.
En la facultad, fantaseaba con la relación del día anterior. Mi verga se ponía dura y mojaba levemente mis pantalones... Sufría por verlo ahí y no poder tocarlo. El profesor tuvo que salir de repente y los compañeros se deshicieron en travesuras. Me acerqué al pupitre y tomé asiento detrás de él. Leía apaciblemente un libro de terror. Soplé en su oído y le dije lo bello que se veía. Él volteó su rostro mirándome con sorpresa y me sonrió. "Tú también luces hermoso".
- No puedo dejar de pensar en lo de ayer - le confesé.
- Yo tampoco - me dijo dulcemente.
- Vamos al baño - le propuse.
Él se levantó y me siguió. Salimos sigilosamente por la puerta, cruzamos el pasillo y entramos al baño. Por suerte no había nadie. Cerramos la cerradura de la puerta.
Lo lancé contra la pared y le quité el libro. Besé sus hermosos labios en lo que lo acariciaba rudamente por el cuerpo. Desnudé su torso lamiendo con ímpetu su pecho, sus tetillas... Lo miré a los ojos, esos ojos profundos, y metí mis manos dentro de sus pantalones y lo pegué a mí mientras lo agarraba por las nalgas. Pegué mi pene ya erecto al suyo y me moví par de veces hacia él como si penetrara a una mujer. Él gimió lanzando la cabeza para atrás y cerrando los ojos. Olía a perfume de hombre, una exquisitez absoluta.
Bajé sus pantalones y luego lo abracé inclinándolo hacia el piso. Lo puse amorosamente en el suelo y fui descendiendo hasta su verga dura, hermosa y limpia. Besé la punta y lamí todo el tronco hasta llegar a sus testículos. Olía tan rico. Olor a macho, a hombre limpio y cuidado. Agarré su polla en mi mano y me la introduje en la boca. Subía y bajaba por ella. Él sostenía mi cabeza con sus manos y de vez en cuando apretaba los dedos en señal de placer. Sus ojos estaban cerrados, la boca abierta... Tenía las piernas muy separadas, podía verle el recto. Baje hacia él. Clavé mi lengua en su agujero y volvió a gemir. Le ensalivé el ano preparándolo para poseerlo.
Me quité el pantalón y me puse encima de él. Subí sus piernas y rodeó mis caderas con ellas. Lo volví a mirar a los ojos. Él estaba temblando.
- ¿Estás nervioso? - le pregunté.
- Alguien puede entrar.
- Mejor, así tenemos público. Sería más excitante.
-Y o no puedo sentirme más excitado de lo que estoy en estos momentos - me dijo con la voz entrecortada.
Sentí una enorme felicidad. Lo besé mientras introducía mi miembro en su ano. Suspiró de repente, mezcla de dolor y gozo. Tomé sus manos y las mezclé con las mías sobre su cabeza. Empecé el mete y saca con deleitable suavidad. Lamía su rostro, su cuello, sus orejas... Él me devolvía las caricias con delicia. Mis caderas estaban en un exquisito ritmo de amor, enterrando mi pene en su cuerpo, haciéndome uno con él como el día anterior. Ese cuerpo caliente y hermoso me recibía con aceptación y humildad.
Me acercaba al orgasmo. Aceleré el ritmo de las embestidas hasta que eyaculé dentro de él. Traté de ahogar el grito, pero se me escapó. Sentí un alivio cegador riquísimo. Él esperaba pacientemente debajo de mí. Le sonreí. Puse mi mano en su mástil caliente y duro. Lo acaricié. Me acomodé a su lado y lo empecé a masturbar mientras lo besaba con cariño en su rostro. De pronto alguien trató de entrar al baño. Yo aceleré el ritmo de mi mano en su miembro hasta que se vino en silencio. Atrapé el semen que botó y lo limpié en mi camisa blanca. Tocaban en la puerta.
- ¡Un momento! - grité.
Me levanté y me puse el pantalón lo más rápido que pude mientras él se vestía también.
- ¡Abran! - exclamaron.
Fui hasta la puerta, contuve el aliento y la abrí. Era mi profesor.
- La puerta se trancó - le dije.
Él me miró de arriba a bajo y desvió sus ojos hacia mi hermoso amante que acababa de recoger su libro del piso.
- Antes de que regresen al salón, asegúrense de arreglarse la ropa, peinarse y enjuagarse la cara. Yo iré al baño de la sala de facultad. Con permiso - dijo y se fue.
Yo no podía creer lo sucedido. Me empecé a reír.
- Habrá que traerle una manzana mañana - dije.
- Asegúrate de traerle todo el cesto - dijo mirándome -Yo te doy la mitad del dinero.
- Pues yo quiero algo y no es dinero ni la mitad de ese algo.
- ¿Qué es, entonces? - me preguntó.
- Tu corazón.
Sonrió.
- Ya lo tienes - dijo sonrojado -Tienes mucho más que eso...
- Lo sé. Tu también.
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Pocas cosas me gustan tanto como escuchar a las chicas que he tenido (y a las que no he tenido), relatarme sus historias sexuales (por eso soy lector de esta página, donde busco a las autoras). Aquí intentaré reproducir las historias de Alicia, una chica con quien lo hice en unas vacaciones orgiásticas en Acapulquito, y que unos tres meses después se hizo amante mía. Es una chica deliciosa, y contaré su historia. En otro lado he contado aquellas vacaciones, en las que dije algunas cosas de Alicia, y ahora reproduzco un par de párrafos de aquel relato:
Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad con un primo suyo, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9. Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo picaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y... “el otro es un secreto”. Ya siendo amantes, empezó a contarme su historia, y esta es la primera:
Miguel, como llamaremos al primo que gozó mi virginidad, era cuatro años mayor que yo, pero antes de contarte de él tengo que contarte de Juan, su hermano, que era un año mayor que yo, porque aunque no cogí con él, no todo en el sexo consiste en meterlo, y añoro aquellos años en que un roce, cualquier cosa, bastaba para enloquecerme. De niños, Juan y yo jugábamos y peleábamos como suele ocurrir entre primos que se frecuentan mucho, y desde por ahí de los 10 años empezamos a curiosear con nuestros cuerpos. Solíamos subirnos a la azotea del edificio donde él vivía, y yo le tocaba su pequeño pene, que se ponía duro, como debe ser, y el observaba y tocaba lo mío. Aquello duró un par de meses, hasta que mi madre se enteró de alguna manera, y me dijo que eso no estaba nada bien, y tal, y lo dejé de hacer.
Pero los toqueteos de Juan y los míos habían despertado mi gusto por aquellas partes “prohibidas” de mi cuerpo, y poco a poco fui descubriendo la masturbación. No extrañé a Juan ni tuve deseos de varón, porque mis dedos me daban más placer del que había tenido en aquellos escarceos infantiles con Juanito, pero pasaron algunos años, y la teoría, las lecturas, los cursos de educación sexual, la calentura de las amigas, fueron despertando mi curiosidad. Como es natural, Juan y yo nos separamos un poco al inicio de nuestra adolescencia (de la suya), pero seguíamos teniendo contacto. El creció y se puso más o menos guapo, y llegó un momento en que no pude menos que preguntarme qué pasaría si aquellos antiguos juegos se reanudaban, y pronto empecé a fantasear con Miguel, mucho más guapo y desarrollado que su hermanito, pero eran, o así lo pensaba yo, meras fantasías que poblaban mi mente cuando me masajeaba el clítoris.
La fantasía dejó de serlo en una tardeada-baile (como se llamaban) de la secundaria. Yo no quería ir sola, pero siendo chaparrita y sintiéndome un poco gordita, y con algunos barros en la cara, parecía que no tendría remedio. Entonces le pedí a Juan que me acompañara, como un gran favor, y que no dijera que era mi primo, y él, que me quería bien, accedió. Como yo había pensado, Juan fue la sensación y la envidia de mis amigas. Le pedí que me besara y solo de sentir su lengua, y sus manos en mi cuerpo, y de saberme observada, me ponía cachondísima, como pocas veces antes. Mis padres pasaron por nosotros al cole, y ese día ahí terminó todo, pero yo me quedé con ganas de más, y al día siguiente, un sábado, recuerdo, fui a casa de mis primos, con el pretexto de pedirle a Juan ayuda para no se qué tarea, y luego de fingir un poco ante mis tíos, le pedí que subiéramos a la azotea de su edificio, como hacíamos mucho, para ver la ciudad, y así empezamos, como de niños, a tocarnos cada vez que nos veíamos.
Jugábamos a ser novios, a ser adultos, arriba de los cuartos de azotea, según nosotros, fuera de la mirada de las sirvientas que lo poblaban (dos o tres). Miguel, mi otro primo, dormía en el cuarto de azotea que correspondía a su departamento y era generalmente arriba de él donde nos tocábamos, a horas en que Miguel estaba en la escuela. Aquellas sesiones consistían en darnos besos y tocarnos, casi siempre el en trusa y yo con la pura falda y las tetas al aire, y las últimas veces, yo le hacía la paja. Lo malo fue que no supe enseñarle a masturbarme o, mejor, me dio miedo llevarle sus manos a mi clítoris (que yo sabía bien cómo debía tocarse), así que llegaba a casa a encerrarme en mi habitación y masturbarme como loca.
Así pasaron como dos meses, hasta que un viernes saliendo de la escuela fui a casa de Juan sin haberle avisado. Al acercarme, vi en la puerta del edificio a Miguel, que besaba a su novia, Lilí, una morena de la Uni que me parecía de lo más guapa. Alcancé a Miguel subiendo las escaleras, ya cerca de su departamento, y le pregunté por Juan. Miguel, tan guapo, que estudiaba arquitectura, no me hacía ningún caso, según creía yo, pero me equivocaba. Miguel me dijo que Juan había salido y no tardaría en llegar, que lo esperara, y entramos al departamento. Ahí estuve diez minutitos hasta que Miguel me preguntó “¿no quieres un refresco, de mi reserva?” Yo, sorprendida –primera vez que me ofrecía algo-, subí con él a su cuarto, y ahí, admiré el decorado del tugurio, y el frigobar del que extrajo una cerveza para él y una cocacola para mí. me senté en la orillita de la cama, viéndolo, admirándolo, cuando él soltó: “¿no jugarías conmigo a lo que juegas con Juan?” De entrada me asusté y le pregunté, tartamudeando, si nos había visto, y dijo que solía pajearse viendo nuestros fajes y juegos, “porque estás muy buena, primita, y eres muy cachonda”. Yo creí que se burlaba, ¿cómo él, tan guapo y tan alto y con una novia tan linda, me decía eso? Viendo que titubeaba, me ordenó (sí, me ordenó) que me parara y pidió “date una vuelta... así”, y acercó su banco hasta tenerme al alcance de su mano.
Los viernes tenía deportes, así que llevaba el uniforme de voleybol, que era lo que jugaba, debajo de la falda a cuadros de la escuela, y estaba sudada y olorosa, y apenas me había dado la media vuelta cuando él me acercó hacia sí, y hundiendo su nariz entre mis pechos, cubiertos por el jersey de deporte, aspiró profundamente y dijo: “hueles a mujer, a sexo, a ganas”. Yo no sabía si tocarlo también, o quedarme parada, pero sí supe que quería “jugar” con él, y terminar lo que Juan había empezado meses antes.
Tras olerme, se separó de mí y me pidió que me descalzara y me quitara la blusa... y el chort que llevaba bajo la falda. Yo con una voz ronca que no reconocí como mía, le dije: “sólo si me dejas verte desnudo”. Cuando él se desnudó por completo, yo obedecí sus indicaciones, quedando sólo con mi falda y mi ropa interior. Mientras me sacaba la blusa y el chort, él se había sentado otra vez y con la mano izquierda empezó a acariciarse muy despacito el pito, una tranca cuyo tamaño empezaba a asustarme. Cuando me hube quitado esas prendas, el me jaló con la derecha y me desabotonó la falda, dejándome parada frente a él, cuya cabeza estaba a la altura de la mía (él mide algo más de 1.80 y aunque yo tenía la misma estatura que ahora, me sacaba cabeza y media), y luego, su mano volvió a subir, desde mi cintura hasta mi nuca, y jalándome, me dio el primer beso de la tarde, rozando apenas sus labios con los míos, y luego introduciendo despacio su lengua entre mis dientes, tocando la mía, todo sin prisas, muy distinto de los torpes besos de Juan.
Hasta entonces moví mis manos, tocando sus hombros, su cuello, sus bien marcados pectorales. Eso no duró mucho, porque me separó de sí y me ordenó que estuviera quieta, y luego de observarme unos segundos, me ordenó que me quitará el bra, y luego me tomó la mano y empezó a besarme los dedos índice y medio. Me los besaba despacito, luego de haberme ordenado (más órdenes, carajo) que no me moviera, y luego se los metió en la boca, recorriéndolos y succionándolos muy despacio, de abajo hacia arriba, y entonces me preguntó: “¿aprendiste? Ahora haz así con mi pito”, y me llevó la cabeza hasta su miembro.
De entrada me dio asco, pero ya estaba bajo su control, y cerrando los ojos, traté de reproducir las maniobras que él había hecho con mis dedos. Con su mano, me obligó a ir despacio, muy despacio, y pronto empezó a gustarme, no el sabor (sabía a algo que luego identifiqué: a flujos de mujer y a semen: el cabrito se había cogido, un rato antes a Lilí. Por eso, también, tardaba tanto, así que más bien, debo agradecerle a Lilí lo que pasó) ni la sensación de la tranca en la boca, sino saber que ahora yo lo tenía a mi merced, que podía morir ahí mismo, y que lo estaba haciendo gozar, como mostraba la tensa rigidez que iban adquiriendo sus muslos y sus nalgas, y los gemidos que dejaba escapar. Eso y las expectativas, sentirlo, pensar lo que me esperaba, me tenían a mí también, muy caliente, y mi panochita empezaba a segregar sus jugos.
No se cuanto llevaba así cuando él me levantó, metió su mano debajo del calzón y, al sentir mi humedad, dijo: “Magnífico, estás lista”, y me bajó la última prenda que cubría mi desnudez. Me acostó, y supe que ya era hora, que dos minutos después perdería aquello que toda mujer bien nacida sueña perder pronto, pero bien. Me hincó en la entrada de mi panochita la dura punta de su verga, y empezó a presionar. Yo sentía cómo se abría paso con una mezcla de emoción intensa, miedo, dolor y placer. Lo tercero fue lo que dominó cuando, luego de varios movimientos de entrada y salida de su punta, sin decir nada, ni advertirlo de manera alguna, me la metió hasta el fondo de un solo golpe.
No pude ahogar un grito, y él me mordió el lóbulo de la oreja y susurró: “aguanta, aguanta”, y se movió suave, muy suavemente, hasta que el dolor fue disminuyendo y el placer regresó. De pronto se quedó quieto, sin haber aumentado el ritmo, y supe que se había venido. Cuando leí, dos meses después, “Arráncame la vida”, supe lo que debí haber dicho: “Estuvo muy bien, pero el final no lo entendí”. No importa que no lo dijera, porque luego me ayudó el mismo Miguel a entenderlo.
Por lo pronto, él se retiró, y me estuvo acariciando los pechos, el estómago, los hombros, hasta que me fui relajando, y entonces me masturbó. Me estaba quedando dormida cuando dijo: “Se va a hacer tarde y tus papás van a preguntar por ti”. Me ayudó a vestirme y antes de dejarme ir me jaló del brazo, me dio un largo beso y me ordenó “ven mañana, antes de comer. Sube sin pasar a ver a Juan”. Me fui a mi casa, adolorida y contenta, ruborosa y llena de preguntas, y claramente dispuesta a obedecerle.
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Esto ocurrió hace mas o menos a principios del año 1997, entrenaba en el Gimnasio Rodríguez en la Av. La Mar en el distrito de Pueblo Libre en lima Perú, a este gym suelen ir chicas atractivas y señoras aunque por su edad también son muy guapas, como olvidar a Rosy, Gaby, Taty, Erica, Faby, Lore, Rudy, y a todas las chicas que deleitaron mis visitas en el Rodríguez.
Definitivamente éramos un grupo que participábamos de muchas de las actividades que se hacían en le gym, inclusive salíamos a divertirnos juntos, yo asistía a diario y a parte de hacer máquinas también practicaba, spteps, aerobicos y tae-bo, era muy agradable estar rodeados de todas ellas y verlas en sus mallas que hacían resaltar sus atributos físicos.
Muchas de ellas eran mujeres casadas pero por las bromas y conversaciones que teníamos en el gym, uno tomaba confianza con ellas además siempre me comporte caballerosamente con ellas a parte de ser uno de los pocos varones que hacia aeróbicos con ellas, tal vez ese constante acercamiento hacia que ganara confianza con ellas.
Gaby es una mujer sensual de muy buenas formas, coqueta, atractiva inteligente y muy sensual al menos para mi lo es, siempre a casi siempre trataba de estar cerca de ella para observarla de pies a cabeza, ella es muy liberal en su forma de pensar y siempre nos gastábamos bromas inclusive de índole sexual; En una oportunidad un sábado después de entrenar nos quedamos Gaby, Rosy, Faby, Lore un par de amigos mas y yo, decidimos comprar unas botellas de vino y empezamos a tomarlas en el segundo piso del Gym en realidad era algo suave como motivándonos para la noche ya que habíamos quedado en salir a bailar, Gaby siempre me pareció una mujer muy apetecible una mujer que me provocaba morderla y acariciarla, a mi parecer yo no le era indiferente pero hasta ese entonces no había intentado nada.
Bueno copas van y copas vienen y Gaby estaba algo alegre por efecto del vino, y comenzamos a bromearlos y a jugarnos un poco yo la abrazaba y la tomaba de la cintura inclusive ella en son de broma me decía Gabriel que haces delante de todos pero cono no se pensaba que era mas allá de un juego todo transcurría de la forma más normal, de lo más normal para el resto de los demás pero para nosotros era algo excitante podía sentir sus dedos acariciar mi espalda cada vez que yo pasaba mis manos por su cintura, ya estábamos en un juego de caricias discretas a la vista de los demás, pero sus amigas Faby y Lore se habían dado cuenta perfectamente de lo que ahí sucedía, tanto así que la molestaban, diciéndole Gaby cuidado no vayas a raptarlo y no llega en la noche a la discoteca, nosotros solo reíamos.
Cómo ya se estaba haciendo algo tarde decidí ir por mi maletín que lo había dejado en el tercer piso en donde se practica esteps, y Gaby subió conmigo pretextando que sacaría algo de los vestidores de damas que se encuentran en el mismo piso, una vez arriba la cogí de la cintura la voltee y la besé con pasión, beso que ella respondió entrelazando su lengua con la mía, mis manos recorrían todo su cuerpo, como lamentaba que la tela de nuestras ropas nos separaran, ella me jaló a los vestidores de damas y comenzamos a dar rienda suelta a nuestros instintos contenidos por tanto tiempo, que hermoso cuerpo tiene Gaby, ella es una mujer blanca de 1.65 de estatura cabello rojizo, senos medianos peor encantadores, bonitas piernas y un traserito que ponía a mas de uno en el gym.
Nuestros besos y caricias se encendían cada vez mas que delicia era recorre su cuerpo con mi lengua, ella estaba algo nerviosa por si nos veían pero poco a poco con las caricias y los besos nos fuimos dejando llevar los dos hasta que nuestros labios nos sabían a poco y las ropas empezaban a estorbar, me desnudo como una loca y me dijo: "desnúdame poco a poco y ya veras o crees que no me he dado cuenta cómo me miras el poto cuando entrenamos”, dejaba ver una camiseta blanca ceñida, después le quité el pantalón mientras acariciaba con mis manos sus suaves y contorneados muslos deseosos de mis caricias, por ultimo le quite la camiseta y pude ver sus sublimes pechos, yo me quedé perplejo mirando ese cuerpazo que estaba a mi entera disposición, ella lo notó y me dijo que si le gustaba, y les respondí que me encantaba y me acerque a ella para besarla y enredarme con su lengua, mientras, no paraba de cogerle ese culo paradito con mis manos ella me fue acariciando mis testículos y fue haciendo que me fuera poniendo duro con solo rozar sus dedos por mi pene, presos los dos de la lujuria empecé a besarle todo el cuerpo de arriba abajo haciendo hincapié en esos pechos redondos y firmes que poco a poco se pusieron más y más duritos.
Seguía bajando mi lengua hasta que llegue a su chuchita color castaño, empecé a acariciársela, separando y juntando esos labios rosados y calientes, le daba pequeños lametones que le hacían cerrar los ojos y dar un pequeño gemido, casi un suspiro, estuve algún tiempo con mi cabeza entre sus poderosos muslos que me tenían atrapado y cada vez que daba un lametón se cerraban de gusto, por fin empezó a segregar sus jugos y estar como poseída y se derrumbó al suelo haciéndome ponerme en posición para practicar un 69, ella estaba loca y empezó a chuparme la verga con unas ganas que me hacían casi perder la respiración y no me dejaban que yo pudiera seguir con su clítoris el cual lo cogía con mis labios hasta que lo puse bien durito y grandote, sin darme cuenta me corrí en su boca después nos dimos la vuelta, nos levantamos del suelo, le besaba el cuello, le mordisqueaba las orejas mientras estábamos abrazados cogió mi verga la acarició con sus dedos mágicos hasta que consiguió ponerla otra vez dura colocándosela en la puerta de su apetecible y húmeda chuchita y movió su cintura para que yo notara que sus labios me estaban esperando, me miró y sin decirme nada me agarró por detrás y me unió a ella.
Cuando sintió como se llenaba toda su vagina pude ver como echó la cabeza hacia atrás, sus ojos se cerraron y se le escapó un gemido mayor, entonces la agarré del culo y la subí encima de mí se agarró a mi cuello y la empecé a mover de arriba abajo, yo sentía un placer indescriptible a veces se me doblaban las rodillas de tanto goce, con mis manos sujetándola por el culo sentí como lo tenía de calentito y casi sin darme cuenta uno de mis dedos empezó a meterse por su agujerito sin que ella se opusiera, presos de la lujuria y el desenfreno ella se bajo de encima de mi la puse a cuatro patas y con sumo cuidado empecé a culearla cosas que poco a poco empezó a gustarle y cada vez los movimientos eran cada vez de mayor intensidad mis manos la agarraban por la cintura, frotaban su espalda y hasta le agarraban sus pechos. Así cabalgándola y disfrutando de sus caricias llegamos al final de nuestra lujuria, nos arreglamos, nos vestimos y bajamos con el grupo que se había quedado esperándonos los cuales estaban extrañados por nuestra demora, aunque Faby había subido y escuchado todo no dijo nada en ese instante, pero luego me lo contó y eso ya será parte de otra historia.
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Un chico le prepara una sorpresa a su novia para hacer que un viaje en taxi se convierta en la realización de una de las fantasías sexuales de ambos. La sorpresa se hace doble cuando la chica se da cuenta que su novio estaba compinchado con el taxista hasta el punto de que éste llega a participar en el juego.
Soy un chico de 26 años alto y de pelo corto y castaño, ojos marrón oscuro, de complexión atlética y dicen las chicas que guapo de cara. Mi novia tiene 24 años, mide 1,65 tiene el pelo muy largo y negro, ojos negros, grandes y profundos y unos juguetones labios que suele pintar de un rojo muy llamativo y, como toda su preciosa boquita, sabe usar más que bien. Sus pechos son medianos, con unos pezones verdaderamente duros cuando se excita. Tiene las piernas bien torneadas y un culito precioso y respingón que no pocas veces es el protagonista de nuestros encuentros sexuales.
La historia que voy a compartir con vosotros ocurrió el verano pasado en Valencia, ciudad donde fuimos a vacacionar por dos semanas a un pisito que un familiar mío nos dejó. Somos muy activos en la cama y nos gusta fantasear con diferentes prácticas sexuales, y siempre hemos tenido la intención de realizarlas; el caso es que yo deseaba darle a mi chica una sorpresa que no pudiera olvidar y la amistad con un amigo taxista, fuerte, algo menos alto que yo, moreno y de pelo negro, me permitió fabricar dicha sorpresa.
Tras una cena romántica y con una noche preciosa, cálida y estrellada en la capital del Mediterráneo, cogimos un taxi para volver al piso en lo que prometía ser una noche memorable, pero ella no sabía que lo sería por lo que pasaría en el taxi y no en el piso. Tras montar en el taxi y decir la dirección a mi secreto amigo empecé a besar el cuello de mi novia Sonia, a enredar mis dedos en sus cabellos, algo que le encanta, y puse su mano en mi paquete para que notara mi erección.
Ella, que es bastante atrevida, lejos de cortarse empezó a sobarme por encima del pantalón mientras mi mano se deslizaba por debajo de su corta falda, sin encontrar oposición hasta que las yemas de mis dedos tocaron sus braguitas de encaje negro. Notaba como Sonia miraba de reojo al retrovisor central del coche para comprobar que no nos miraba el conductor, cuando ni corta ni perezosa abrió mi cremallera e introdujo su mano en la apertura de mi ropa interior, agarrando mi miembro con fuerza y moviéndolo a un lado y a otro, arriba y abajo. Acercó su boquita a mi oreja y me dijo: "Quiero que te corras en mi mano en este taxi" y luego metió su ensalivada lengua en mi oreja. Todo iba a pedir de boca, el morbo que a ambos siempre nos ha producido hacerlo en sitios arriesgados funcionaba a favor de mi plan. Lo que ella no esperaba es que yo respondiera a su provocación desabotonando su vaporosa blusa y bajando mi cabeza hasta que mi lengua repasara su pezón derecho, en círculos, metiéndolo en mi boca, succionándolo, mordiéndolo suavemente; Ella empezó a gemir, pues nunca ha soportado el placer que le produce esa caricia y en eso aproveché para mover su braguita-tanga e introducir mi dedo índice en su rajita ansiosa, ambas cosas hicieron que de la boca se Sonia se escapara un furtivo gemidito que sin duda fue escuchado por mi cómplice, el taxista.
Susurré a los oídos de Sonia, mientras mi dedo salía y entraba en ella con suavidad que se pegara a la puerta del coche justo detrás del conductor, a razón de "ocultar no de él": Así lo hicimos, yo ladee su ligero cuerpo, levanté un poco su pierna derecha y agarrando mi pene empecé a pasar mi glande ardiente entre los labios de su vagina. Sonia cerraba los ojos, jadeaba, intentaba no hacer ruido, pero no pudo evitar soltar un estruendoso "Oooohhh" cuando sintió toda mi virilidad meterse profundamente en su sexo. Me miró con ojos acusadores, como reprochándome que llegara tan lejos, pero cuando mis manos se agarraron a sus pechos ya al descubierto y mi lengua entró en su boca, su acusación pareció convertirse en sumisión, me mordió fuertemente los labios como para castigar mi osadía. Susurré: "Tranquila Sonia, no nos puede ver" y ella me contestó: "..Ooh,..pero...pero yo..oohh ..no aguantarééé...oohh umm..gritaréé" mientras mi pene empezaba a profundizar en su estrecho coñito, y llevé dos dedos para masajear su clítoris lo que acabó de rendir toda resistencia que ella hubiera querido oponerme.
Mi plan, el de mi amigo y mío, era que cuando ella empezara a gemir, él nos propondría que nos quedáramos solos en el coche por un módico precio y mi respuesta a lo que para Sonia sería esa surrealista proposición, sería que preferíamos que se quedara con nosotros. Pero mi amigo Luis, que sin duda no se había perdido detalle disimuladamente, no aguantó más, paró el coche en una apartada y oscura avenida de las afueras de la ciudad y volviéndose nos dijo: . Sin dejar de penetrar a Sonia, me moví hasta el centro del coche y agarré los brazos de mi novia con un brazo y con el otro la sujetaba por la cintura para que mi pene siguiera dentro de ella. Sonia gritaba e intentaba desasirse de mi, mientras yo la susurraba. La rapidez con la que Luis actuó fue clave para que todo saliera bien en el momento más crítico de la noche: Cuando Sonia se diera cuenta de que iba a ser follada por dos hombres. Luis separó las piernas de Sonia con fuerza y empezó a lamer con avidez todo su chochito, del cual yo volví a entrar y salir rítmicamente:
- ¿Pero qué haces? ¡¡¡Estás loco!! - gritaba Sonia.
- Tranquila preciosa -le decía mientras seguía bombeando. - Todo está controlado, ¿no lo ves? Tú deseas esto igual que yo, ¿acaso no te gusta mi polla dentro de ti?¿O su lengua en tu coñito? Ríndete a las sensaciones que tu cuerpo te transmite ¡¡déjate ir!! ¡¡déjate llevar!!.
- Eres un cabrón - me reprochó, y al intentar arañarme los muslos se encontró con la cabeza de Luis y su boca que la había ensalivado enteramente toda su zona genital.
Agarré sus pechos con firmeza pero con dulzura, empecé a morder su cuello, y noté de pronto las manos de Luis en sus tetitas, con lo que yo usé las mías para agarrarla por la cintura y levantarla y bajarla, para que cabalgara sobre mi polla erecta que la penetraba sin tregua, las caricias combinadas empezaron a hacer su efecto y Sonia dejó de estar tan rígida, empezó a gemir y a respirar pesadamente, y cuando me di cuenta sus manos acariciaban los cabellos de Luis y le imponían el ritmo al que ella quería ser lamida y devorada. Luis se levantó y con su polla asomada a sus pantalones ya bajados se echó levemente sobre Sonia, acabó de subir del todo su faldita hasta la cintura y desabrochar su blusa por completo, los pezones que tantas veces he sentido endurecer en mi boca estaban ahora turnándose en la boca de Luis, los gemidos de los tres llenaban el coche, pero por encima de todos los de Sonia amenazaban con ser escuchados en la solitaria calle si alguien pasara por allí.
Sonia ahora sentía mi polla llegar hasta lo más hondo de su intimidad, la penetración era más violenta cada vez y más profunda, la polla de Luis, tiesa hasta el límite frotaba los labios mayores y menores del sexo de mi novia y su clítoris erecto, llevándola a un éxtasis compartido del que no sabía salir, del que no quería salir. Todo estaba saliendo a pedir de boca, sólo quedaba el postre. Con suavidad me salí de ella y ensalivando mi pene y su culito con dos dedos que habían explorado la boquita de mi novia, la levanté ligeramente para agarrar mi herramienta y dirigirla a su más estrecho agujerito. Luis que se dió cuenta de ello, sacó un preservativo como un relámpago y pertrechándose con él se dispuso a penetrarla, así lo hizo, de golpe, en un coñito ya dilatado y que se estremeció de placer al sentirse repleto de nuevo, pero por una polla diferente a la anterior. Yo empujaba mi glande contra su culito y la dejaba caer para que el peso hiciera el resto, poco a poco el recto de Sonia quedó tan repleto o más como su coñito, mientras ella gritaba de gusto como nunca lo había hecho, hasta que la lengua de Luis se enredó en la suya, aunque sin acallar los gritos del todo.
Luis y yo empezamos a follarla doblemente, entrando y saliendo sin piedad ni cuidado ya que estaba tan excitada que otro hombre hubiera cabido en su boca, la doble penetración rompió todas sus inhibiciones, empezó a insultara nosotros y a ella misma, nos llamaba perros, cabrones y se autodenominaba zorra: ¡¡Haced que me corra cabrones!! - ¡¡Folladme, folladmeee!!. De repente se calló un segundo, inspiró profundamente y estalló en gritos y movimientos compulsivos en el orgasmo más brutal que yo le haya visto, Luis no lo pudo resistir y se corrió con la polla enterrada hasta el fondo en mi novia y por último yo, sin condón llené de semen caliente sus entrañas, semen que al poco caía por mi polla abajo y rebosaba de su dilatado pero apretadito culo.
Luego vinieron las confesiones, las presentaciones mutuas de Luis y Sonia y el epílogo que los tres nos dimos en el piso, tras el episodio del taxi, pero eso es otra historia que si queréis no me importará contaros, si es que os ha gustado el secreto que he compartido con tod@s vosotr@s. Un beso y/o abrazo. Hasta pronto.
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Era una noche en la cual fuimos a una cena de Aniversario de la empresa donde trabaja mi marido, yo vestida de un vestido rojo ajustado a mi hermoso cuerpo a lo cual cabe rescatar que tengo unas buenas tetas y un deseado culo acompañada de una estatura de 1.70 cm y se notaban mis largas piernas, llevaba una sandalia de taco alto y mi cabello recogido rubio.
Llegamos al lugar donde estuvimos toda la noche sentados en la mesa sin que pasara nada particular. Ya muy entrada la noche noté que ya no había casi personas en la fiesta, solo algunos compañeros de mi marido que en ese momento me percaté se fijaban en mí, miré a mi marido y pude notar que por causa de las copas bebidas se había quedado dormido, entonces supe que eso seria mi gran oportunidad.
Se me acercó uno de sus compañeros que debo decir que estaba bastante fuerte y me sacó bailar, cuando llegamos a la pista la música que sonaba era bastante romántica, entonces el aprovechó para abrazarme y apretarme contra su cuerpo, bailamos unos minutos y sentí que el se apoyaba cada vez más contra mi cuerpo y pude sentir que apoyaba su bulto contra mi. Como yo estaba pasadita de copas lo miré y me lancé contra sus labios dándole así un gran beso con la lengua, mire hacia donde estaba mi marido para ver en que estado se encontraba y él seguía dormido. Entonces después del beso me agarró de la mano y me llevó hacia la cocina la cual ya se encontraba vacía.
Llegamos a la cocina y yo que ya no podía aguantar el deseo de tener su verga entre mis labios, me arrodille ante él y la bajé la bragueta y dejé así en libertad su abultado pene, la mire sorprendida por la grandeza de su pene y temí que no cupiera en mi boca medio por lo menos unos 25cm, la tomé entre mis manos y me dispuse a hacerle una buena paja mientras lo hacia el mi dijo que no aguantaba más y que por favor me tragará esa enorme verga que tenia en mis manos, yo accedí y me empecé a darle una buena mamada la cual con su mirada el me agradecía, en eso nos percatamos que otros dos compañeros de mi marido nos habían seguido a la cocina, se acercaron hacia mi y empezaron a manosearme, uno introducía su dedo en mi muy mojada raja mientras el otro me succionaba los pechos y yo seguía con la enorme verga en mi boca.
Uno de ellos me tomó del brazo pidiéndome que me ponga de pie, al ponerme en pie se lanzaron hacia mí despojándome del vestido de una forma desesperada besándome y lamiendo todo mi cuerpo, uno de ellos me obligó que me ponga de cuatro, uno de ellos se escurrió debajo de mí, introduciendo suavemente su glande dentro de mi vagina y otro me introducía un dedo en el culo sugiriéndome que seria penetrada por atrás el tercero me agarró del pelo y me levantó la cabeza dándome leves golpes por el cuello y la cara con su pija que estaba muy tiesa, yo me sentía realizada engañando a mi marido con tres hermosas vergas que se introducían en cada orificio que encontraban a su paso.
El que estaba bajo mío me penetraba con tanta fuerza que me hacia pensar que mi vagina se partiría en mil pedazos, mientras el otro ya había introducido la mitad de su verga en mi culo. Yo me encontraba en una posición que solo podía sucumbir ante un deseo tan fuerte. El que me introducía por el culo sintió que el dolor que yo sentía era demasiado grande y fijándose que había una frasco de mayonesa cerca de él y se percato que también había un pepino, lo unto en el pepino para introducirlo dentro de mi agujero lo cual me excitaba aún más, cuando mi culo ya se encontraba bien lubricado encostó su pija hacia mi agujerito lo introdujo de un solo golpe, estuvimos así por cinco minutos aproximadamente y luego cambiamos de posición. Después de esto me condujeron hasta la mesada de la cocina haciéndome acostar sobre ella, al que me penetraba por el culo pasé a chuparle la verga, al que yo le hacia una rica mamada a pasó a chuparme la concha y así quedando el tercero que pasó a acariciar, lamer y succionar mis senos.
El que me mamaba la concha se detuvo para así colocarme mermelada de fresas y continuo lamiéndomela, al que le estaba succionando la pija no aguantó haciendo que ese manjar de liquido corriera por mi boca llegando a mi garganta, yo me relamía saboreando su esperma, mientras que el que me chupaba las tetas se subió encima de mí para hacerse una paja rusa que al final también termino por correrse en mis bellos pechos y el otro pasó a metérmela con tanta fuerza que yo ya sentía que se venia entonces le pedí que se corriera en mi deseado culo, el me puso de cuatro y como ya estaba bien preparada lo introdujo con mucha fuerza y a la tercera embestida ya se corrió dentro de mi culo. Luego a todos pasé a darles una buena chupada para limpiarles la verga.
Después de tanto gozo nos vestimos, y prometimos que algún día volveríamos a repetir esta misma experiencia. Ya lista yo salí sola para que nadie sospechara y en ese mismo momento noté que mi marido ya se había despertado y me preguntó de donde venia lo cual respondí que estaba buscando el sanitario y el inocentemente me indicó donde quedaba en realidad. Tomé mi cartera, abracé a mi marido y le di un largo beso en la boca, salimos del lugar tomamos un taxi y volvimos a casa.
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Hacían muchos días que mi marido me andaba amenazando con una agradable sorpresa para mi cumpleaños. Yo andaba intrigadísima, y la verdad es que no sospechaba lo que me esperaba. Finalmente llegó el ansiado día, mi marido me dijo que tendríamos que mandar a los chicos donde mi hermana pues quería que en la casa quedáramos solo los dos. Hicimos todos los arreglos de manera que permaneciéramos los dos en nuestra intimidad, yo avizoraba una noche llena de pasión y sexo. Y eso era lo que más deseaba.
Mi marido había preparado la sala de la casa muy bien, había una cubeta de hielo con champaña y cuatro copas. Cuando le pregunté por que tantas copas, me dijo que tuviera paciencia. Empecé a sospechar algo raro, pero no dije nada. Empezamos a beber y a bailar con una música muy romántica que él había elegido. Nos empezamos a excitar, pero él se mantenía calmado. Al poco tiempo, sonó el timbre, mi marido fue a abrir la puerta y entraron a la casa dos jóvenes que llevaban unos maletines consigo.
Mi marido me los presentó y me dijo que eran strippers y que habían venido para que yo disfrutara de un espectáculo sensual. Me fijé en ellos, eran muy simpáticos, especialmente uno que dijo llamarse Jorge, alto, morocho y de buena complexión; el otro, Gabriel, también era lindo, mas clarito y más bajito que su compañero, pero también tenía un lindo cuerpo como el que los muchachos jóvenes deberían tener. Sus edades oscilarían entre los 25 y 28 años. Se sentaron a platicar y compartir el champaña con nosotros, notaba que ambos me miraban pero se portaban muy educados conmigo. Yo estaba un poco incómoda pero emocionada por lo que sabía se venía. Pronto estaría viendo a estos muchachos bailar y desnudarse para mí. Me intrigaba saber como serían sus vergas.
Llegado un momento, cuando mi marido ya había abierto la segunda botella de champaña, que los muchachos pidieron dirigirse al baño para asearse y cambiarse. Al poco rato, salieron de allí, vestidos ambos de vaqueros. Camisas de franela a cuadros, jeans, botas y el típico sombrero. Pusieron su propio cassete en el equipo de música y empezaron a bailar al ritmo de una música muy movida. Mi marido y yo, nos sentamos juntos a observarlos. Yo llevaba una falda larga y una blusa que hacia juego. A medida que el baile avanzaba, mi marido empezaba a manosearme. Yo le retiraba la mano, al principio, pero poco a poco le dejé hacer lo que quería, a medida que veía como los muchachos se sacaban la ropa y me sentía mas excitada.
Después de unos diez o quince minutos de baile, los muchachos quedaron sin ropa, excepto por las botas y una minúscula tanga que cubría sus intimidades. Entonces Gabriel empezó a bailar él solo mientras Jorge lo observaba y se servía más champaña. Mientras se contoneaba Gabriel se acercaba hacia mí y de repente, de espaldas a nosotros, se quitó la tanguita. Lentamente fue girando para que pudiera observar su semiflácida verga. Yo estaba mojada y mi marido me estaba pasando la mano por mis piernas, por debajo la falda, y pese a la semi penumbra de la habitación, ellos podían observar lo que pasaba. Mientras Gabriel seguía bailando, Jorge empezó con lo suyo, después de variados minutos de contoneo se acercó a mí y me pidió que la bajara la tanga. Yo le dije que no, pero mi marido me animó y finalmente lo hice. Su pene saltó como un resorte, pero no estaba parado.
Durante varios minutos estuvieron deleitándome con su baile desnudos. Veía sus vergas oscilar como péndulos, y observaba sus hermosos cuerpos bronceados. Por momentos se acercaban a nosotros, y yo podía sentir sus vergas casi en mi cara. Así estuvieron durante varios minutos…eso parecía no tener fin y yo no quería que termine. Le comenté a mi marido que había tenido una excelente idea y que ese era el mejor regalo de cumpleaños que hubiera deseado. Lo que me apena, le dije, es que sus vergas no estuvieran paradas. Entonces el acercó su boca a mi oído y me susurró... tócaselas, mastúrbaselas y te darás el gusto de verlas como quieres. Ese comentario me encendió, pero no me atreví a hacerlo. Entonces él les hizo una seña a los muchachos y ambos se acercaron a mí, levantando sus miembros hacia mí para que se los tocara. Ante la insistencia de mi marido que ya tenía sus dedos en mi cuca, y la calentura que llevaba, se las agarré y empecé a manosearlas lentamente, una con cada mano. Ese momento, el baile había terminado.
El resultado no se hizo esperar, al poco tiempo ambos estaban con sus herramientas al máximo. Las veía hermosas, grandes, gruesas, llenas de venas, y estaba excitadísima pues mi marido me estaba masturbando a mí, y él también se había sacado su verga. Era un espectáculo impresionante. Fue entonces cuando mi marido me volvió a susurrar al oído diciéndome, “cómetelas”. Yo reaccioné, quité su mano de mi concha y le dije que no haría eso. Ellos volvieron a bailar para mí, esta vez con sus vergas tiesas y las acercaban a mi cara de tiempo en tiempo. Yo estaba calentísima y solo quería que todo terminara para poder follar con mi marido toda la noche. Pero él volvió a insistir. “Quiero verte chupando esas vergas” me dijo en un tono que si bien no era autoritario era muy estimulante. Yo pensé que si no lo hacía, tal vez se me jodería la noche y bueno pensé, si él insiste y ahí están listas para mí, ¿por qué no probar el sabor de otras vergas?.
Entonces agarré la verga de Jorge, le di unos besitos en la punta, la lamí un poco y después de titubear un poco y volver a ver a mi marido, me la metí en la boca, mientras con la otra mano agarraba la de Gabriel o la de mi marido alternativamente. Mientras esto sucedía sentía cuatro o más manos recorriéndome el cuerpo. Yo seguía vestida, la falda levantada y la tanga mojada, los pezones erectos y de repente me sentí con las tetas al aire, pues alguien me había abierto la blusa y sacado el brasiere. Después le tocó el turno a Gabriel, su verga era un poco más gruesa, pero menos larga que la de Jorge, y se acomodó en mi boca a la perfección. No recuerdo cuanto tiempo estuve mamando las vergas, alternando una y después la otra, pero estaba cachondísima y solo quería que eso termine para poder follar.
En un momento me encontré tirada sobre la alfombra boca arriba, con la verga de Jorge en la boca, la falda levantaba hasta mi cintura, sin nada arriba, la lengua de mi marido recorriendo mi concha, mientras Gabriel me besaba las tetas. Una auténtica puta. En ese momento tuve un orgasmo espectacular. Me dio tanta vergüenza que me levanté y corrí al baño y no quise salir más de él hasta que los muchachos se hubieran ido, lo que efectivamente sucedió.
Cuando fui a la recamara, mi marido ya estaba allí, esperándome con su mástil parado, pero yo estaba avergonzada. Él me tranquilizó y me dijo que no echara a perder el festejo, que todo había estado bien, que mi comportamiento había sido lo que él siempre había deseado ver, por lo que jamás tendría nada que reprocharme.
Demás está decir que esa noche follamos como desposeídos hasta ver las luces del amanecer. No se ha repetido la pequeña orgía, pero mi marido me anda diciendo que tiene otra sorpresa para mí, en mi próximo cumpleaños.
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Es difícil comenzar a hablar sobre la primera vez y más cuando eres hombre. Pero si esta es inolvidable y placentera ya es más que un cuento es una vivencia para toda la vida. Estar internado en una escuela para muchachos talentos es algo difícil y aquí es donde comienza mi relato. En estas becas las relaciones sexuales eran premiadas con la expulsión lo cual le daba un matiz más candente a las relaciones.
Trascurría el mes de octubre y ya comenzado el segundo curso en la escuela me toca la primera guardia que se hacia para preservar que nadie robe. Mi grupo siempre fue muy liberal en cuanto a las parejas y como solo éramos 8 varones ya habían pasado por cada uno hasta 4 chicas. En realidad por mi solo pasaron 3 y de todas la que más me gusto fue Liz era achinada con la piel blanca, el pelo muy negro unos senos muy lindos y a pesar de no tener muy buen trasero en completo lucia bien debido a su rostro que era muy guapo, yo mido 168 cm. tengo el pelo muy bonito me mantengo en forma y a decir de las muchachas soy muy guapo.
Cayendo en el tema de la guardia esa la primera del segundo curso seria para mi inolvidable, seria mi estreno y comienzo como un hombre. Liz por ese tiempo tenía un novio y yo ya no pensaba en ella pero su novio no pudo quedarse para la guardia lo que yo aproveché para utilizar. A eso de las 5 p.m. ella pasa por mi albergue y me pide que la acompañe al hospital que siente mal, algo que tome como síntoma para comenzar pues el hospital esta apartado de la escuela. En el camino al hospital me dice:
- Mi novio no se quedo.
- Y eso que no se quedo.
- Tenia que irse.
Yo tome la iniciativa y sin preámbulos la pegue a la pared y la bese en la boca ella me contesto el beso.
- Por que hiciste eso.
- No sé tu no lo querías.
- No te pasaste.
No hable con ella en todo el trayecto allí pensé que se me había pasado y que toda la idea de la guardia se venia abajo.
Mas tarde a las 8 p.m. me voy a bañar al albergue de las chicas y cuando entro no hay nadie paso por los cubículos y todo esta vació aprovecho para bañarme, pero cuando voy a los baños siento una ducha y era Liz que estaba fuera de las duchas aprovechando la soledad para disfrutarse completamente. Yo no la advertí de mi presencia y disfrute de su cuerpo con un coñito depilado y con un par de tetas de salto me tenia el pene a todo meter en la toalla (solo tenia la toalla). Solo reaccione a ir a las duchas pero para mi asombro ella me dijo que solo funcionaba esa en la que estaba así que tenia que bañarme con ella (toda esta conversación fue en pelotas y era muy difícil dejar escapar mi erección) cuando voy a entrar en la ducha ella se me pone en el medio.
- Para entrar hay que pagar un precio y es que hay que hacerme todo lo que yo pida.
En ese momento yo creí caerme al piso.
- Y bien.
- Acepto que quieres.
- Quiero que me beses como lo hiciste antes por todo el cuerpo.
Al decir esas palabras me metió en la ducha y me beso al hacer esto bajo hasta mi pene que parecía explotarse (mide 20 cm. pero es muy grueso) me besa el pene y comienza a masturbarlo cuando termino me beso la cabeza del pene como un chupa-chupa y no termino hasta que le llene la boca de semen el cual se trago luego se paro y yo tome la iniciativa, le tome los pezones y los tocaba mientras le tocaba el clítoris comencé a besarle los pezones para luego lograr su primer orgasmo, luego baje hacia su ombligo algo que me gustaba mucho porque tiene unos bellos muy bien cuidados que me encantan allí me detuve y disfrute besándole y haciéndole masaje con la boca mientras penetraba con mis dedos su vagina que ya estaba mas que mojada.
Ya mi pene cobra potencia y le digo que se prepare y me dice que es virgen yo ya sabia que ella era de himen elástico y eso me ponía a mil pero no creía que era virgen, yo le confesé que yo también lo era y así los dos nos desvirginariamos, a lo cual ella respondió con un beso en el cual nuestras lenguas jugaron.
Bajo el agua de la ducha, la pegue a la pared y le puse mi pene en su entrada de la vagina cuando comencé a penetrarla me dijo que le dolía a lo que le dije que aguantara que luego le gustaría algo que unido a mi inexperiencia fue doloroso pero placentero cambiamos de posición hasta ponerse de frente y la penetre con todas mis fuerzas y le mordía los pezones ella saltaba sobre mí como cabalgando tuvimos un orgasmo espléndido, el orgasmo con olor a virginidad. Luego nos secamos juntos y vestimos para así dormir en un cubicuelo inhabitado.
Ahora curso el tercer curso y ya he estado mas veces con ella y con otras muchachas pues mi vida sexual después de esto ha sido mas movida pero nunca olvidare ese baño que ha sido el mejor que he tomado en toda mi vida.
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Resulta que hace como un año yo llegue de Europa y un día con una tía decidí ir a un restaurante-bar con ella, yo no lo conocía pero me parecía un sitio súper agradable por que siempre que pasaba por allá se veía como bueno. El caso es que cuando llegamos estaba un tipo de 1.75 cm. de estatura mas o menos, unos 70 Kg. Era muy guapo, tenia puesto un jean y una chaqueta de jean y debajo una camiseta blanca que resaltaba ya que su piel era bronceada. Ese día quede enamorada de ese tipo, pero no sabia quien era, yo me imaginaba que era algún cliente de allá.
Pasaron los días y yo volví antes de irme otra vez para Europa, y allá lo volví a ver.
Después de un año, yo volví y quería ir a ese sitio, sentía como las ganas de ir, entonces le dije a una prima que si íbamos y ella ahí mismo acepto encantada. Cuando estuvimos allá ahí mismo uno de los camareros me saludó como si me conociera, yo le pregunte que si era que me conocía y me dijo que se acordaba de mí, en fin… todo salió súper bien hasta que llego él. El se llama Julián y tiene 46 años, era un tipo que me agradaba muchísimo solo su físico porque no conocía nada más de él, ni siquiera su voz, hasta que le dijo al camarero que si no presentaba a las amiguitas, en ese momento le escuche hablar y fue como si lo conociera hace mucho, las cosas quedaron así y yo volvía cada vez mas seguido.
Un día el camarero me llamo y me pidió el teléfono para dárselo a Julián y yo ahí mismo se lo di.
Al día siguiente me llamó Julián y me dijo que si quería salir a comer algo por ahí. Yo encantada acepte, no lo dude.
Ese mismo día fuimos a comer a uno de los mejores restaurantes de la cuidad, todo muy bonito, tomamos cóctel y me pregunto que si quería ir a otro sitio o me llevaba a mi casa, yo le dije que todavía no quería irme a mi casa, que nos quedaba mucho por hacer, él me dijo que si íbamos donde el quisiera y yo le dije que si, que no me importaba. Del restaurante salimos derecho a una autopista y no tardamos en llegar al sitio donde el tenia planeado llevarme, llegamos a un motel con nombre chino, era precioso, todo muy bonito. Entramos y nos sentamos en un sofá muy cómodo y empezamos a charlar hasta que terminamos en la cama, él me preguntaba que si estaba segura de lo que iba a hacer, yo le respondí con un si, que no fuera a parar.
Empezó por quitarme la blusa y quedé en brasier y en pantalón, ya los zapatos me los había quitado en el sofá, yo estaba debajo de él… él se sentó encima de mí y empezó a besarme por todas partes, yo cada vez me sentía más caliente, no sabia que hacer, hasta que le quite la camisa y quedamos a pares, de un momento a otro el me sentó y me desabrochó el brasier y me volvió a acostar, cuando de repente empezó a besarme por todo el cuello hasta ir bajando, cuando llego al ombligo me bajo el pantalón y vio que tenia una tanguita, me quede así y tomé el control lo acosté y me subí encima de él, y le empecé a bajar el pantalón, quedo en bóxer, ahí ya volvió el a tomar el mando y yo quede otra vez debajo, estaba nerviosa pero con ganas de que me hiciera algo.
Ahí me quito la tanguita y empezó a acariciarme y a besar mi sexo, me sentía genial, era algo inexplicable, yo sentía que no podía estar mucho tiempo así, entonces el se quito el bóxer y empezó a coger su miembro y rozarlo por toda mi piel, quería sentirlo adentro yaaaa!!! El me lamía todo mi sexo y yo el suyo, no me cabía en la boca, entonces después de un rato me dijo: “Creo que es hora de que llegue lo mejor”. Yo le respondí con un si, cuando lo iba a meter le dije que tenia un secreto… me pregunto que cual era y yo le dije que era virgen y el se alegro mucho, entonces empezó por introducir su miembro suavemente pero eso duele mucho! Grité!!!.
Poco a poco el dolor pasaba y cada vez quería que me lo metiera mas adentro, sentía como si lo hubiera hecho muchas veces. Empezó a metérmelo cada vez más fuerte. Me sentía realizada, después de terminar nos quedamos dormidos y nos fuimos.
Yo me fui para la casa de mi tía porque supuestamente estaba allá, me acosté y dormí un poco pero no dejaba de pensar en lo que había sucedido, al día siguiente la escena se repitió, no aguantaba más!. Pero me dijo que él quería que estuviéramos con alguien mas y yo acepte sin problema alguno, él llevo a una mujer, era excitante ver como se la metía a ella y como ella me lamía a mí y viceversa, eso es lo bueno de una mujer que sabe que es lo que uno quiere, me hacia sentir que iba a reventar. Paso un rato y la mujer esa se fue, pero yo seguí haciéndolo con Julián en el baño, estar mojados es muy rico, nos acariciábamos y terminamos rápido, en fin.
Así pasaron las cosas durante 4 meses, después decidí terminar con esa relación que no me conducía a nada, solo al placer y yo no buscaba solo eso.
Pasaron 2 meses y lo volví a ver, al vernos sentimos la necesidad de estar juntos otra vez, sin casi hablar nos fuimos de aquel lugar para el mismo lugar en el que me hizo mujer.
Este es el momento que yo no me he olvidado de el, pero por lo menos sé que con él en cuestión de sexo estoy completamente satisfecha.
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Mi nombre es Alberto, tengo 42 años y quiero contarles un relato sucedido hace solo seis meses y que ha cambiado mi vida. Estaba pasando una mala racha económica, leyendo el periódico local en busca de esa oportunidad de trabajo inexistente, repare por azar en la sección de contactos en un anuncio que decía algo así como "Abuela, necesito una urgente relación, pago bien, tfno...". En un principio lo pase por alto, tenía necesidad de dinero, pero follar con una anciana no me seducía nada. Luego, pensé: "Que pierdo con llamar, siempre se puede salir corriendo".
Llamé, me atendió una voz cálida que dijo ser la interesada, no me dijo nada por teléfono, requería una entrevista, allí hablaríamos de dinero y de los detalles. Me citó en su domicilio, la casa estaba en el centro de la población, en la zona de los ricos, había pasado por allí muchas veces y me había fijado en el portero del inmueble. "Vivir aquí debe costar lo suyo" había pensado. El portero tenía encargo de dejarme pasar, el interior del portal era impresionante, me había vestido con mi mejor traje y gracias a eso pase desapercibido. La casa tenía pocos vecinos y los apartamentos eran al parecer duplex. Llame y me abrió una señora de edad indetectable y de una gran belleza, melena rubia bien cuidada, piel morena, no había arrugas a la vista, una blusa semitransparente, seguramente para la ocasión, dejaba ver un sujetador negro y rojo que apretaban unas poderosas tetas, la falda corta asomaba unas piernas de mujer madura que nada tenían que envidiar.
"¿Albero, verdad?, Soy Raquel, la abuela del anuncio, con quien habló por teléfono". "No entiendo", dije. "No parece Ud. muy mayor", sonrió "Tengo 72 años, aunque gracias al gimnasio y al bisturí, aparento muchos menos como Ud. ve y además dada mi posición no puedo andar por ahí buscando pollas que llevarme a la boca". Me dejó clavado. "Mire Alberto, se trata de lo siguiente, solo pido un buen polvo con una peculiaridad, ha de ser en presencia de mi marido, que tiene la edad que yo, pero está peor conservado, además una vez que me folle, doy por sentado que mi marido se excitará y estará en disposición de follarme, si no es así tendría que ayudarme a que pudiera hacérmelo".
No podía creer lo que estaba oyendo, "pero, que diablos" pensé. "Y el precio" pregunté. "La tarifa, por el primer polvo 600 euros, si mi marido me folla, 600 más". No lo pensé más, la mujer estaba apetecible y por mal que fueran las cosas..."¿Cuando quiere que...?" No me dejo continuar, "¿Le parece bien ahora?". Me llevó de la mano hacia el dormitorio en el piso superior, era más grande que mi casa, al fondo, junto a la cama un hombre mayor leía distraído, nos ignoró, vestía una bata y estaba inmerso en su lectura. Raquel se me acercó y comenzó a desnudarme, asintiendo a medida que descubría mi cuerpo, dejó caer mis pantalones y tiro de mis calzoncillos, "Vale, creo que servirá" dijo mirándome la polla que luchaba por levantarse en medio del pudor que me suponía el evento.
Se abrió la blusa, se soltó el sujetador, tenía dos tetas de impresión, la cicatriz de debajo que luego descubrí me hizo comprender que no eran naturales. Dejo caer la corta falda y dejo al aire un pubis totalmente depilado, no tenia barriga, las tetas no colgaban, no había arrugas, parecía una mujer de cuarenta años. Se acerco, pegó sus tetas a mi cuerpo y directamente me metió la lengua en la boca al tiempo que dirigía su mano a mis testículos y los levantaba como cociéndolos a peso. Se dejo caer en la cama y empujo mi cabeza hacia su inmaculado coño. Olía divinamente, Metí mi lengua entre sus labios vaginales y subí en busca del clítoris, era muy grande, el más grande que me había comido. Raquel estaba necesitada de hombre, comenzó a gemir casi de inmediato al tiempo que la piel de sus nalgas se volvía de gallina y todo su cuerpo se estremecía. "Alberto, amor, follame, por favor."
No esperé, me desplacé sobre su cuerpo y coloque mi polla en su vagina, nos dimos la vuelta, ella me cabalgaba, saltando sobre mi polla con la ligereza de una niña de veinte años, profiriendo todo un repertorio de obscenidades, al tiempo que se corría, joder con la abuela, la di la vuelta y tras media docena de mete sacas me corrí centro de ella.
Ladeo la cabeza "Antonio, ¿puedes venir?". El anciano se levantó dejó caer la bata y comprobé su pene flácido, No tenia buena pinta, yo me acababa de correr, la tenia dentro y aun la notaba dura, pero mi compañero de aventuras... Antonio subió a la cama, fui a sacarla y Raquel me dijo, "espera, déjala dentro y por favor masajea un poco a Antonio mientras yo se la chupo". ¡Caramba! era eso, "Bueno, Alberto a ganarte el pan". Haciendo equilibrio, comencé a realizar una paja a mi compañero de fatigas mientras su mujer le mamaba la punta. Fue un trabajo duro, a base de moverme, me volví a correr dentro de Raquel, pero con premio, Antonio se empalmó, con mucho cuidado le ayude a meterla en el coño encharcado de su mujer y a base de masajearles los testículos e introducirle un dedo en el ano, siguiendo las instrucciones de su espesa, conseguimos que se corriera.
Me estaba duchando cuando Raquel se coló en la ducha, te has ganado un regalo especial y dicho esto se sentó en un banquillo especial que había al fondo y me dio una entre mamada y cubana que me dejó para el desguace.
Cene con ellos, Antonio me pregunto a que me dedicaba, estoy en paro, soy ingeniero, pero ahora no tengo trabajo, se intereso por mi especialidad y me ofreció trabajo en una de sus empresas. No lo pensé, acepte de inmediato, el empleo incluía, lo supe después, el follarme a su mujer una vez a la semana, previa cita, que nos viniera bien a los dos y dejarle participar a él en alguna de ellas. La realidad es que Raquel ha salido una viciosa de espanto y me folla a veces cuatro veces a la semana, me deja seco, pero eso si me ha regalado un apartamento en su mismo edificio y ella no lo sabe aun, me va a regalar un BMW 530i que ya tengo reservado. Y es que no la cobro ya los servicios.
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Es un martes cualquiera del mes…transcurre sin mayores incidencias un día normal más de trabajo en mi clínica dental ubicada en una colonia popular de Tegucigalpa, Honduras. Por un instante me cruza la mente un pensamiento involuntario: que últimamente mi vida no ha tenido mucha excitación, mucha aventura, nada digno de ser recordado como sensual o erótico, o al menos como más o menos interesante. Sólo rutina...
En fin, ya son casi las seis de la tarde y las primeras sombras del anochecer cálido caen sobre la ciudad mientras empiezan a apagarse los ruidos de la calle y se dispersan los gritos de los alumnos del colegio frente a mi casa. Por suerte para mi economía personal, durante el día tuve muchos pacientes, algunos de ellos nuevos que vinieron por un presupuesto. Me resta atender sólo a uno más que ya vino anteriormente una sola vez para una corta consulta diagnóstica y del cual no recuerdo demasiado.
El paciente que esperaba, finalmente llega y llama al portón enrejado de mi casa, salgo a recibirlo, veo que no ha venido solo, lo acompaña un amigo al que no conozco. No es una situación anormal; muchas veces mis pacientes vienen acompañados, y algunas veces el acompañante también termina convirtiéndose en mi paciente con el correr del tiempo. Ambos me saludan sobria y educadamente, y mi paciente se disculpa en forma cortés por un ligero retraso en el cumplimiento del horario. Como siempre, la culpa es del tráfico. Entran al parqueo de mi casa, esquivan dificultosamente el carro aparcado, ingresan por la puerta de mi pequeña clínica, invito a mi paciente a sentarse en el sillón dental y él, tras quitarse la chaqueta, se sienta.
Su amigo, en cambio, se acomoda en una silla de mi recepción, con la puerta abierta de mi clínica permitiéndole observar todo lo que ocurrirá allí dentro. también esto es más o menos usual.
Mi paciente está más silencioso que lo poco que recuerdo de él la primera vez que vino. Su amigo tampoco habla. A pesar de las muchas revistas en la mesita de la recepción, sólo mira atentamente hacia la clínica, hacia su amigo y hacia mí. Intercambio entonces con ambos unas pocas palabras formales para "romper el hielo" de la consulta. No me responde ninguno de ellos muy animadamente, siguen amparados en su mutismo y en su seriedad. Empiezo a pensar que son tímidos o introvertidos, que son la clase de personas que consideran desagradable cualquier visita a un dentista y que solamente desean que la revisión o el tratamiento finalicen en forma rápida para marcharse sin tener que “parecer agradables” por medio de alguna buena plática.
Empiezo entonces con el repetido ritual de revisar la boca de mi paciente. Para ello, como es habitual, me siento en una silla giratoria al costado del sillón dental, inclino mi cuerpo sobre él, e inevitablemente -ésto siempre ocurre- mis senos, hoy más evidentes que otras veces debido a que llevo desabrochada la gabacha dejando exhibir mi ajustadísima camisetita blanca sin brassiere, se acercan de manera peligrosa demasiado cerca del apoyabrazos del sillón donde descansa la mano inmóvil del paciente, que no la retira, dejándola allí como esperando algún contacto fortuito con mi seno.
Sé que en algún momento de éste repetido ritual clínico, todos mis pacientes pueden llegar a oler inconfundiblemente mi perfume, a sentir mi respiración silenciosa y hasta a escuchar débilmente el pulso nervioso de mi corazón por estar muy cerca de ellos, casi encima de ellos, al revisarlos. También sé que cuando -como hoy- llevo puesta una camisetita muy escotada, también inevitablemente mis pacientes recorren con su mirada el surco sensual y provocativo de mis senos a la altura de sus ojos. Y también sospecho que, casi siempre, todos ellos deben sentir el involuntario surgimiento de alguna nerviosa excitación erótica debido a mi inevitable cercanía en la intimidad y el silencio de ésta clínica.
En el caso de éste paciente, de repente advierto con algo de sorpresa que él me está mirando sin expresión muy insistente y atentamente. Pero también me sorprende descubrir que no me mira las manos, o mi ropa, o el instrumental. Tampoco me mira a los ojos. Mira sin ningún disimulo ni recato todo mi cuerpo, subiendo y bajando su vista y recorriéndome descaradamente. Me observa fijamente todo el contorno de mí muy bronceada piel expuesta, mira frontalmente mis senos que empujan claramente la fina tela de mi ajustada camisetita que asoma por entre los botones abiertos de mi gabacha de algodón, me observa las notorias turgencias de mis pezones apenas disimulados en la estrechez de la camiseta sin brassiere, me mira también sin disimulo la sombra de mí apenas separada entrepierna suave y bronceada asomando de mi corta y ajustada faldita, mira mis caderas aprisionadas demarcando la tela blanca y semitransparente de la falda... y sigue mirándome.
Me pongo de pie abruptamente algo nerviosa y con la extraña sensación de estar totalmente desnuda por su mirada inquisitiva, insistente e inexpresiva, y lo hago para buscar otros instrumentos lejos del sillón. Le doy la espalda durante unos pocos segundos mientras intento recuperar la calma ante lo manifiestamente sorprendente de la situación. Doy vuelta mi cabeza y miro fugazmente al amigo de mi paciente con la esperanza de que él estuviera leyendo alguna revista y que yo pudiera volver a iniciar con él alguna conversación intrascendente que aflojara la tensión emocional de ese momento. Pero advierto que también él me está observando con detenimiento en silencio desde la muy cercana recepción. También él me recorre impúdicamente con su mirada mi cuerpo de pié a escasos metros de él. Y tampoco deja de mirarme a pesar de que le sostengo la mirada durante unos segundos como para que se dé cuenta de mi molestia. Pero sigue viéndome descaradamente...
Vuelvo entonces, más inquieta y turbada aún que antes, a concentrarme nerviosamente en mi instrumental dándole por un corto instante la espalda a ambos hasta lograr recuperar la calma. Es entonces cuando el paciente, que hasta ese instante se había comportado en forma más o menos normal más allá de su mirada penetrante, se incorpora rápida y violentamente de un salto del sillón dental, se abalanza súbitamente sobre mí -que estaba de espaldas a él- sin decir palabra, me rodea fuertemente con ambos brazos inmovilizándome desde atrás, me cubre la boca y me sujeta fuertemente contra él con una de sus manos para evitar que yo grite y comienza con la otra mano libre desvergonzadamente a toquetear, a sobar y a manosear todo mi cuerpo comprimido contra el suyo, invadiéndome eróticamente con su mano sudorosa la tersa piel de mi cuello, mis hombros desnudos, mi pecho, mis senos demasiado palpables, libres y evidentes bajo la camiseta sin sujetador, mis caderas, mis nalgas, mis muslos demasiado visibles para ésta faldita hoy lamentablemente tan corta..... mientras yo siento de repente que no puedo moverme, que me abandonan las fuerzas y se congela toda voluntad y toda resistencia paralizada por la sorpresa y el miedo.
Logro ver esforzadamente la imagen del amigo de mi paciente, que prosigue sentado mirándome pero ahora se le asoma una sonrisa cruel y despiadada en el rostro. Saca de su mochila una cámara fotográfica y comienza a prepararla sin dejar de mirarme ahora en clara actitud morbosa y de oscura complicidad con lo que me está haciendo mi paciente. Mientras mi paciente me retiene con fuerza salvaje, el amigo deja la cámara sobre la silla de la recepción de mi clínica y se incorpora sin apuro, camina lentamente hacia nosotros, y también él frente a mí extiende ambas manos y me toquetea invasivamente todo el cuerpo con fruición y deleite, exhibiendo su torva mirada, primero muy lentamente y luego con desesperada dedicación. Me recorre y aprieta con total impunidad y libertad mis senos y mis caderas, mete sus dos manos violentamente bajo mi falda e invade inescrupulosamente mis muslos y mi intimidad más oculta con sus toqueteos mientras sigo inmovilizada.
Simultáneamente, casi al mismo tiempo de que el intenso manoseo a que tanto mi paciente como su amigo frente a mí sometieron todo mi cuerpo, mi paciente completa su propia excitación perceptible como un bulto duro, casi una inmensa piedra genital a la altura de mis nalgas, y sin dejar pasar ni diez segundos de tiempo, comienza a desgarrarme brutalmente la ajustada camisetita blanca -ayudado por la urgencia salvaje que muestra su amigo- dejando totalmente expuestos mis firmes senos desnudos a los que ambos aprietan y retuercen sin misericordia provocándome un intenso dolor; casi inmediatamente, mientras su amigo me retiene mis brazos, mi paciente mete torpemente desde atrás mío su mano libre entre mis piernas apretadas por debajo de mi minifalda, llega esforzadamente con sus dedos hasta mi entrepierna y entre ambos me arrancan hacia abajo la minúscula tanguita deslizándola brutalmente por mis piernas para luego explorar y hundir sus dedos por la delicada piel de los pliegues suavemente perfumados de mi vulva apenas rodeada de vello sedoso, hasta hacerme emitir un casi mudo grito de dolor mezclado con sorpresa y algo de placer que me sorprende a mí misma.
A partir de éste momento de total invasión de mi desnudez forzada, los dejo hacer sin oponer ya mayor resistencia.
El paciente, enardecido, casi fuera de sí, con su respiración jadeante y entrecortada, y sumamente excitado, me arroja sobre el sillón dental sin preocuparse más por cubrirme la boca durante un breve lapso porque su amigo se abalanza sobre mí desde la cabecera del sillón para volver a cubrirme la boca con una de sus manos, mientras con la otra me toma muy fuertemente de mis brazos y me los levanta hacia atrás y hacia arriba como si me colgara, y mientras mi paciente levanta bruscamente y sin cortesía mi corta faldita desgarrada exhibiendo ante él mi sexo desprotegido, me abre mis piernas ya flexionadas mientras se baja su pantalón y se acuesta pesadamente sobre mí; mientras sin descanso toca, manosea y aprieta torpemente mis senos que ya exhiben una notoria y vergonzante erección de los endurecidos pezones…Ya no me rebelo, no puedo, creo que no quiero, me siento flotando en una nube espesa y placentera, totalmente mareada, lo dejo hacer mientras un manto de extraño e inesperado disfrute sensual mezclado con miedo y erotismo me invade toda la piel del cuerpo.
Logro ver como en un territorio neblinoso y sordo la figura cercana del amigo de mi paciente que, sin dejar de cubrir mi boca con una de sus manos, se acerca por el costado del sillón dental donde yo permanezco inmóvil y en casi total desnudez ante ellos. También él pasa su otra mano por mis senos, los toca, los soba, los aprieta, los retuerce con fuerza, inclina su cabeza sobre mi pecho y me mordisquea salvajemente los pezones, se incorpora, recoge la cámara y comienza a tomar fotos de la escena.
El paciente entonces, acostado sobre mi cuerpo inmovilizado me besa torpemente los labios, me los muerde, pasa su lengua por mis senos y muerde también mis pezones sin ninguna suavidad, toca repetidamente y manosea en un ir y venir de su mano mis muslos y mi entrepierna desnuda ya casi irritada, luego toma con una mano su propio miembro ya totalmente rígido, y sin más preámbulos ni preparativos empuja violentamente con sus caderas sobre mí, y me lo introduce brutalmente en mi vagina apenas humedecida resoplando audiblemente con su boca entreabierta sobre mi cuello y mis oídos mientras escucho como en un sueño lejano las risotadas de su amigo y creo percibir los destellos fugaces del flash de la cámara fotográfica apuntándome
<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a>
Soy una niña mala. Aproveché una noche que Javi dormía y me le follé sin su consentimiento... Esa noche estaban mis padres en casa y mi novio dormía en la habitación de invitados. En mi casa son muy tradicionales, así que no podemos dormir juntos, aunque llevemos varios años como pareja. Mi madre, una católica empedernida, dice que en su casa no actuaremos como una pareja hasta que no haya papeles de matrimonio entre medias.
Así que me puse el pijama, me lavé los dientes, me despedí de mi novio, dejándole en la otra habitación y me fui a dormir. Estuve leyendo un poco y perdiendo el tiempo otro poco, hasta que dieron las 2 de la madrugada. Salí al pasillo completamente desnuda (si me ve mi madre, me mata). Fuí hasta el final del pasillo, donde se encuentra la habitación de mi novio. Él no sabía nada de que yo iba a ir, otras veces sí me espera despierto, pero no esta vez.
Entré intentando hacer el menor ruido posible y oí que su respiración era suave y relajada: estaba dormido. Pensé en despertarle llamándole por su nombre. Sin embargo, se me ocurrió otra idea. Tanteé el terreno metiéndome en la cama con él. Apenas se movió, al rato volvió a respirar de la misma manera, incluso creo que roncó un poco. Bien, yo estaba resultando ser una diva del subterfugio. Le toqué para ver qué llevaba puesto y observé que tan sólo llevaba los calzoncillos y una camiseta interior de algodón. Estupendo. Como es un poco sonámbulo probé suerte a hablarle, porque a veces es más fácil ayudarte con su otro yo que intentar hacer nada por tu cuenta.
- ¿Cariño? - no contestó.
Parece que hoy no iba a tener suerte.
- ¿Javi? - volví a intentarlo.
- Dime - me contestó con esa voz entrecortada y suave, propia de cuando está profundamente dormido.
- Pues que he venido a tumbarme aquí a tu lado, ¿te importa? - Sonrió en penumbra y me negó con la cabeza.
- Te quiero mucho, duérmete conmigo - me dijo abrazándose a mí.
- Sí, ahora me duermo contigo, pero primero quiero que te desnudes, que así estaremos más calentitos.
Se quedó pensando un rato. Cuando está en esa situación tarda un poco más en reaccionar.
- Vale, pero me tienes que ayudar - me dijo.
Entonces él dispuso su cuerpo para que a mí me fuera más fácil desnudarle. Primero se levantó un poco y me dejó quitarle la camiseta, y luego subió un poquito el trasero para que le pudiera sacar los calzoncillos. La primera parte del trabajo ya estaba hecha, ahora sólo tenía que hacer que volviera a caer en el sueño más profundo y dejase de hablar.
- Vamos a dormir - le dije y le abracé.
Me abrazó, ya sin decir una palabra y ahí se quedó, completamente inmóvil y dormido como estaba. Dejé pasar un tiempo prudencial, como unos 5 minutos, aunque no tenía forma de averiguar cuánto tiempo real fue. Entonces me desembaracé de sus brazos y aparté las sábanas. Ya le tenía desnudo y dormido, justo como yo quería. Empecé a besarle el cuello y fui bajando por su peludo y atlético pecho. Al llegar a la zona del abdómen, pude ver cómo le empezaba a crecer el miembro viril. A saber qué estaría soñando ahora...
Le besé mucho en el nacimiento del vello y seguí bajando. Me topé con su erecto pene que ya estaba en su máximo esplendor. Lo miré detenidamente y lo agarré. Acto seguido miré a Javi, por si se había despertado. Seguía dormido, pero sé que me estaba empezando a introducir en sus sueños. Su respiración había cambiado un poco y comenzaba a sonar como si estuviera excitado. Para mi propósito era una buena señal. Se la agarré con la mano derecha y empecé a moverla arriba y abajo, de una forma muy suave, como si fuera de porcelana. La piel de su glande se deslizaba con el ritmo de mis manos. Noté una pequeña gota preseminal: se estaba empezando a mojar. Volví a mirarle; seguía con los ojos cerrados, con el semblante tranquilo, pero noté cómo su corazón empezaba a galopar dentro de su pecho. Cambié ahora a la mano izquierda, y con la derecha le agarré los huevos de una forma también suave. Seguí masturbándole, incrementando el ritmo. Se retorció un poco en la cama, signo de que le estaba gustando.
- Más - dijo con un hilillo de voz.
Yo me asusté y paré, pensando que se habría despertado. En ese momento volvió a exalar el aire de forma tranquila. Yo no me explicaba cómo seguía dormido, pero en vistas de que no le despertaba, seguí moviendo mis manos sobre su pene. Aumenté bastante el ritmo y él movió la cabeza en señal de que le gustaba mucho. Cuando sabía que ya estaba muy pero que muy caliente y cerca del orgasmo, me metí su polla en mi boca. Yo tenía la lengua húmeda y la boca calentita. Le lamí desde la base hasta la punta y me la metí en la boca, primero sólo la puntita. Después fui bajando y bajando hasta tocarme la campanilla. Hasta la misma garganta. Me la tragué entera. Me movía arriba y abajo, con la boca bien apretada para que le diera más placer, succionando en cada chupada. Yo estaba encima de él, puesta a cuatro patas, desnuda y chupándosela a mi novio dormido. Aquello me excitó muchísimo.
El hecho de estar en mi casa con mis padres y mi hermano me resultó incluso morboso. Se oían los ronquidos a través de la puerta y me imaginé que si mi madre se levantaba y nos veía así, sería todo un show. Es más, Javi era también ajeno a lo que estaba pasando, porque estaba soñando. Si nos sorprendiera mi madre, él también sería un sorprendido más. Uuuuf, me pareció verdaderamente excitante la situación y comencé a mojarme mucho.
Como tenía el culo en pompa me imaginé que el mismo Javi me la metía por detrás, por el coñito. Me encantaba esa postura. Así, mientras yo le chupaba con frenesí, me empecé a tocar el clítoris con una mano. Cogí la polla de mi novio con la otra y le chupé la punta mientras movía la mano y la boca rítmicamente, como si se tratara de un agujero por el que me estaba penetrando. Ya me daba igual si se despertaba, yo lo único que quería era hacerle gozar y gozar yo. Creo que inclusó le pasé un poco los dientes por el pene, como a él a veces le gustaba. Noté que empezaba a entrecortársele la respiración y succioné con más fuerza, mientras movía mi dedo índice sobre mi clítoris. Javi estaba a punto de correrse en mi boca, seguí lamiendo y chupándo, hasta la garganta para que sintiera mi boca mojada.
Me moví a una velocidad salvaje. Arriba, abajo, arriba, abajo. Entonces, noté que se revolvía y que un líquido tibio y espeso me invadía la garganta. En ese momento, tan caliente como yo me encontraba, me corrí también por acción de mis deditos expertos. Tragué todo su semen porque no sabía muy bien cómo deshacerme de él sin hacer mucho ruido. Le miré. Tenía una sonrisa en la cara, junto con una mueca de placer. Me acerqué más para verle y le noté completamente dormido aún.
Era increíble, había violado a mi novio dormido y no se había despertado. Se había corrido agusto dentro de mi boca y seguía placenteramente acostado.
Toqué otra vez su polla y aún estaba dura, aunque un poco menos que antes. Se me ocurrió volverla a masajear y reaccionó en seguida. Se puso dura. En menos de un minuto ya estaba dispuesta otra vez para que le volviese a violar. Como mi coño estaba húmedo por haberme corrido, me senté con las piernas abiertas sobre él y me metí su miembro despacio. Sentí un escalofrío recorrerme mientras su polla abría mis paredes vaginales y me llenaba con su pene. Calzábamos como un guante, tenía el tamaño justo para que mi vagina le envolviera y a mí me tocara justo hasta el fondo. Entraba entera, dura, gorda y maravillosa. Empecé a cabalgarle lentamente para que no sonara la cama (como ya dije era la habitación de invitados y la cama era bastante vieja). Me moví arriba y abajo, le cogí las manos y le hice que me tocara. Pareció reaccionar y comenzó a masajearme los pechos de una forma muy suave. Pensé que se había despertado.
Subí mi culo hacia arriba para casi sacar su polla de mí y luego bajaba todo mi cuerpo para absorberle hasta dentro. Resbalaba genial por dentro de mí, yo botaba mucho, pero suave. Era consciente de que me botaban las tetas de una manera preciosa, pero él seguía con los ojos cerrados. No sé si Javi se estaba haciendo aún el dormido o si de veras lo estaba. Seguí botando sobre su vientre y noté cómo él intentaba acompañar, un poco torpemente debido a su estado, con pequeños empujones. Uf, cuando me llegaba hasta el fondo es que me ponía cachondísima.
Ahí estaba yo, desnuda, violando a mi novio dormido, follándomelo como una niña mala, mientras toda mi familia estaba durmiendo. De verdad que me ponía caliente el silencio de la noche, lo morboso de la situación, la cara de Javi: mezcla entre placer y sueño. Todo era superexcitante. Y así, follándole encima suyo, mientrás su cuerpo descansaba boca arriba, sentí mi segundo orgasmo. Fue maravilloso.
Él aún estaba disfrutando de mí, cuando aceleré para que se corriera dentro de mí y me inundara. Boté, y la cama se quejó un poco, seguí cabalgándole. Le puse un pecho sobre su boca y lo chupó instintivamente. Me arrimé a él y espachurré mis tetas contra su torso mientras no dejaba de moverve. Así, mi bello durmiente tuvo su segundo orgasmo, esta vez dentro de mi vagina. Me puso perdida de semen.
Seguí moviéndome lentamente para que terminase de gozar cuando abrió los ojos. Se quedó perplejo, con cara de placer y de sorpresa. Me abrazó y me susurró al oído:
- Así que no era un sueño.
La mujer del corsé rojo se sube pausadamente los guantes negros de cuero hasta los codos. El corsé se adapta tan perfectamente a su anatomía, que le realza los pechos hasta casi dejar al descubierto sus pezones. Es consciente de que está enseñando sus firmes nalgas y eso le gusta. Unas botas altas, negras, también de cuero, ocultan parcialmente unas largas piernas que se adivinan atléticas. El tanga, también rojo, es tan mínimo que apenas alcanza a ocultar a mis ojos su sexo rasurado. Su oscuro cabello se desparrama como una cascada sobre sus níveos hombros desnudos hasta la mitad de su espalda... Es muy guapa. Me avergüenzo hasta de mirarla, porque yo me siento inferior. Por eso le sugerí esta idea. Tiene unos enormes ojos azules y apenas va maquillada.
La miro. Le pido con la mirada que no se demore más, que venga ya a mí... necesito que me haga suya... dejo escapar un débil gemido...
Ella se acerca despacio a la cama. Yo, feliz, me dejo llevar, inconsciente de lo que me espera. Es la primera vez que me atan a una cama. Antes ella sacó unos pañuelos de seda y con ellos me fue atando a cada extremo de la misma. Solo se puso los guantes porque se los había comprado hace años y no se los ponía nunca. Quería tener un recuerdo para esos guantes. Pero a mi no me gustan, yo prefiero su tacto... pero no le digo nada. No quiero hablar, quiero que ella actúe por su cuenta.
Se sitúa a los pies de la cama. Se arrodilla. No me mira. Se inclina sobre mis pies y, fugazmente, me lame el dedo gordo del pie derecho con la punta de su lengua -yo me estremezco de placer-, para luego cubrírmelos de besos a media que va ascendiendo por el pie hasta el tobillo, y de éste, sube por la pierna hasta la rodilla. Son besos leves, apenas me roza la piel con sus labios, pero yo, que ya la estoy viendo venir, comienzo a sentirme más húmeda. Al inclinarse alcanzo a ver la voluptuosidad de sus pechos, que luchan por salir de la cárcel de su corsé. Quiero adorar esos pechos. Ojalá me deje hacerlo... yo no puedo decir nada, no puedo pedírselo. Hicimos ese pacto.
Deseo que continúe, que me coma, pero ella, quizás intuyendo mis ansias, decide hacerse de rogar y apoya su cabeza en mi muslo mientras desliza la palma de su mano en guantada y extendida desde el interior de mi muslo hasta mi bajo vientre, sin rozarme ni un solo vello púbico. (A ella no le gustan los sexos depilados. A ella le gusta todo). Su mano izquierda descansa sobre la cama, a mi lado. Yo quiero que me la acerque a los labios, pero no hablo. No digo nada, la dejo hacer. Quiero que me disfrute con total libertad. Entonces descubre con satisfacción que mi sexo ya brilla por la desbordante humedad que emana de él. Sonríe y me despeina ligeramente el vello de esa zona mirándome pícara a los ojos... ¡Ah, Dios, cuánto anhelo su tacto!... me tiembla todo el cuerpo, cada vez que me toca me estremezco.
Se levanta y se dirige a la cómoda. Abre uno de los cajones y saca otro pañuelo de seda. El quinto pañuelo de seda. Me pongo a hacer pucheros, no quiero que me tape los ojos, No, por favor... ¡quiero, necesito verla, quiero devorarla con los ojos! ¡No me tapes los ojos!... pero mi grito es mudo, como no podría ser de otra manera. Ahora la oscuridad lo rodea todo. Cierro los ojos y me rindo a mi suerte, a ella.
Ahora siento su cara cerca de la mía, puedo sentir su respiración y la caricia dulce del inconfundible olor de su piel. Un dedo suave, forrado de cuero, me perfila los labios: primero el labio superior y luego el inferior. Yo lo intento besar, pero ella, juguetona, lo retira rápidamente, dejándome oír su risa suave. El olor del cuero mezclado con el de su piel me están volviendo loca. Vuelve a colocarme la mano en los labios y me pie que le quite el guante con los dientes. Así lo hago, dedo a dedo. Por fin lo consigo.
Un ligero murmullo y entonces siento que ella apoya la mano que acabo de desnudarle en mi sexo, suavemente, ¡tan suavemente que me desespera!. El clítoris se me hincha, anhelando su contacto. Ella ríe. Me lo acaricia una, dos, tres veces... yo levanto las caderas, como pidiendo más, pero ella parece que ha decidido que aún no. Se coloca sobre mí, a cuatro patas. Siento su largo pelo rozándome la piel. Comienza a besarme los pechos, de forma incontrolada, siento el roce de sus labios aquí y allá. Luego me las agarra de la base y las sujeta de tal forma que las une. Hunde su cara entre mis pechos. El calor de su respiración me estremece, siento cómo cada vez me estoy humedeciendo más y más. Me da varios lametones en ambos pezones. Aprieta más mis generosos pechos y se introduce los dos pezones a la vez en la boca. Me los chupa, los dos al mismo tiempo. Después le dedica su particular homenaje a cada uno de ellos, por igual. Yo estoy tan excitada que creo que me voy a volver loca.
Cuando acaba con mis tetas, las suelta y se alza un poco, lo suficiente como para besarme el cuello e ir bajando por la clavícula. Noto la abundancia de sus pechos sobre los míos. Ella vuelve a ascender y me besa en los labios, nuestras lenguas se entrelazan mientras su mano ve descendiendo lentamente hasta mi sexo, para quedarse allí acariciándome los labios, los de abajo. Ahora se aleja de mí y desciende sobre mis caderas, me abre los labios superiores y sopla levemente, como hacia dentro. Me recorre un escalofrío y me entra la risa. Ella también ríe. Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, ágil y profunda. Y aprieta su cara contra mi sexo. A mí me entra la absurda sensación de que mi sexo debe de ser una fuente, una especie de manguera, de la cantidad de flujos que noto por ahí abajo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, me imagino cuando mucho antes de esto hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con solo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.
Entonces ella me besa profundamente para que yo pueda saborear mi propia miel. Estoy agotada, pero al mismo tiempo tan excitada, que tengo que controlarme para no morderle los labios. Me está volviendo loca el no poder verla, el no poder tocarla.
Luego ella se sienta sobre mi cara, con todo su sexo abierto ante mí... y por culpa del maldito pañuelo que tengo atado a la nuca no puedo verla, disfrutar de la visión de sus pechos vistos desde abajo. Sus labios vaginales entran en contacto con los de mi boca. Los aplico dulcemente sobre ellos y comienzo a buscarle, a acariciarle su hinchado clítoris con mi lengua. Sus jugos comienzan a desbordarme, trato de tragármelo todo, pero me es imposible, es demasiado. Noto cómo se deslizan en frágiles gotas por entre mis comisuras. Las saboreo hasta la saciedad. Su olor me inunda, su sabor calma mi sed, sus gemidos son música celestial, sus manos me queman.
Finalmente ella se corre en mi boca. El espeso líquido se cuela por entre mis labios antes de que me de cuenta. Eso me desespera porque quiero más, pero ella se levanta, se acurruca a mi lado, abrazándome con las piernas, con los brazos, con todo. Siento su cálido sexo en mi cadera mientras que con una mano me acaricia el vientre y entonces, Morfeo entra por la puerta... y nos acoge a ambas entre sus brazos.
<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a>
No sé por donde empezar, solo sé que ha sido la mejor experiencia de mi corta vida, les diré que tengo 18 años y estudio en un centro preuniversitario ya casi un año, todo iba tranquilo no había nada especial hasta unas semanas cuando llego a mi centro de estudios una linda chica que digo linda ¡hermosa chica! llamada Viviana, la mujer como todo varón soñaría tener: de tez blanca, alta, quebradita, de buena delantera y un trasero de diosa bien paradito con una carita fina que llena de dulzura a todo aquel que la ve, en pocas palabras una modelo o mejor dicho una anfitriona que con 18 años igual que yo, pone caliente a cualquier hombre (al menos a mi si).
Cuando llego fue la atención de muchos (eso me puso celoso) pero yo tratando de sacar ventajas busque la forma de hablarle hasta que después de unos días de tanto contemplarle aproveche la oportunidad para conocerla, de verdad hay que tener mucha suerte para que sucedan cosas que solo podrían estar como un sueño o fantasía, como vivo un poco cerca de mi centro de estudios al salir de ahí me voy caminando con unos amigos para distraerme por el paso pero una sorpresa me di aquel día al ver que ella toma el mismo camino por donde yo me voy caminando solo que ella lo hace para tomar un bus que le lleva a su casa que queda en una zona de gente fashion (con razón que se diferencia bastante de las demás con ese fino y hermoso rostro), y es así que les deje a mis amigos y me acerque a ella, y al saludarla se me subió la temperatura ya que de un momento a otro sentía calor pues ella volteo y me sonrió; en ese momento eramos ella y yo, entonces me saludo y le pregunte su nombre a la vez que me presentaba, así escuche de sus labios decir Viviana y que tenia 18 años, me emocione al escuchar eso pero trate de disimularlo, y le converse mientras caminábamos sobre su llegada a la pre y me dijo que llego becada todo por que pertenece a la selección de Voley, en ese momento encontré un motivo mas por que como ella son pocas (por todas las características ya dadas) era por que practicaba voley, ya sin pensarlo dos veces no la perdería fácilmente ese día.
Mientras seguíamos caminando le dije si su casa quedaba cerca (por lo que veía que caminaba) y me dijo que no, lo hacia por que solo hay un bus que le deja por su casa, así me entere que vive por una zona fashion (mas me hizo comprender por que tiene una belleza inigualable) entonces solo le acompañe hasta el paradero donde tomaría el bus pero ya sabiendo esto, sabia que a partir del día siguiente saldríamos juntos y le acompañaría ya no al paradero sino hasta su casa, así sucedió. Desde entonces le acompañe a su casa hasta la puerta así durante un tiempo de tanto juntos se atrevió de contarme de que tenia su enamorado pero que hace unos días acabaron (de lo que no me sorprendí pues de echo tenia que tener pues no hay ciegos en el mundo) para lo que me lleno de felicidad por que se presento el momento aunque tuviera o no me daba casi igual, por que tenias unos deseos con ella tanto así que más creció eso por ella cuando todos los días cuando le acompañaba muchos le silbaban y me envidiaban por llevar a mi lado a una despampanante mujer.
Así que cuando menos lo imagine cierto día, un jueves para ser mas especifico decidió dejarme entrar en su casa, solo por que no estaban sus padres, ella me tenia tanta confianza que veía en mi el mejor amigo que podría tener. Dentro, conocí su cuarto y me invito algo de tomar bien helado y nos pusimos a conversar mientras que le observaba esos jeans apretado a la cadera con un polito que dejaba ver algo bien formadito hasta que entre broma y broma nos comenzamos a acariciar y le bese, no pude aguantarme todo lo que sentía desde hace tiempo desde que la vi y en su cuarto le comencé a desnudar quitándole el polito y el pantalón, vi que tenia puesto un bikini negro, y le pregunte si era virgen y me contesto que si, lo que me aloco y me excito mucho mas, me quite el pantalón, el calzoncillo y listo estaba ya no quería esperar mas deseaba tenerla entre mi, encima cabalgando, así que al verle por fin con su sostén y en bikini esas piernas con una piel suave y sus nalgas bien formadas me tire encima y le quite el sostén y le comencé a chupar y acariciar esos hermosos senos, los tenia bien du